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Sin una ciudadanía lectora, sencillamente no hay desarrollo real

Josué Pérez, 23 de febrero de 2018

En el marco de la 27 Feria Internacional del Libro de La Habana visitó a Cuba Marianne Ponsford, directora del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), el organismo internacional de carácter intergubernamental que presta asesoría técnica a los gobiernos iberoamericanos en la definición y aplicación de políticas, programas, proyectos y acciones para la promoción del libro, la lectura y el derecho de autor. A casi cinco décadas de su fundación, son muchos los logros y los retos futuros. Su directora, que por diez años dirigió la prestigiosa revista Arcadia, es una extraordinaria promotora cultural y una intelectual comprometida con la democratización de la lectura.

¿Por qué el libro y la lectura deben ser prioridad en una región como América Latina y El Caribe con tantas necesidades, aparentemente, más acuciantes?

América Latina y el Caribe sigue siendo, con muy pocas excepciones entre las que Cuba sobresale, una región asimétrica, con enormes desigualdades. Saber leer, es decir, saber interpretar críticamente un texto escrito, es una competencia ciudadana fundamental que permite acceder a más y mejores oportunidades. No solo en el territorio de la realización personal -espiritual o íntima-, sino en el terreno laboral, y en el de su participación en la vida política de su país, en el más amplio sentido, de su país. Un país desarrollado es un país que tiene una ciudadanía activa, participativa en la vida pública. Saber leer es un derecho fundamental porque es el que permite al ciudadano el ejercicio de todos los demás derechos.

¿Podrá la lectura en formatos digitales contribuir a democratizar el acceso a la lectura?

Por supuesto que sí. La distribución en formatos digitales amplía exponencialmente el acceso a una casi infinita variedad de obras y autores. Y los costos de los libros digitales son significativamente menores, por obvias razones, lo cual es una gran ventaja para los lectores. Sin duda alguna, la lectura en el futuro será digital. Esto no quiere decir que los libros físicos desaparecerán. La historia ha confirmado que cada nuevo desarrollo tecnológico -que permite nuevas formas de arte, y abre la posibilidad de nuevos formatos y nuevos contenidos- viene a sumarse a los anteriores; y las formas antiguas no desaparecen, sino que se ajustan a las nuevas demandas. El libro físico es una tecnología tan sofisticada y asombrosa que no desaparecerá. Pero la promesa de una infinita biblioteca portátil que entraña un celular inteligente con acceso a Internet hará que cambien los hábitos lectores.

Muchos expertos aseguran que el mundo digital impone la más importante revolución, en términos editoriales, desde la invención de la imprenta. ¿Esas posibilidades creativas, casi infinitas de la edición digital, exigirán un lector significativamente superior?

Estoy de acuerdo con quienes afirman que esta es la revolución tecnológica más importante desde la invención de la imprenta. Sin duda. Pero no creo que las nuevas tecnologías exijan un “lector superior”, aunque advierto que no comprendo bien el sentido del concepto. Creo que la lectura digital entraña riesgos y oportunidades que aún no sabemos identificar del todo: ese texto sin orillas, inasible, a veces casi abstracto y potencialmente infinito que es el texto en una pantalla conectada a Internet, puede invitar a una dispersión mayor y a una lectura errática y azarosa que altere la experiencia de la lectura. Pero no creo que sea verdad que Internet esté debilitando nuestra capacidad de concentración. Creo que estamos aprendiendo a manejar una herramienta nueva y desconcertante, y que la domesticaremos con el paso del tiempo. Creo que el espíritu humano necesita las historias, son parte constitutiva de nuestra esencia. Y seguiremos leyendo novelas y cuentos, sean escritos estos de manera colaborativa, por un solo autor, o por la inteligencia artificial.
 
¿Cuánto cree usted que afectan a la promoción de la lectura los procesos seudoculturales, en una época donde la banalidad es ampliamente representada en los modos de lectura audiovisual?

La banalidad no anida ni en un tema, ni en una herramienta tecnológica. Anida en el enfoque. Podemos enriquecernos enormemente leyendo la biografía de una modelo de pasarela, y ser terriblemente banales hablando de Shakespeare. No comprendo –y quizás por ello mismo no comparto- el concepto de “proceso seudocultural”. Creo que debemos celebrar las lecturas transmediales e híbridas propias de la modernidad. Todo lo nuevo pasa por un proceso de agitación y desbordamientos, que luego se sedimenta y encuentra su lugar. No es conveniente ser apocalíptico, y la realidad lo reafirma. Los libros se venden bien, sea en formato físico o digital, y las nuevas tecnologías lo que han logrado es democratizar el acceso a herramientas fabulosas que potencian de manera formidable la creatividad humana. Quienes se pasan el día viendo videos tontos no estarían leyendo a Cervantes si no tuvieran acceso a ellos. La educación de calidad y la promoción de la lectura siguen siendo tan importantes ahora como siempre lo han sido, fundamentales para fortalecer la curiosidad, el criterio y el carácter.

¿Qué obras, especialmente, usted recomienda leer a aquellos que quieren alcanzar el hábito de lectura?

Más que recomendar obras, creo que hay que recomendar a los padres que les lean historias a sus hijos, desde que nacen. Sí, desde bebés. Historias reales, historias inventadas, historias leídas, historias habladas. Cada noche, todas las noches. Cada día, todos los días. Que usen la realidad circundante -la forma de las nubes, la lluvia, aquel hombre viejo que camina solo del otro lado de la calle- para abrir la imaginación de sus hijos. Que jueguen a construir con ellos historias a varias voces, que los inviten a abrir su imaginación a través del juego y el afecto.
 
