Apariencias |
  en  
Hoy es sábado, 23 de junio de 2018; 9:49 AM | Actualizado: 22 de junio de 2018
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 314 | ver otros artículos en esta sección »
Página

El amor de los gatos, de Daniel Zayas Aguilera

Alina Iglesias Regueyra, 11 de junio de 2018

La literatura cubana para adolescentes sigue cosechando gratas sorpresas. En 2017 apareció en las librerías cubanas el título El amor de los gatos, nueva entrega del joven autor cubano Daniel Zayas Aguilera, a cargo de Ediciones La Luz, de la oriental provincia cubana de Holguín.

Este nuevo libro, dividido en dos partes, resulta una continuación de La sombra de los almendros, novela publicada como Premio Calendario y reseñada en estas páginas digitales hace unos tres años, que centraba su historia en la primera mitad del siglo XX, exactamente en la década del treinta, en su natal Isla de Pinos.

La primera lectura nos sorprende, pues el autor abandona su estilo tradicionalmente grave y profundo para proponernos un acercamiento carnavalesco y lleno de picardías al teatro cubano de aquellos tiempos, evocando nombres que brillaron y han quedado para la historia del arte. Hace guiños a la filmografía de Pineda Barnet con su Rachel y su teatro Alhambra; su adolescente protagónico llamado Ernesto conoce al pianista, compositor y director de orquesta cubano Jorge Anckermann e investiga sobre lo trágico y lo cómico, sobre el glamour y el movimiento escénico, sobre los géneros y estilos; enfocando cada elemento con gracia a través del personaje femenino que lo acompaña:  una muchachita decidida a triunfar en la gran escena, quien cambia de nombre cual si de rol dramatúrgico se tratara: lo mismo se llama Teresa, que Marilyn, que Sara, Milena, Greta o Dulce María. Su ambigüedad lo apabulla al principio pero también lo enamora y promete acompañarla en la búsqueda de su meta.

Los once capítulos de la primera parte que da título al libro son seguidos por quince más, bajo el título de “El amor después del amor”, donde la joven parejita, escapada de sus respectivos hogares, es atrapada por las autoridades y obligada a regresar cada uno a su terruño. A partir de aquí se inicia un fervoroso intercambio epistolar que retoma el estilo acostumbrado del autor y devuelve a la novela la densidad dramatúrgica que, por momentos, se había extrañado.

Los personajes secundarios que conforman el entorno de ambos jovencitos, engarzan con nuevas acciones la trama general, enriquecida con fuertes escenas y secuencias de alto vuelo poético y sensibilidad que conmoverá positivamente a los lectores de cualquier edad. Tal es el caso del simbolismo presente en la carrera a través del campo, del muchacho con los ojos vendados, efectuada junto a su padre con el objetivo de emparejar su suerte a la pérdida de la visión del progenitor y a la vez, de esta manera, otorgarle su perdón. La ceguera impuesta al personaje por el autor constituye una especie de deux ex machina, mecanismo divino que sana la negatividad del personaje mayor (padre ausente primero, maltratador y borracho después) y empata el juego dramatúrgico.

Los encuentros y desencuentros amorosos de ambos jóvenes en cada espacio ofrecen una suerte de entrenamiento vital para el futuro, les hacen contrastar y valorar la intensidad de lo vivido, y dejan en suspenso la suerte de aquel amor que conocieran en la ruta del escape hacia sus respectivos sueños, ahora aplazados por nuevas responsabilidades que han descubierto junto a sus seres queridos, las cuales los hacen crecer espiritualmente. Como acostumbra hacer Daniel en sus magistrales finales semejantes a cajas de Pandora, apenas quedará la esperanza, iluminada por la ilusión de volverse a ver para seguir construyendo sus más íntimos deseos juntos.

Con diseño de Frank Alejandro Cuesta, creativas ilustraciones de Yancarlos Perugorría y diagramación de Elizabeth Soto, el libro celebra las dos décadas de la editorial, vinculada a la Asociación Hermanos Saíz. Las imágenes recrean el argumento descrito por las palabras a través de recortes de papel y tela, simulados sobre el mismo fondo blanco que recibe el texto.

Ubicado dentro de la colección juvenil Jigüe, el volumen goza de la edición de otro reconocido escritor: Luis Yuseff y la cuidadosa corrección de estilo de Mariela Varona. La reseña de contracubierta del libro, emotiva y sintética, pertenece a otro gran escritor cubano: Nelton Pérez Martínez, quien igualmente se considera deudor de los encantos de la Isla de Pinos o Isla de la Juventud, homenajeada constantemente por Zayas en su obra. Pues allí hace tres décadas nació este miembro de la AHS y de la UNEAC, merecedor además de los premios Paco Mir, Waldo Medina, Sed de Belleza, Hermanos Loynaz, y de la Ciudad de Nueva Gerona, así como de las becas Frónesis y La Noche. Destaca, entre las obras premiadas de Daniel, la excelente novela para adolescentes Gaviotas en las aceras, la cual recomendamos nuevamente junto a esta saga que termina, al menos temporalmente, con El amor de los gatos.