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El poder de la novela es pequeño pero incontrolable

Javier Rodríguez Marcos, 22 de septiembre de 2017

En tiempos de individualismo feroz, Belén Gopegui (Madrid, 1963) llenó sus libros de colectivos de activistas que muchos consideraban un puro anacronismo. Ahora que, desde el 15-M, el tiempo le ha dado la razón, la escritora reduce los protagonistas de su última novela a dos personajes que dialogan incansablemente. Bajo un título tomado de Walt Whitman, Quédate este día y esta noche conmigo (Literatura Random House) cuenta la relación entre Mateo, un joven de 22 años, y Olga, una matemática retirada, que presentan una particular solicitud de trabajo a Google. Sentada en un bar de su barrio madrileño, Argüelles, Gopegui no da mayor importancia —solo en apariencia— al paso de lo colectivo a lo individual: “Quería contar una historia más pequeña e intensa, más reflexiva. No se puede abarcar todo. Mejor dicho, yo no sé abarcarlo todo”.

Sus novelas anteriores utilizaban recursos del género negro o de la novela de espías para desarrollar una acción de denso contenido político. Esta vez no, de ahí que la apuesta sea doble: “Me interesa mucho la reflexión y el diálogo. Y si no hay trama, ¿por qué inventarla? La trama es la relación entre los personajes. La tarea es inventar, experimentar, no reproducir esquemas. Me dije: voy a mostrarlo desnudo. ¿Qué pasa si el texto se basa en las dudas de los personajes? En el fondo, la duda y la discusión también son una acción”.

Además de las ideas de sus personajes, el motor de la nueva novela de Belén Gopegui fue el primer mandamiento de un viejo decálogo de Google: “Nuestra misión es organizar toda la información que hay en el mundo; como narradora eso es un desafío”, explica antes de añadir un elemento que daría para una historia de terror. “Que quien vaya a organizar toda esa información sea una empresa privada guiada por criterios de rentabilidad es muy perturbador”, añadió. Olga, la matemática de su novela, se pregunta qué pasará el día que Google procese también genomas o recuerdos, y la novelista va más allá: “Eso ya está empezando y tengo la sensación de que la sociedad va muy por detrás. Deberíamos intervenir más en algo que nos afecta muchísimo”.

Para la escritora, la inteligencia artificial será una realidad el día en que las máquinas tengan esperanzas y miedos, es decir, puedan simular el futuro extrayendo consecuencias del pasado. Con todo, le preocupa más el presente. “Hay mucha ciencia-ficción”, dice, “sobre qué pasará cuando las máquinas nos controlen, pero ya hemos puesto en marcha procesos que nos controlan y que no son inteligentes. Procesos económicos que, por ejemplo, van acabando con los recursos naturales. Que apareciera una inteligencia artificial no sería para mí lo más preocupante siempre que sea de verdad inteligente”.

¿Qué papel tendrá la literatura en ese futuro? ¿Le pedimos demasiado o demasiado poco? Ambas cosas, dice Gopegui, quien recuerda que “para tener autoridad necesitas que tus afirmaciones formen parte de una práctica compartida”. El puro yo no sirve. La literatura, subraya, puede todavía ser “un lugar en el que afirmaciones que no son las de la mera publicidad se conviertan en práctica compartida, algo que nos dé ánimo para continuar. El margen de actuación es menor porque la novela ya no monopoliza la narración ni nuestra visión del mundo. Su poder es pequeño pero incontrolable, esa es su fuerza”.

Mateo y Olga se llevan 40 años y otra pregunta sobrevuela en Quédate este día y esta noche conmigo: ¿llamamos madurez al conformismo? “Es el viejo debate de que cuando creces te haces conservador… y no lees novelas (ríe). Muchas de las personas más luchadoras y honestas que he conocido eran muy mayores”. La novela está dedicada a la memoria de Carmen Martín Gaite, amiga de Gopegui, y algo de la relación entre ambas se refleja en ella: “Esa sensación que tiene Mateo de ir a casa de Olga y encontrar su sitio yo también la tenía. Fue un regalo: hablar con alguien que tiene mucha más experiencia y que no rehúsa escucharte. Y eso que hubiera podido decir: ‘Ven aquí, que te dicto”.

Tomado de El País

Foto de la autora tomada de Ecured