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Un cronista llamado Máximo Gómez

Leonardo Depestre Catony, 17 de junio de 2018

El estratega genial, el guerrero, la condición más que merecida de Generalísimo del Ejército Libertador, amén de la fuerza de su personalidad y la admiración de los cubanos ante su valor personal, nos llevan a olvidar las dotes naturales de narrador que tuvo Máximo Gómez.

Es Gómez de las figuras excelsas cuyos aniversarios siempre se conmemoran y nunca se nos agotan los temas. Pero resulta que este Gómez, el Generalísimo, es también un autor importante dentro de nuestra literatura de campaña, que tuvo en varios jefes de las guerras independentistas sus mejores cronistas. Diarios de campaña, partes de guerra, correspondencias cruzadas, memorias, testimonios orales y escritos, enriquecen el mosaico de la historia patria con elementos que solo sus protagonistas pueden ofrecer.

Máximo Gómez murió en La Habana el 17 de junio de 1905. La noticia se sintió como un mazazo generalizado en las conciencias y su sepelio fue multitudinario. El Viejo, así lo llamaba su tropa con cariño, leyenda viva, entraba en la inmortalidad. Enérgico y tierno, veraz y sensible, se nos revela Gómez en su Diario de Campaña, joya literaria en su espontaneidad y documento histórico invaluable a un mismo tiempo. Varias veces publicado, el Diario se lee con interés creciente en la medida que nos adentramos en sus pormenores.

La narrativa de Gómez comprende tres núcleos principales: su epistolario, sus relatos y el diario. En cada uno se nos presenta al hombre en su real dimensión. El crítico dominicano-cubano Max Henríquez Ureña escribió hace muchos años que:

(…) aunque su prosa [la de Gómez] se resiente de ocasionales descuidos y rebeldías en el orden de la sintaxis, acierta a expresarse con encantadora sencillez, y es por momentos elocuente, sobre todo cuando evoca, con auténtica y mal reprimida emoción, pasadas angustias y sufrimientos. Igual ocurre con su correspondencia íntima.

Como “lectura hace fe”, en versión libre del conocido refrán, queremos que nuestros lectores aprecien por sí mismos una muestra de la prosa del héroe en cada una de las tres vertientes citadas.

¨El viejo Eduá o mi último asistente¨ es de sus relatos más divulgados y tiene como protagonista a su ayudante, lo cual nos revela además la humanidad de Gómez, que se detiene a escribir sobre su humilde asistente, quien fuera esclavo, cimarrón, mambí y cazador de jutías. Obsérvese el manejo del diálogo y la garra narrativa en este pasaje:

-¿Quién eres tú? -le dije una vez llegado a nosotros, y con acento claro y despejado me contestó:
-Yo soy Eduardo, un viejo negro de los que estábamos con el general [Donato] Mármol. No lejos de aquí le enterramos. Con su muerte todos nos dispersamos y yo triste y enfermo, me refugié en este monte. Por allí tengo mi cueva donde vivo.
-Entonces, ¿conocerás bien todas esas cercanías de Miranda?
-Como la palma de mi mano.

De su correspondencia entresacamos una carta no muy conocida del 6 de febrero de 1897, dirigida al coronel Andrés Moreno. Su contenido devela las preocupaciones de Gómez, que son muy vastas por cuanto todo lo cubano le interesa. En este caso se centra en la agricultura y la industria azucarera. Allí se lee:

¿Cómo se explica que el que tanto dulce suda pase, sin embargo, una vida tan amarga? Ahora bien, coronel Moreno, yo no he podido comprender bien claro las causas primordiales de tan injusta desproporción de las situaciones entre el colono y el industrial, por qué esa inmensa distancia en que viven el uno y el otro, no obstante el fraternal lazo que parece lo debe constituir la materia prima, la caña, dentro de la cual se mueven ambos…

El guerrero es mucho más que eso, le preocupan la injusticia y la miseria en que vive el productor agrícola, y se pregunta (le pregunta) las causas con sutil naturalidad al amigo, que pertenece al círculo de los hacendados de Occidente. No tenemos la respuesta de este, ni es necesaria, con la interrogante de Gómez basta.

Y por último, por la poesía del pasaje, porque tiene de apunte autobiográfico esclarecedor, porque es bello en su esencia, incluimos estas notas fechadas en 1894, en Montecristi, República Dominicana:

Vine al mundo, y fue mi cuna un pueblecito ribereño del Banilejo (entonces sería un caserío), que le da su sombra: Baní, tierra de los hombres honrados y de las mujeres bonitas y juiciosas.

Mi escolta, Odisea del General José Maceo, Diario de Campaña… cualquiera de estos textos se lee con frescura de cosecha recién recogida… aun cuando tienen más de un siglo de escritos. La invitación está hecha, y seguramente contribuirá a completar la imagen integral del más cubano de todos los dominicanos.

Foto tomada de Radio Reloj