El CERLALC ha trabajado con mucha seriedad en estos casi cincuenta años. Hoy la región muestra grandes logros y en muchos países existe una sólida conciencia sobre la importancia de proteger el libro y la lectura. ¿Qué retos nuevos prevé el CERLALC en el actual contexto de América Latina y el Caribe?

El progreso es lento, muy lento. Cada nuevo gobierno de la región no trae, necesariamente, bajo el brazo, un Plan Nacional de Lectura. Cada nuevo gobierno no tiene, necesariamente, una comprensión automática de la importancia de construir sociedades lectoras, y no siempre sabe dimensionar cuán fundamental es destinar recursos suficientes al fortalecimiento de su red de bibliotecas públicas y escolares, así como a la promoción de la lectura dentro y fuera del aula. Si bien estos últimos veinte años han visto avances magníficos, El CERLALC sigue teniendo, en este sentido, retos monumentales. La región es, como decía arriba, asimétrica, y debemos concentrarnos en los países más vulnerables, a la vez que actuar como correa de transmisión de procesos exitosos. Es precisamente lo que hacemos. 
 
La Feria Internacional del Libro de La Habana (FILH) tiene características muy particulares en comparación a las restantes que se realizan en la región. ¿Qué valores o cualidades cree que la distinguen y en qué aspectos debe trabajarse más?

Quizás una de las características más notables de la FILH es su extraordinaria presencia en todo el territorio de Cuba, su espíritu itinerante e integrador. Esa política descentralizadora es francamente admirable. Como lo es la política de precios del Gobierno. Me temo que tendría que conocer la Feria mucho más de cerca para poder mencionar sus retos, que como los de toda Feria, deben ser muchos.
 
En el marco de la FILH se relanzará el Programa Nacional por la Lectura. Será una especie de actualización de lo hecho hasta ahora en Cuba por convertir la lectura en un derecho al alcance de todos. ¿Cuán importante puede ser para una nación estar atenta a los hábitos de lectura de sus ciudadanos? 

Es crucial, y por esto debemos todos celebrar esta actualización del Plan. La lectura es una competencia ciudadana vital para el desarrollo armónico de nuestros países. Sin una ciudadanía lectora, sencillamente no hay desarrollo real.

En Cuba existe el Festival del Libro en la Montaña, es una de las maneras que se ha encontrado para que el libro llegue a los lugares más desfavorecidos del país. Las problemáticas de la distribución del libro son disímiles y están presentes en todos los países latinoamericanos. ¿Cómo puede el CERLALC contribuir a solucionar estos escollos al nivel de la región latinoamericana?

En estos momentos, el CERLALC está trabajando en la construcción de una ambiciosa herramienta tecnológica, una plataforma que reúna y visibilice la producción editorial del subcontinente. Es un sofisticado agregador de metadatos, que debe tener si bien no un carácter comercial, si una vocación comercial: es decir, que posibilite que se vendan más libros y que las ideas circulen más y mejor por toda la región. La impresión por demanda solucionará eventualmente los problemas de distribución de nuestra región, pero mientras tanto, el CERLALC presentará a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica, que tendrá lugar en Antigua el 18 y 19 de noviembre de este año, una Declaración para, entre otros asuntos, aligerar las cargas paraarancelarias y burocráticas de las aduanas, e invitar a los gobiernos a crear convenios con los transportadores para abaratar los costos del transporte de libros.

Usted es una defensora del uso de redes sociales como medio ideal para la formación de públicos críticos. Ahora mismo existen fenómenos asociados a las redes sociales, como los booktubers o los chat stories, que eran impensables hace unos años. ¿Qué opina sobre estas alternativas creadas por los jóvenes?

Yo las celebro, por supuesto. Cada generación moldea su creatividad y su necesidad de expresión de acuerdo con las herramientas que tiene a su alcance. El reto de Internet es el del exceso, el de la caótica sobreoferta informativa. Por eso el criterio, la capacidad que tenemos de hacer curaduría de contenidos, vuelve a poner el énfasis en la educación.

El mundo editorial de las transnacionales cada vez apuesta más por la concentración, ya sea por fusión o absorción de editoriales pequeñas por las mayores. ¿Qué políticas serían necesarias para favorecer la difusión de contenidos nacionales, que en verdad representen los intereses auténticos de nuestros pueblos, a veces consumidores de un producto global, ajeno a sus idiosincrasias?

Es labor de los gobiernos nacionales defender, fortalecer y promocionar el talento de sus economías creativas. Apoyar a sus jóvenes para que se profesionalicen, para que encuentren y construyan espacios y públicos adentro y afuera de sus fronteras. Es verdad que dos grandes grupos representan el 80 % del mercado del libro en español, pero así mismo, nunca antes ha habido tantas pequeñas editoriales, nunca antes ha habido tantos autores editores, ni tantas posibilidades de autopublicación en la red. En el margen siempre estará la innovación, la reinvención de las formas y del pensamiento. Hay que ser políticamente incorrecto para ser auténticamente creativo. La globalización ha demostrado no ser necesariamente el más temible enemigo porque las idiosincrasias no son algo estático sino cambiante, como el idioma, que se enriquece con el encuentro con la otredad. El adversario más peligroso es, quizás, el fundamentalismo. La presidencia de Donald Trump lo confirma: es el triunfo de la política del miedo a aquello que desconocemos y, en consecuencia, su satanización.

Si le pidieran salvar los últimos libros que sobrevivirían en el mundo, ¿qué haría Marianne Ponsford?

Echarme a llorar. Y después, secarme las lágrimas y dedicarme a salvar todos los lápices del mundo, y todas las resmas de papel. Ah, y el diccionario de María Moliner.