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Motivos de Son: La génesis de un poeta
Aymara Cáceres Abreu , 23 de abril de 2007

La proverbial intuición poética para percibir la cercanía de un grande en el oficio del ritmo y la palabra hizo vaticinar al coloso de la poesía social en Cuba, Regino Pedroso, la inmediatez de un genio poético como el de Nicolás Guillén.

Motivos de Son, poemario que marca el bautizo público de Guillén en el mundo de las letras, vuelve por estos días con su andanada de poemas ruidosos y bailadores, nacidos desde una negritud asumida como condición de una raza consigo misma.

Publicado el 20 de abril de 1930 en el suplemento dominical Ideario de una Raza, dedicado a los problemas sociales y culturales de la población negra en Cuba, perteneciente al Diario de la Marina, Motivos de Son nos descubre a un Guillén americano y universal.

El poemario surge en una época marcada por el control de los EE.UU. sobre la isla caribeña en lo económico y lo político, pero peor aún, con el beneplácito de una administración y una clase política corrompida, encabezada por el dictador Fulgencio Batista. Cuba era, ni más ni menos, paraíso del juego y la prostitución para el turismo yanqui. Bajo aquellas condiciones, la población negra es víctima de la segregación racial, por lo que un grupo de escritores e intelectuales adoptan posturas de descreimiento en todos los valores "oficiales" o de rebeldía.

Motivos de Son es la primera interrogación sobre la realidad de Guillén. En ella el poeta hace una revisión de sus vivencias, muchas "raciales", pero no exclusivamente a las referidas a su llegada a La Habana, en cuyos barrios más pobres se aglutinaban los descendientes de los esclavos africanos, para organizarse y constituir focos de resistencia cultural. Con esta experiencia el poeta asume su condición de negro, tratando la raza como concepto cultural y de valor ético.

Esta obra convirtió a Nicolás Guillén, para muchos, en el mayor representante de la Poesía Negra, ya que en ella recoge las palpitaciones líricas del sector más oprimido y menos comprendido del pueblo cubano, a la vez, el más explotado por cierta literatura que caracterizaba la figura del negro, restrictiva, parcial y equivocadamente.

Recrea Guillén el habla del pueblo habanero, por lo que introduce numerosas alteraciones fonéticas. Pero no es un habla exclusivamente negra sino cubana, habanera; aunque hallemos la presencia de elementos propios de este sector; también los hay indígenas, que se han ido incorporando al español hasta conformar el dialecto cubano.

En cuanto a los recursos estilísticos -según la investigadora Nayra Pérez-, utiliza varios que pueden llamarse rasgos "negros", como las onomatopeyas y las rimas agudas, que tratan de reproducir el sonido de la percusión de la música y los bailes africanos (jitanjáforas), las repeticiones y los estribillos, que dan al texto un ritmo "africano", junto al uso de voces afro-negroides y topónimos de dialectos de ese continente. Aunque, realmente todos estos recursos pueden denominarse como populares, y no exclusivamente negros, y que audazmente introduce junto a otros de carácter culto.

En el mismo mes en que los ocho poemas de Motivos de Son aparecieron en el suplemento dominical del Diario de la Marina, la impresión en otros soportes comunicativos de estas joyas lírico-melódicas repletas de cubanía permitieron al joven poeta que era entonces Guillén, ganar en buena lid su presencia en los círculos literarios cubanos, provocando el revuelo que causa un talento, para más tarde ganar la admiración de los círculos literarios del mundo.

Han transcurrido 77 años desde que Motivos de Son viera la luz por vez primera. Sin embargo, a la vuelta del tiempo su lectura no envejece y a similitud del buen vino, cada día se vuelve mejor.

Las nuevas generaciones de cubanos y de lectores en todo el mundo, que tienen la ventura de adentrarse en las rutinas de negros jacarandosos y sus mulatas emanado vida, salidas al natural desde los solares y casas de vecindad de los barrios pobres de la capital cubana, regalan a sus sentidos el goce melódico del son que nos catapultó al pentagrama musical del mundo, junto a una expresión lírica que marcó una nueva etapa en la poesía cubana.

El vaticinio de Regino Pedroso se cumplía: el velo de la intuición se rasgaba para dar paso a una verdad de nombre Nicolás Guillén.

Tomado de 5septiembre.cu