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Haikus de Federico Milanés

Juan C. García Guridi, 03 de agosto de 2018

Tras la publicación en 1918 de Al sol y bajo la luna se le atribuyó al modernista mexicano José Juan Tablada (Coyoacán, México, 3 de abril de 1871 - Nueva York, Estados Unidos, 2 de agosto de 1945) la introducción del haiku en el idioma español. Poeta, periodista y diplomático viajó a Japón en 1900 y mostró interés por la vocación naturalista de los japoneses cuya estética, según él, permitía una interpretación plástica de la naturaleza. Aunque algunos se han empeñado en negar que fue el primero en adaptar a nuestra lengua esta brevísima forma, todo parece indicar que es a él y no a otro a quien le corresponde el mérito.

No obstante, quiero llamar la atención sobre un texto del bardo matancero Federico Milanés (1815-2 de julio de 1890) publicado en Cuba poética. Colección escogida de las composiciones en verso de los poetas cubanos desde Zequeira  hasta nuestros días, en La Habana, en la Imprenta Viuda de Barcina y Compañía, Calle de la Reina Número 6, y que tenía como director-editor a José Socorro de León. El volumen consultado es de 1859, y "Un pensamiento", el poema en cuestión es el siguiente:

No hay una flor más bella
Que el pensamiento,
Porque con ella digo
Lo que yo quiero.

Y bien se sabe
Que las flores son letras
de los amantes.
-
Amante de las bellas
Es de buen tono,
Y yo siempre me precio
De ir con sus códigos.

No es pues extraño
Que con tanta franqueza
Lo diga claro.
-
Pero si a las hermosas
Les rindo culto,
Entiéndase que sean
Según mi gusto,

Que no me basta
El ver una doncella
Con linda cara.
-
Rostros y hermosos talles
Destruye el tiempo,
Dejando el alma sola
En descubierto.

Si esta no es cosa
Llámeme alma de piedra
Su posesora.
-
La mujer que delira
Con el dinero,
La dama que no adora
Su patrio suelo.

La que suspira
Porque todos la quieran
Y a todos mira.
-
La que no coge un libro
Sin fastidiarse,
La que busca en su novio
Títulos grandes,

Cualquiera de estas
La tengo yo marcada
Por dama fea.
-
Y como el pensamiento
Es flor tan bella,
Que con ella se dice
Lo que se piensa.

No la consagro
Sino a aquellas hermosas
A quienes amo.
-
A aquellas bellas almas
De esencia pura
Que recuerdan de cielo
La bondad suma;

Como entre negras
Nubes, de noche oscura,
Blancas estrellas.

Si se omiten los versos subrayados, sería muy fácil apreciar en cada estrofa la prefecta estructura 5/7/5. O sea que se trata de verdaderos haikus. Se pudiera pensar que el haiku tiene que obedecer esencial y necesariamente el canon religioso de sus cultores originarios, en detrimento de toda posibilidad de occidentalización cuando ni siquiera la décima después de haberse aplatanado ha sido fiel a su ascendencia campesina, pues con el paso del tiempo no es estética ni formalmente la misma que cantara a nuestros campos o a los amores y preocupaciones del guajiro.

Basho apuntó: Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento. En lo particular no tengo ningún problema con que el “yo” sea exaltado, mucho menos con que haya que obedecer o no determinado espíritu. Lo más importante, considero, radica en no desestimar ninguna posibilidad. El haiku puede ser contemplativo, vivencial, íntimo, informal, delicado, humorístico, épico, amoroso, bucólico, patético, en fin, puede estar sustentado por cualquier elemento de la emoción y la experiencia humanas.

En el mundo occidental no hispano lo han cultivado desde el belga Herman Van Rompuy hasta los estadounidenses Ezra Pound y Richard Wright. En América son muchos los casos que pudiera citar. Entre los de mayor renombre se cuentan los mexicanos José Juan Tablada, Efrén Rebolledo, Rafael Lozano, José Rubén Romero, Francisco Monteverde y José María González de Mendoza; el peruano José Watanabe Varas; los argentinos Jorge Luis Borges y Álvaro Yunque; el ecuatoriano José Carrera Andrade o el uruguayo Mario Benedetti. Al respecto de Octavio Paz debo señalar que fue, además,  primordial su labor en la divulgación del género, llegando a traducir y publicar en colaboración con Eikichi Hayashiya, en 1956, el Okuno Hosomichi, obra clásica de Matsuo Bashoo. En Cuba no quiero dejar de mencionar a Eugenio Florit, Samuel Feijóo, Jesús Orta Ruiz, Juan Luis Hernández Milián, Raúl Hernández Novás, Waldo Leyva, José Manuel Espino, Fermín Carlos Díaz y Daniel Díaz Mantilla, entre otros.

Aclaro además que el tanka, vasija madre, probeta donde nace el haiku, en su forma más antigua no fue siempre consecuente con la relación hombre/universo, sino que se apartó de esa dualidad mística y asumió una proyección más carnal,  llegando a cantar incluso al amor cortesano.

Sin pasar por alto que en su expresión más pura el haiku se identifica con el satori o iluminación, entresaco del poema de Federico Milanés las estrofas que a mi juicio constituyen verdaderos haikus:

Y bien se sabe
Que las flores son letras
De los amantes.

No es pues extraño
Que con tanta franqueza
Lo diga claro.

Que no me basta
El ver una doncella
Con linda cara.

Destruye el tiempo,
Dejando el alma sola
En descubierto.

Es flor tan bella,
Que con ella se dice
Lo que se piensa.

No la consagro
Sino a aquellas hermosas
A quienes amo.

Como entre negras
Nubes, de noche oscura,
Blancas estrellas.

La forma, como dije, es impecable. Mirados de manera colectiva son pura renga; independientes, cada uno tiene sentido lógico. ¿Son acaso los de Federico Milanés primeros haikus del mundo occidental?

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