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Los 100 años de Las honradas

Leonardo Depestre Catony, 27 de mayo de 2017

Tiene el lector ante sus ojos la cubierta de la edición del 27 de mayo de 1917 de la revista El Fígaro. Fácil le será reconocer el retrato del doctor Miguel de Carrión, es una imagen muchas veces reproducida. Pero en el borde inferior derecho aparece una nota que hemos destacado con la esperanza de que pueda ser leída: Dice así: “Dr. Miguel de Carrión. Ilustre hombre de letras que acaba de dar a la imprenta una nueva novela: Las honradas, de la que publica El Fígaro interesante capítulo en el presente número”.

Quiere esto decir que por estas fechas se cumplen 100 años de la publicación de una novela que es hoy de culto dentro de la literatura cubana y conserva el interés de lectura con que atrajo a quienes tantos años atrás quedaron atrapados por su argumento.

Su autor, Miguel de Carrión, era médico (de renombre y de éxito), tenía 42 años y se trataba esta de su segunda entrega editorial, antecedida por otra novela, El milagro.

Confesemos, porque es cierto, que las historias de mujeres y más cuando están narradas en primera persona, confieren al relato un interés adicional: el de penetrar en la intimidad femenina desde la propia perspectiva de la mujer.

A la crudeza del estilo narrativo (adscrito al realismo sicológico) y manejado el tema por un autor conocedor de la siquis humana,  el argumento penetra en la personalidad de la protagonista, Victoria, para desvelar su mundo interior, que junto al exterior, ha sido necesariamente moldeado por las circunstancias de la época en que le toca vivir, por la educación, los prejuicios morales y familiares, estados de ánimo, la mojigatería y su inseparable aliada la hipocresía y la frustración. En Las honradas, junto a Victoria y otros caracteres femeninos (Alicia, Graciela, Antonia, Georgina), está la sociedad con su implacable peso sobre el quehacer (comportamiento y pensamiento) de una mujer de la clase media cuando le atizan el conocimiento, la búsqueda de “lo prohibido”. Queda en el aire la interrogante: Según los cánones de la sociedad, ¿hasta dónde son verdadera e internamente honradas todas “las honradas”?

Por supuesto que sobre tales presupuestos, la aparición de Las honradas causó tanta expectación lectiva como escándalo en algunos recodos de la sociedad cubana de principios del siglo XX. Una cita, algo extensa, revela las sensaciones dejadas en la protagonista por “la noche de bodas”. El erotismo apenas contenido del pasaje nos muestra cómo un autor de la grandeza de Miguel de Carrión fue capaz de abordar el tema con elegancia:

Al cabo de media hora de vacilaciones, tuve un arranque de valor y me decidí. Saqué sigilosamente las piernas de la cama y me detuve de pronto: Joaquín se había movido sin abrir los ojos. Esperé, conteniendo el aliento, y, al fin, de un salto me apoderé de la saya (…) Casi vestida como estaba tenía más valor. Sin vacilar saqué medias, ropa interior, un corsé lila pálido con encajes y una de aquellas hermosas batas “de casada”, vaporosas y anchas, que eran mi delicia cuando me las probaba. Encontré en aquellos vestidos suaves y perfumados un desquite a la suciedad de mi cuerpo en aquel instante. ¿Era esta la poesía del himeneo, con sus blancas flores, sus músicas y sus luces?  Tuve que reprimirme para no escupir mi asco y mi despecho sobre el piso de la alcoba nupcial. En un instante tuve listo cuanto necesitaba, sin que, afortunadamente, mi marido se despertase.

Y fue un bálsamo físico y moral el baño frío, en el gran pilón de mármol donde quedaron las manchas y los terrores de aquella noche de pesadilla. Salí de él sintiéndome renovada, dueña otra vez de mí y experimentando cierto infantil alborozo al repetirme: “Estoy casada”, “estoy casada”, mientras la batista y la seda limpias acariciaban la piel de mi cuerpo.1

Dos años después publicó Carrión otra novela, Las impuras, suerte de contrapartida (o mejor, complemento) de la anterior. Ambas obras aportan un cuadro de la sociedad cubana, un testimonio que contrapone la realidad de la vida con la “realidad oficial” de las buenas maneras.

Pero hay algo más: El novelista Carrión en ocasiones hizo olvidar al cuentista, género que también cultivó con frecuencia, aunque parte de este quehacer permaneciera inédito buen número de años (por ejemplo, hasta 1961 no se publicó su relato “La esfinge”… y Carrión había muerto desde 1929). Aparte de las dos novelas citadas que le dieron tanto renombre, publicó los volúmenes La última voluntad y El milagro, este último, ya citado, novela de mayor extensión, insertadas ambas, como la generalidad de su obra, dentro de la corriente naturalista o del realismo sicológico, según se prefiera.

No obstante, la crítica considera a Las honradas como la mejor novela de Carrión. Y cuantos la leen hoy, al cabo de un siglo, concuerdan en que escribió una novela para todos los tiempos. Es curioso, porque Miguel de Carrión vivió solo 54 años y Las honradas, de momento, ya suman 100.

1 Las honradas, Instituto de Literatura y Lingüística, 1966, p. 131.


Editado por: Nora Lelyen Fernández

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