Apariencias |
  en  
Hoy es martes, 22 de octubre de 2019; 1:36 PM | Actualizado: 22 de octubre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 519 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Necrópolis de La Habana. Historia de los cementerios de esta ciudad con multitud de datos interesantes

Olga García Yero, 03 de octubre de 2019

En el año 1875 es publicado en La Habana este peculiar texto de Domingo Rosaín que es, hasta donde conocemos, el primero que se detiene en escribir una historia de los cementerios en Cuba, específicamente los de La Habana. Según Francisco Calcagno, en su Diccionario biográfico cubano, era médico e hijo de un destacado investigador cubano en el terreno de las vacunas y en el campo de la obstetricia. Llevaba el mismo nombre de su padre y: “[…] publicó en 1875 una Necrópolis  de La Habana, apuntes sobre el cementerio de esta ciudad, con multitud de datos tan erróneos como mal ordenados”1.  Tiene razón Calcagno en criticarle los datos mal ordenados y algunos quizás erróneos. Como aquel en que expresa que: “Deseando Espada continuar los frescos que Perovani hizo en la Catedral, escribió a su antiguo Goya para que le enviase un profesor distinguido, cuyo viaje costeaba. En tales circunstancias emigraba de Francia acompañado de escogidos lienzos Vermay”.2 No obstante, es imposible no tener en cuenta igual situación, aunque en menor medida, con el propio Calcagno.

Al margen de sus errores que hoy, con una lectura crítica, pueden ser reconocidos y enmendados, el libro es de un interés extraordinario sobre todo para una ciudad que cumple medio milenio de fundada.

A partir de las páginas de este libro se conoce de la ubicación del cementerio Espada y la distribución de las bóvedas y así el lector advierte el marcado carácter clasista de estas ubicaciones. Rosaín publicó a su vez el reglamento confeccionado por el obispo Espada para el enterramiento de las religiosas y otros datos como el siguiente:

Espada dividió el Cementerio en cuatro partes: de las dos de la entrada, la de la derecha para los cadáveres de morenos y la de la izquierda para los pardos, teniendo ambos coros de ángeles. Los dos patios superiores los destinó para los blancos, divididos en tres tramos y dos coros para párvulos. Hasta el diez de octubre de 1846 no se abrió el libro en que se anotan los que se entierran, con distinción de clases, sexo, condición, etc.3

Es cierto que el autor realizó una serie de medallones de figuras de la Isla que no están enterradas en Cuba, pero los datos que aporta, en algunos casos, resultan de interés para el lector de hoy. No se puede pasar por alto algunas de estas referencias, como la que escribió acerca de José Antonio Valdés, quien fuera uno de nuestros primeros historiadores. Todo parece indicar que este hombre, dueño de una singular cultura y talento, tuvo una determinada relación con el obispo Espada que en mucho apreciaba estas dos cualidades. Por otra parte, están también las figuras de Tranquilino Sandalio de Noda, tan olvidado hoy, que tanto contribuyó a las ciencias agrícolas en la Isla y otros. En estas páginas se encuentran importantes datos acerca de las más diversas figuras que hoy forman parte ineludible del rostro cultural de la nación. En ese conglomerado de personajes no faltan mujeres que van desde Gertrudis Gómez de Avellaneda, de la condesa de Merlín y su tía Josefa Santacruz de Oviedo hasta Úrsula Céspedes de Escanaverino. 

Dedicó el autor un apéndice de su libro a los cementerios del Cerro y de Jesús del Monte. Estos cementerios se mandaron a destruir más tarde. Al referirse a estos cementerios volvió a dar testimonio de cómo había espacios bien delimitados para los enterramientos no solo por clase social, sino también por la condición racial de quienes eran sepultados. Por eso, resulta hasta irónico que el primer cadáver enterrado en el cementerio de Jesús del Monte haya sido, al parecer, el de una esclava arará llamada María.

El libro finaliza con una breve exposición de la construcción del cementerio de Colón y todo el proceso que conllevó. Reglamentos, Juntas de Sanidad e instituciones diversas desfilan por estas últimas páginas en las que también aparecen los primeros nichos y figuras sepultadas en este lugar que es patrimonio no solo de la ciudad de La Habana, sino también de la Isla.

La historia de los cementerios en Cuba ha sido de interés en los últimos tiempos, sobre todo a los arquitectos, pero valdría decir que es un terreno donde la antropología, la sociología o la historia misma tienen todavía mucho que decir en Cuba.
 

Notas:

1. Francisco Calcagno: Diccionario biográfico cubano. Imprenta y Librería de Néstor Ponce de León, New York, 1878, p. 557.
2. Domingo Rosain: Necrópolis de La Habana. Historia de los cementerios de esta ciudad con multitud de noticias interesantes. Imprenta El Trabajo, La Habana, 1875, pp. 233-234.
3. Ibídem., p. 21.

K-milo 100fuegos criollo como las palmas
Francisco Blanco Hernández y Francisco Blanco Ávila
Casa de cuentos para niños
Inés Casañas
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis