Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 16 de junio de 2019; 12:31 AM | Actualizado: 14 de junio de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 453 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Poesía, música… y mucha bondad

Leonardo Depestre Catony, 05 de junio de 2019

Encontrar alguno de los poemarios que María Álvarez Ríos escribió y publicó en la década del 50 del pasado siglo, es encomienda harto difícil. Lo mismo sucede con sus obras para el teatro. Tal vez se consigan sus textos en librerías de segunda mano o en una biblioteca de donde no hayan ya desaparecido. Fue una personalidad bien conocida del ámbito cultural cubano, en particular de la pintura, la composición y la pedagogía musical, pero además en la literatura y el periodismo, pues mucho colaboró en la prensa nacional.

No abundan las referencias a la obra de María, pero esta, del crítico dominicano cubano Max Henríquez Ureña ofrece una valoración que hoy —al cabo de más de medio siglo— nos ilustra acerca del quehacer de esta autora, de quien apunta que “se inició con algunas comedias en las que aplica el cáustico del ridículo a las costumbres y convencionalismos de la época presente: El maridito de Beba Fraga (1948), No quiero llamarme Juana (1948), La Habana y un millón, Lila se decide y sobre todo Martí 9 (1949), cuya acción tiene lugar en una mansión solariega donde viven tres solteronas en la colonial villa de Trinidad. María Álvarez Ríos se ha ensayado en el drama, pero es en la comedia de costumbres donde ha acertado mejor”.

Los más jóvenes quizá no recuerden a María Álvarez Ríos, y es una pena que así sea, por cuanto de su bondad, de su espíritu de enseñar y de sus consejos, aún son muchos quienes guardan memoria agradecida.

María, así siempre se le llamó, nació el 5 de junio de 1919 en Tuinucú, actual provincia de Sancti Spíritus, y los estudios medios y superiores los cursó en La Habana y en la Universidad de Michigan, Estados Unidos. No es suficientemente conocido que se doctoró en Música, si bien las aristas de su personalidad intelectual fueron diversas.

Como poetisa fueron dos sus volúmenes: Cosecha, de 1948, y Poemario, también del mismo año, por la Editorial Lex. Sin embargo, es en su faceta de escritora para niños como aún puede leérsela, porque sus libros perviven en las bibliotecas (al menos en la Sala Juvenil de la Biblioteca Rubén Martínez Villena, donde María es figura entrañable).

De su cuaderno titulado Los colores, publicado por la Editorial Gente Nueva en 1983, entresacamos una muestra de la palpable musicalidad de sus versos:

¡Qué azul es el cielo,
qué azul es el mar,
me da tanto gusto
poderlos mirar!
Si el tiempo está malo
se cambia el color,
ya no son azules,
son grises los dos!

Fecunda resultó la labor de María como profesora de música, en su condición de fundadora del taller de creación infantil Meñique, en su hacer para musicalizar textos de José Martí, de Nicolás Guillén, de Félix Pita Rodríguez.
 
María Álvarez Ríos se despidió silenciosamente del mundo a la edad de 91 años, el 6 de diciembre de 2010.

Conmemorar el centenario de su natalicio es un deber con la memoria y un acto de justicia. Por fortuna, son los pequeños quienes mayormente se acercan a sus libros. Para María sería esta una formidable nueva, que ella sencillamente acogería con una sonrisa gentil.

Este modestísimo homenaje lleva sobre todo nuestro agradecimiento a una personalidad de las letras, de la música y de la cultura nacional que es, sin embargo, objeto de un inmerecido olvido.