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Renée Potts, en su 110 aniversario

Leonardo Depestre Catony, 19 de febrero de 2018

En 1936 se publicó un cuaderno de poesía de solo 54 páginas titulado Romancero de la maestrilla. Con él su autora, la maestra normalista Renée Potts, entonces de 28 años, había ganado el premio anual del Lyceum de Literatura (de cuyo jurado formaron parte Juan Marinello y Camila Henríquez Ureña), por lo que la propia Sociedad Lyceum costeó la impresión, ilustrada con los dibujos en blanco y negro de Renée. Gracia y talento, delicadeza y sensibilidad, reflejaban los once romances de la joven autora-maestra. “La sencillez es prenda de su estilo”, comentó el profesor Max Henríquez Ureña, y la lectura de cualquiera de aquellos poemas lo confirma. Téngase una muestra:

Sonrisas de niñas blancas,
canciones de niñas negras,
júbilo de las criollas,
gracia de las extranjeras;
¡todas mis niñas se agrupan
bajo una sola bandera!

Dos años después, Renée publicó por la Imprenta Alfa su siguiente volumen de versos Fiesta mayor, que conserva el lirismo del anterior y le incorpora elementos de modernidad. Y un tercer libro publicó Recuerdo de un maestro, de 1949, editado por el Ministerio de Educación.

Potts nació en La Habana el 19 de febrero de 1908 (¡110 años atrás!) y murió a los 91 años, el 31 de diciembre de 1999, en la víspera de un nuevo milenio. Se graduó en la Escuela Normal para Maestros y después cursó dos años de la carrera de Derecho Diplomático y Consular. Pero se observaba ya que sus intereses mayores estaban en el ejercicio de la literatura. En la revista La Mujer dio los primeros pasos e indagó en los orígenes de la presencia de las féminas en el periodismo cubano, develando el quehacer de algunas de las pioneras.

Para el teatro escribió las obras El amor del diablo y Habrá guerra mañana, de 1933 y 1935 respectivamente. Conocemos que en 1936 publicó Romancero…, que la dio a conocer y la estimuló a continuar por el camino de la literatura para los pequeños lectores.

En 1948 se graduó en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling; en el orden literario ganó en 1955 el Premio Hernández Catá con el cuento titulado Camino de herradura, y fue acogida como miembro de la Asociación de Reporteros de La Habana y del Círculo de Bellas Artes. Fue, sin embargo, su labor en las publicaciones periódicas la que más se recuerda. Dirigió la revista para niños Mundo Infantil y colaboró en otras muchas, incluidos diarios: Vanidades, Ellas, Social, Grafos, El País, El Mundo, Avance. De la década del 60 también se le recuerda por sus colaboraciones en la revista Romances.

Después de 1959 viajó por varios países del antiguo campo socialista; escribió obras de teatro infantil llevadas a la escena, obras de títeres para la televisión y colaboró en los libros de lectura del Ministerio de Educación.

Aunque un tanto olvidada, en modo alguno es Renée Potts una autora desconocida en Cuba y mucho menos dentro de la literatura infantil, donde su Romancero de la maestrilla es ya un clásico.

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