Si hubiera que definir La Jiribilla con una palabra, esa sería “vida”. Uno de los mayores aciertos de esta revista es combinar actualidad y profundidad, sin que se convierta ni en una cartelera ni en una revista científica. Tal vez porque en ella se habla de todo –de lo humano y de lo divino, como reza un viejo refrán- sin prejuicios, y apostando siempre por la inteligencia del lector, es que logra La Jiribilla ese bombeo continuo de oxígeno por las arterias culturales del país.
En el último número salido de la imprenta (67), La Jiribilla dedica su dossier a los 80 años de Gabriel García Márquez. Cumpleaños que fue motivo de múltiples festejos en todo el mundo, este dossier es, de algún modo, el homenaje de los escritores e intelectuales cubanos a este colombiano universal, que por su vinculación con la Casa de las Américas, su amistad con Fidel y su trabajo en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), está entrañablemente unido a la historia de la Revolución cubana. Plumas agudas de la literatura y el periodismo de la Isla (Roberto Fernández Retamar, Humberto Arenal, Fina García Marruz. Marta Rojas y Joel del Río) abordan diferentes facetas de la vida y la creación del ilustre hijo de Aracataca.
El otro plato fuerte de esta entrega de La Jiribilla de papel es un especial dedicado a la poetisa Fina García Marruz. Tres escritores ligados y/o influenciados por la obra de la Premio Nacional de Literatura (Enrique Saínz, Amado del Pino y Bladimir Zamora) aportan cada uno un ingrediente especial a esta fiesta poética que culmina con una extensa entrevista a Fina y unos versos de la propia entrevistada.
Un pequeño ensayo de Jesús Lozada acerca del arte de la narración oral y un trabajo de Kaloian Santos sobre El Guayabero escrito a propósito de su muerte, abren paso a las secciones habituales de la revista, donde nuevamente en La crónica, Amado del Pino hace referencia a El Guayabero, designándolo como “Mal pensado de fila”.
La variedad es un valor intrínseco de esta revista que despliega al mismo tiempo en La mirada una crítica sobre una exposición de Burri en el Museo de Bellas Artes; en La butaca un artículo de Andrés Abreu a propósito del filme que inauguró el pasado Festival de Cine Francés de La Habana Paris, te amo; un comentario de Rubén Sicilia acerca de la puesta televisiva de Marx en el Soho y una reseña de un libro de Ramón Chao de René Vázquez Díaz.
Además en este número 67 de La Jiribilla hay un acercamiento especial a Madrigal, la más reciente producción de Fernando Pérez, a partir de un texto suyo en el cual califica su película como “la búsqueda, el salto”; una entrevista de Sandra del Valle al fotógrafo Raúl Pérez Ureta, y el uso del cartel de la película como contraportada.
Por último, por aquello de que principio y fin siempre se tocan, La Jiribilla de papel cierra sus páginas allí por donde empezó: con un cuento de García Márquez, titulado La siesta del martes que nos reafirma una vez más la ductilidad de las palabras salidas de las manos de prestidigitador del Premio Nobel de Literatura de 1982.
Si estuviéramos narrando una novela de radio, diríamos que concluye así otro capítulo de esta historia por entregas a la espera de que el público haya quedado complacido y con ansias de encontrarse con una nueva edición de La Jiribilla de papel.