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"Me considero un diseñador que pinta"

Madeleine Sautié, 16 de enero de 2019

El artista Jorge Martell ha merecido el Premio Nacional de Diseño del Libro 2018, lauro que otorga el Instituto Cubano del Libro y el Ministerio de Cultura y con el que se ha reconocido la creación de una extensa y relevante obra que destaca por su calidad.

Perteneciente a la primera generación de diseñadores en dar a la gráfica una perspectiva más radical por medio del ideario revolucionario, el artista conversó con Granma a propósito del merecido reconocimiento.

– Diseñador de libros, pero también de carteles, vallas, portadas de discos… ¿Qué tiene en común diseñar para todos estos soportes? ¿Dónde está la diferencia?

– El diseño editorial; el de libros y publicaciones periódicas, es solo una de las especialidades, por llamarle de alguna manera, del diseño gráfico, aunque el diseñador gráfico o informacional es uno solo, que puede llenar la necesidad del destinatario a quién se dirija con cualquier tipo de soporte comunicativo. Lo común –como me preguntas– para diseñar sobre cualquier soporte, es la esencia de nuestra profesión, encontrar la IDEA o el CONCEPTO de lo que queremos promocionar, en este caso el contenido del libro.

Me cuesta trabajo decidir qué es lo que más me agrada diseñar, porque lo que disfruto a cabalidad es nuestra maravillosa profesión, y si llego a una respuesta es porque la casualidad ha hecho que diseñara unas piezas más que otras: libros, revistas y logotipos, en ese orden.

– ¿Qué elementos constituyen el ABC del buen diseño de un libro? ¿Cuándo no es bueno el diseño?

– El diseño de libros consta de dos partes, el diseño de sus cubiertas y de su diseño interior, que ambos deben ser tratados con la misma creatividad. Lo primero es que el diseñador debe estar lo más enterado posible de su contenido, quiero decir que lo lea, después de reunirse con el editor, aunque existan temas que a uno puedan no interesarle. En mi caso yo he leído un buen por ciento de todo lo que he diseñado, y en último caso, he partido de una buena síntesis del contenido facilitada por el editor, pero nunca solo por la nota de contracubierta. En los casos de las Ciencias y de temas complejos, por lo general el editor debe darnos toda la información que pueda sobre la temática, así como los objetivos que se pretenden llenar con la publicación y el tipo de destinatario a quien va dirigido; también en muchos casos como estos, además de hacer mi propia búsqueda, me he reunido de nuevo con el editor y los autores, para sacar por mi cuenta las conclusiones “visuales” necesarias, porque no podemos olvidar que el editor y el autor llegan a estas conclusiones a través del lenguaje, y nosotros debemos llegar a ellas a través de las imágenes.

La conclusión de todo lo anterior es que, la IDEA o el CONCEPTO, que son la razón de ser de nuestra profesión, reflejen el contenido del libro, que sea fácil de “agarrar” la esencia del material que el destinatario va a leer. Después de esto que pudiéramos llamar el QUÉ, llegamos al CÓMO que es mucho más fácil después de tener la IDEA seleccionada, por supuesto, con el uso solo de los elementos necesarios para ilustrarla, sin un decorativismo innecesario, que es lo que por lo general lo que vemos a diario en muchas piezas gráficas que nos rodean, que gracias a las posibilidades elementales con que vienen los softwares, cualquiera puede hacer una pieza legible y hasta bonita para un gusto común, pero que no “vende” correcta y profesionalmente el contenido del producto  que queremos hacer llegar al receptor.
Un libro no está bien diseñado cuando no reúne las condiciones anteriores en su creación.

– Recuerdo una exposición suya donde aparecían dibujos asociados a la poesía erótica de Wichy. ¿Cuánto aporta la literatura al mensaje gráfico que firmará el diseñador?

– Yo me considero un diseñador que pinta, a pesar de que he estado haciendo mi obra personal por el mismo tiempo que la de diseño gráfico. Cuando supe que Wichy el Rojo (Luis Rogelio Nogueras) falleció, recibí un fuerte golpe, pues no estaba a su lado cuando esto ocurrió, ya que él fue mi amigo íntimo y el primero en pasar a la transición de los de mi generación. Esto me motivó a hacerle un Homenaje y empecé a hacer una serie de dibujos sobre sus poemas eróticos, que venían muy de acuerdo a lo que hacía en mi obra con la temática de “las manos” desde 1969, por eso a mi regreso hice 4 exposiciones personales seguidas, la primera, “Logotipos” y al otra día, “Juegos de manos… Juegos Villanos…”, que fue a la que tú asististe dedicada a Wichy, y unos días después, “A mi Maestro”, un homenaje a Carmelo González y otro a Mariano Rodríguez con "¡Kikiriki!"
Para mí la literatura es fundamental en la obra del artista visual, pues es lo mismo, viene a ser una literatura o una poesía, pero con imágenes. Un escritor o un poeta con talento te dirían lo mismo que yo, pero al revés.

– Después de haber diseñado más de 350 libros, ¿Qué considera pueda haberles legado ya a las nuevas generaciones de diseñadores?

– Si me guío por mi experiencia, y sin falsas modestias, te diría que mucho, pues lo comparo con el tremendo legado que han dejado en mí, mis formadores, porque una generación es producto de las anteriores.

– ¿Cuáles son sus obras más queridas, las que llevaría consigo siempre?

– Creo que sin dudas, la más importante es el libro Los círculos infantiles, por estar conformado con un concepto de diseño nuevo que creé en 1969, al que llamé Diseño de la participación, donde el destinatario participa de la obra de arte junto al artista, mediante un extenso trabajo de mesa, que es el principio real de todo producto creativo. En la década de los 70 tuve muchas experiencias profesionales en la práctica de este concepto, con excelentes resultados en el diseño de exposiciones, cuando fui miembro del equipo creativo del Pabellón Cuba y después en el Instituto Cubano del Libro.

Después, la Campaña internacional de propaganda “Obama… Give me five!”, con el cartel que la inició, convirtiéndose en la imagen más reproducida de la historia de la comunicación en Cuba (por supuesto gracias al Internet y a las redes sociales). También escogería cualquiera de las campañas de anuncios para la revista Billboard, cuando Sony Discos fue mi cliente. La revista Buenhogar, cuando fui su director artístico, y sin pensarlo, dos cubiertas que tienen de diseñadas más de 40 años entre una y otra: Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, Ediciones Huracán, 1970 y Co-Cine, de Frank Padrón, Ediciones ICAIC, 2011.

– ¿Qué técnicas previas emplea antes de sentarse a trabajar en el diseño?

– Primero, podríamos decir que la necesidad del cliente, pues nuestra profesión se ejerce por encargo. Después el “trabajo de mesa”, para encontrar la IDEA o el CONCEPTO, que en mi experiencia debe dedicársele el 80% de todo el tiempo de duración del proyecto. Finalmente, con el otro 20% del tiempo se logra su ejecución final.

– ¿Qué emociones lo embargan mientras está diseñando?

– Primero la emoción de hacer algo que sale del corazón, de tu Yo interno, y al terminar, la emoción del deber cumplido, primero conmigo mismo y después con el “cliente”.

– Un Premio es siempre una dulce noticia. ¿En cuáles circunstancias lo supo?

– Claro que es dulce… a pesar de que en este caso, dos minutos después de recibir la llamada donde me decían lo del Premio, recibo otra, acerca del deceso de mi amigo, el excelente diseñador, Héctor Villaverde… fíjate como es la vida, Ying y Yang, aunque inevitablemente, como se dice en el mundo teatral, “la función debe continuar”.