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Un premio bien merecido

Nancy Maestigue Prieto, 14 de febrero de 2019

Mientras la observaba expresando los agradecimientos por haber obtenido el Premio Nacional de Edición 2018, sentí la satisfacción de haber sido colega y alumna de esta editora de corazón; de ahí, el nacimiento de esta entrevista a Elizabeth Díaz González.

Acabas de recibir el Premio Nacional de Edición. ¿Te sorprendió?


Bueno, realmente no lo esperaba. Cuando me llaman por teléfono el 27 de diciembre y me dicen: "Felicidades". Yo pensé que era por el fin de año, y respondo: "Felicidades para ti también". Entonces me aclaran que son felicidades porque me acaban de conceder el Premio Nacional de Edición, y yo pensé que era una broma de mal gusto; es cuando le digo a Edel Morales, un amigo, y responsable por el Instituto Cubano del Libro de coordinar el jurado, que "con esas cosas no se juega". Imagínate mi alegría cuando cada miembro del jurado habló conmigo por teléfono para felicitarme, pues fue por unanimidad que me lo otorgaron. Cualquier nostalgia o tristeza de fin de año se disipó. Es indescriptible el sentimiento de ese momento.

¿Qué es para ti la edición?

Perdona si te hago primero un poquito de historia. Recién graduada de la Facultad de Artes y Letras me habían pedido que me quedara como profesora de Redacción y Gramática, yo pensaba especializarme en Lingüística, y de hecho estuve tres meses dando clases en la propia facultad cuando vino la asignación del servicio social para el Instituto Cubano del Libro, y de ahí para la Editorial Arte y Literatura.

Los planes futuros cambiaron, empecé a conocer lo que era el trabajo del editor, del cual no sabía nada, y es posible que hasta lo subestimara, y comenzó una verdadera vocación. Aunque en realidad esta vocación estaba dentro de mí, porque yo era una incansable lectora, sobre todo desde mi adolescencia, cuando pasaba las tardes noche en la biblioteca que estaba al doblar de mi casa, fascinada por todos los libros que allí se encontraban; todavía recuerdo el perfumen de jazmín que emanaba de un jardincito exterior, mientras leía. La casa de mis padres también estaba llena de libros, con decirte que empecé a estudiar latín por un manual de Valentín Fiol que descubrí en un librero, aunque no lo terminé. Y mi tesis de graduación en la universidad iba a ser Pensamiento y Lenguaje. Como ves, mi amor por el lenguaje y la literatura venía desde mucho antes.

En la Editorial Arte y Literatura conocí magníficos editores, como el español Evaristo García Álvarez, a quien nunca olvidaré, que me apadrinó, me ofreció una esquina de su buró, porque yo no tenía, y me enseñó todos los elementos primarios de lo que es la edición. Recuerdo que debía leer en voz alta para la otra persona que era el editor en la pareja de correctores y llevar el lápiz para marcar con un golpe, el punto; con dos golpes, los dos puntos y con un semicírculo en el aire, la coma. Era la época de los linotipos que parecían órganos humeantes donde se hacían las líneas del texto.

Después me propusieron ser jefe de la Redacción de Teoría y Crítica que no existía y sin una preparación adecuada comencé a rodearme de especialistas, asesores y traductores. Se hicieron cerca o más de noventa títulos (tendría que buscar ahora los listados), de teoría, estética, cine, teatro, danza, etc. De ahí a redactora jefa o subdirectora editorial; toda la producción pasaba por mis manos para yo revisarla, y después de tres veces de habérmelo propuesto, al fin acepté ser directora.

En el Período Especial, cuando prácticamente lo que se editaba eran los que llamábamos plaquettes, no sé por qué, en realidad pequeños folletos de páginas sueltas o presillados los de mayor fortuna, pasé a dirigir la revista Revolución y Cultura que fue otra escuela para mí. Aprendí Periodismo de personas como el escritor Jaime Sarusky y Enrique Vignier; de jefe de Redacción estaba el escritor Enrique Pérez Díaz. Después traje a trabajar a la revista a Marilyn Bobes que había estado en Prensa Latina, y al ya lamentablemente fallecido Amado del Pino, periodista, teatrista, investigador, amigo. Fue una época hermosa. Recuerdo que tuve que preparar yo sola en un período de vacaciones una revista especial dedicada a José Martí, sin jefe de Redacción, ni redactor, ni corrector, solo con el diseñador que era Rolando de Oraá, que también me enseñó. Cintio Vitier la presentó elogiosamente, de lo cual, sin falsa modestia, me siento orgullosa.

