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Ramón Guirao, un poeta paciente

Leonardo Depestre Catony, 17 de abril de 2019

Hace casi tres lustros publiqué por las páginas digitales de Cubaliteraria un comentario sobre el poeta Ramón Guirao, y el silencio que sobre su obra y vida se cernía. Tal silencio se mantiene, al punto de continuar siendo uno de los numerosos autores cubanos casi desconocidos para el gran público lector.

Se cumplen ahora, el 17 de abril, 70 años de su muerte y la ocasión se nos presenta a manera de pretexto para volver sobre su obra y vida.

Ramón Guirao murió en 1949 y vivió solo 41 años, plazo breve para dejar una obra del todo cimentada aunque sí anunciada y en parte desempeñada. Se le asocia invariablemente a la poesía afrocubana, en condición de precursor, junto a los nombres mucho más mencionados de Nicolás Guillén, Emilio Ballagas y José Zacarías Tallet. (Los especialistas opinan que estos dos últimos dejaron una impronta de mayor profundidad en el tema y en las letras cubanas). Pero regresemos a Guirao, asunto que nos ocupa.

Tuvo una formación básicamente autodidacta, aunque siempre interesado en el conocimiento y dotado de talento literario encontró en el tema negro y en la cultura yoruba, un goce que llegó a apasionarlo y asumió decididamente pese a la estrechez económica en que vivió, aunque sin preocupaciones, pues según se afirma, era de espíritu un tanto bohemio.

Es el 8 de abril de 1928 cuando el Diario de La Marina le publica su “Bailadora de rumba”, donde presenta las credenciales de lo que será el argumento inspirador de su trabajo poético, y en donde se aprecian musicalidad, ritmo y sensualidad, al igual que una descripción de fácil visualidad:

Bailadora de guaguancó,
piel negra,
tersura de bongó.
Agita la maraca de su risa
con los dedos de leche
de sus dientes.
Pañuelo blanco
-seda-,
bata blanca
-almidón-,
recorren el trayecto
de una cuerda
en un ritmo afrocubano
de
guitarra
clave
y cajón.
“!Arriba, Maria Antonia,
alabado sea Dió!”
Las serpientes de sus brazos
van soltando las cuentas
de un collar de jabón.

Años después publica un primer libro, Bongó. Poemas negros, con el cual lanza su clarinada sobre un asunto que, entonces, ya gana cultivadores en la literatura, la música y la plástica, y que tiene en la excepcional recitadora Eusebia Cosme una importante voz difusora.

Guirao será igualmente, uno de los fundadores de la Sociedad de Estudios Afrocubanos, en tanto como periodista colaboró con la Revista Avance, Alerta, La Prensa, Orbe, Carteles, Social, Línea, Revista Bimestre Cubana, Bohemia, Espuela de Plata, Verbum y Orígenes, también en otros órganos de América Latina. Fue jefe de redacción de la revista Grafos y en 1937 ganó el premio nacional de ensayo de tema cubano del Concurso de la Secretaría de Educación.

En la obra de Ramón Guirao se incluyen el libro Presencia (1947), el trabajo “Poetas negros y mestizos en la época esclavista”, publicado en el semanario Bohemia en agosto de 1934 y la antología Cuentos y leyendas negras de Cuba, de 1942. Inéditos dejó varios textos, incluido el titulado “Juan Francisco Manzano, introducción, autobiografía y obra poética”.

Que no te escuche el rumbero
caliente de llama entera,
que dentro de ti no muera
el látigo del negrero.
Cara y cruz, tú, bongosero:
risa blanca y piel morena
cuando mi cuero resuena
la bóveda de tu mano.
El blanco repita: hermano,
brazo a brazo, voz serena.

La décima anterior pertenece a su colección Sexteto y nuevamente nos ofrece al poeta en la cuerda que lo dio a conocer y en la que aún se le recuerda, aunque poco.

Cuando “un día de estos”, nos dé por hacer memoria, podemos retomar los poemas de Ramón Guirao, en cuya obra se detuvieron algún día, entre otros, Gastón Baquero, Max Henríquez Urea, Roberto Fernández Retamar, Enrique Labrador Ruiz, Raúl Roa y Cintio Vitier.