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Hablar, poesía
Reinier Pérez-Hernández , 24 de julio de 2007

La Isla Infinita habla de poesía. Lleva, dirige, concentra la poesía en sus páginas, el acto y la palabra de la creación. Dentro de este mundo, es un territorio libre de circunstancias satelitales. Las únicas son las que imponen los propios textos que en ella se reúnen. No se propone otra cosa que hablar de poesía y en poesía, incluso sorprenderlo: no hay límites para ella, que lo mismo se encuentra en las páginas de un cuento que las de un ensayo que en la imagen de alguna ilustración.

Detengo estas palabras, que son más bien maneras para entrar en materia poética, es decir, La Isla Infinita. Recién acaba de ponerse en circulación su entrega número 11. Y, como quien dice lo obvio, se anuda la reflexión con la materia creativa. Este número abre sus páginas con poemas de Roque Dalton que llegan a ilustrar cuánto se adentra el poeta en los terrenos de una imaginación y una cultura mítica, americana en su superficie y en sus honduras, y plena de significados humanos. Por ella se vuelve a la humanidad, a encontrar los cauces poéticos que la animen y le devuelvan tanto de lo que se ha perdido.

En este momento comienzo a registrar otras pulsaciones en esta entrega hacia el verbo poético, hacia la imaginación o la construcción de mundos líricos. Es como si se ramificara una sola intención, la de la poesía, en la escritura de estos autores: Roberto Manzano, David Escobar Galindo, Sigfredo Ariel, Lina de Feria, Clara Gómez de Molina y Samuel Feijóo. Cada uno, con sus estéticas particulares, converge sin embargo en una voluntad que comunica las glorias de la palabra entre las penas del ser, sus búsquedas y pérdidas. Muchos de estos poemas, sin duda alguna, son como vientres de luz pero también de oscuridad. El lector, por supuesto, hallará más, o menos, lo que aquí yo digo. Pero lo importante: sabrá apreciarlo, aun cuando lo ciegue la luz o le cueste trabajo mirar en la oscuridad.

Pero se otean intenciones, otras intenciones, en los cuentos que comparten con los poemas las páginas de este número de La Isla Infinita. «Las inverosímiles pero verdaderas aventuras del conde Fiodor Miajilovich Buturlin, contadas de acuerdo con las leyendas familiares por el botánico moscovita X», de Alexander V. Chayanov, narra las fantásticas peripecias de su héroe entre misteriosas sectas secretas, muchachas con escamas como piel y hasta el mismísimo Bóreas, todo en una noche. Por su parte, Luis Porras se adentra en un mundo en suspenso en «Que se la tragó la tierra», mientras que Froilán Escobar, en «La última adivinanza del mundo», recrea en la primera persona de su narrador la figura de Antonio Maceo.

En un espacio diferente, aunque igual de creativos, aparecen los «Exergos», de G.K. Chesterton: breves textos suyos en prosa o en versos, que resumen ideas en torno a la sociedad humana, la literatura, la ciencia y la religión. También el ensayo de Fina García-Marruz sobre «El idioma de Quevedo y los juicios de Martí», donde se entrelazan las valoraciones que el segundo realizara sobre el primero.

Y como ya saben los lectores habituales de esta publicación, dentro navega la «Ballena codorniz», un aparte que la revista dedica a otras fuentes de la creación, que rescata géneros tan obliterados como el de la ciencia ficción. En esta ocasión se descubren los juegos con los mitos clásicos en «Mitomanías», de Haydee Beatriz Arango Milián y Jorge Daniel Rodríguez Chirino; una magnífica inversión o re-creación del famoso cuento del príncipe encantado en «El sapo hechizado», de Rapi Diego –cuento que al mismo tiempo está ilustrado por el mismo autor–. En compañía codorniz, también se incluyen «Trotamundos», de Michael Ende, «Hipnocorpiés», de Evelyn Pérez, y «El día que ellos llegaron», de Ernesto González Litvinov.

La Isla Infinita ha vuelto nuevamente a integrar el hablar en poesía desde todos los géneros posibles. No hay más circunstancias que la de la palabra y la de la creación. Y punto. Hablar, poesía. Aquí se mueve la imaginación, la creación.

La Isla Infinita. Revista de Poesía, Año IV, No. 11. Editorial Letras Cubanas. Director: Cintio Vitier. ISSN 1563-4981.