Después pasé a dirigir la Redacción de Narrativa de la Editorial Letras Cubanas, de ahí a dirigir la Oficina de Publicaciones y Proyector Especial del Instituto Cubano del Libro y seguidamente a refundar Arte y Literatura que estaba unida a la Editorial José Martí, fusionándola con la Oficina de Publicaciones. Creo que he sido un poco exhaustiva solo para decirte que en todos estos avatares nunca dejé de editar, revisar y dirigir edicione. La edición es mi vida.

¿Cuándo se puede decir que estamos frente a un editor?

Ya esto lo he respondido en otras ocasiones. Un editor puede estar muy bien preparado en gramática y redacción, incluso en la especialidad de los libros que esté editando, que pueden ser de literatura de ficción, de ciencias sociales, científico, etc, pero si no ama su trabajo, si no tiene la pasión por la excelencia, si no piensa que siempre se puede hacer mejor y trabajar como los relojeros que despiezan hasta el más mínimo tornillo o engranaje, no es un editor.

En la entrevista publicada en Granma haces alusión a la falta de reconocimiento hacia los editores. ¿Crees que la creación de la Asociación de Editores daría más visibilidad a los integrantes del gremio?

Por supuesto, igual que los arquitectos, los historiadores, los economistas y otros que tienen sus asociaciones, donde se tratan problemas específicos del gremio y se ayuda a su desarrollo. Creo que una Asociación de Editores sería muy beneficiosa en todo sentido y ayudaría a que se comprendiera mejor el papel del editor en la sociedad. Es una de las razones por las que escribí El libro del editor que se presenta ahora en la Feria del Libro.

¿Qué me puede decir de este libro?

Como te decía quise dignificar el oficio del editor, pero además pensé en su utilidad sobre todo, pues no teníamos un libro que abarcara los temas necesarios para un editor que empieza y sirviera también de consulta para editores ya formados. En él trato de explicar lo que es un editor, lo que es un libro en sus diferentes partes, los procesos que lleva una edición expuestos uno por uno con todos los detalles que se deben tener en cuenta.

Un capítulo aparte trae las nuevas normas de ortografía de las academias de la lengua, incluyendo la cubana, porque es algo a lo que la mayoría no tiene acceso al no tener en nuestras librerías este libro publicado en España. También un pequeño resumen de la Gramática del 2010, que es la última, con algunas nuevas concepciones sobre el lenguaje escrito, algo de redacción, lo que entendí que pudiera ser más problemático. Por lo que pienso que va a servir para un gran público, no solo para editores.

También desarrollo qué es una editorial, los sistemas de impresión, el ISBN y el ISSN, el derecho de autor, apéndices con la forma de hacer bibliografías, las preposiciones que rigen ciertos verbos, los gentilicios, en fin, hay que ver el libro para saber todo lo que trae.

Sí te puedo decir que algunos temas no pude tratarlos sino de una manera sintética, como es el caso del mundo digital, y otros que ni siquiera pude abordarlos, pues yo pensaba en dos o tres tomos y eso fue imposible, tuve que circunscribirme a un tomo y en este lograr, al menos, lo que consideré más importante.

Muchos editores y estudiantes de letras hemos tenido la posibilidad de recibir de ti, por cursos o diplomados, las herramientas para poder andar por el fascinante mundo de la edición. ¿Qué ha significado para ti?

Poder retribuir lo que aprendí de otros, de mis maestros y de mis compañeros de trabajo. Poder poner un granito de arena en la formación de otros editores o periodistas ha sido de una enorme satisfacción. Me siento feliz cuando me llaman en la calle profe. Pero todos los profesores saben que se aprende enseñando, así que estoy agradecida de todos mis alumnos.

Terminamos nuestra conversación, la veo feliz y solo me queda decir que ha obtenido un premio muy bien merecido.