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Clubes de libros: ¿Una clave para fidelizar lectores?

Daniel Gigena, 22 de octubre de 2019

Afianzar el hábito de lectura, fidelizar lectores y crear una suerte de red en torno a las últimas novedades del ámbito cultural. A grandes rasgos, esos parecen ser los objetivos principales de los clubes de libros, que, de un tiempo a esta parte, pisan con más fuerza en Argentina. Modelos de afuera a la hora de inspirarse no faltan. En España, por ejemplo, existen varios clubes de libros de diferentes perfiles, con cientos de socios. En Brasil está Tag (taglivros.com), que se presenta como una «curaduría de libros», y superó en 2019 los dos millones de suscriptores. Cada mes, los socios de Tag reciben una caja con un libro de edición exclusiva (en tapa dura), una revista informativa sobre la vida y la obra del autor, un señalador y un regalo extra. También hay clubes de lectura para niños, jóvenes y adultos, e incluso Amazon ha fundado recientemente su propio club.

A diferencia de lo que sucede en todos esos países, la modalidad de los clubes de libros no termina de configurarse como algo masivo en la Argentina, pero lo cierto es que cuenta con varios exponentes que, de a poco, van sumando miembros y creciendo en visibilidad. ¿Cómo es la metodología? Simple: mediante una suscripción, que se hace de manera digital, los socios de estas comunidades de lectura reciben mensualmente cajas con libros (la cantidad varía dependiendo del club y del combo elegido), además de novedades literarias y el acceso a ciertos beneficios vinculados con el placer de leer.

«Los clubes de lectura son una gran apuesta sostiene Daniel Benchimol, especialista en edición y comercialización de libros y director de Proyecto 451 ( proyecto451.com). Se los conoce también como cajas de suscripción o cajas literarias. En la Argentina está el muy buen caso de Lecturita, We Are Infinite y Bukku, entre otros». En efecto, Lecturita (lecturita.com.ar) está destinado a niños hasta los diez años. Se ofrecen dos libros por mes y se pueden elegir tres combos de libros más sorpresas, a tres precios diferentes. Según Benchimol, el club es un gran modelo para los tiempos que corren, «una era de sobreabundancia y sobreoferta de contenidos, en la que lo que necesitamos como lectores no es seguir sumando oferta, sino visibilizar los contenidos que pueden ser interesantes».

Justamente por ese motivo, el trabajo de curaduría es clave. «Es probable que veamos desarrollarse modelos similares en todas las áreas: ficción, no ficción, educativa, infantil, por género, etcétera aventura Benchimol. Y como negocio hacia la industria es un esquema que cierra mucho mejor que el modelo tradicional. Aunque se trate de un modelo de productos físicos, toda la estrategia es digital, con una dinámica de servicio (más que la venta de un producto se provee un servicio) que alrededor del libro físico implementa una serie de estrategias digitales: comunidades, aplicaciones, muchísima actividad en redes sociales».

Yendo hacia atrás en el tiempo, vale la pena recordar que el primer club argentino de libros nació en 2008 y fue creado por Victoria Rodríguez Lacrouts y Josefina Heine. «En ese entonces Sur de Babel tenía un doble objetivo: difundir el trabajo que estaban haciendo un montón de sellos independientes, post 2001, que vinieron a llenar un hueco cultural y comercial que había en ese entonces en nuestro ecosistema editorial y, además, acercar esos libros a lugares del país adonde no llegaban, debido al grado de concentración que hay en Buenos Aires», recuerda Rodríguez Lacrouts. Ella y Heine empezaron en aquel momento a difundir el proyecto en varias provincias. «Para reforzar nuestro segundo objetivo, no cobrábamos el envío, algo que viéndolo con perspectiva comercial era el horror. Los costos de envíos de libros (por más que haya convenio con las cámaras) son ridículamente caros: sale más caro el envío que el libro».

En parte por la logística, el proyecto federal de Sur de Babel quedó truncado. «Es una de las causas principales por las cuales un club es difícil en nuestro país. Algunos de los proyectos que veo ahora son buenos y son coquetos, apuntan a un tipo de lector que espera más la experiencia que el libro. Esa aura de creatividad y facilidad y felicidad que se les quiere dar a los emprendimientos es un poco engañosa, poco realista. Aun así, la verdad es que siempre pensamos en volver», concluye.

Por otro lado, hoy está bien activo Escape a Plutón (escapeapluton.com.ar), una plataforma de curaduría literaria que «funciona como un club de libros, a la manera del antiguo Club del Libro del Mes fundado por Harry Scherman en Nueva York, en la década de 1920», como dice Martín Jali, escritor, editor y director del club. «Todos los meses seleccionamos un libro, tanto para adultos como para niños, que los socios y socias reciben en sus casas, en cualquier lugar del país, entre los días 10 y 20», completa.

Socios y socias plutonianos (con domicilio en CABA y GBA) reciben las cajas en sus casas, pero además acceden a distintos beneficios, como descuentos en el catálogo de la editorial que se presenta cada mes, invitaciones a eventos, obsequios sorpresa y acceso gratuito a una colección de libros digitales, entre otros.

Para Jali, la modalidad de los clubes y otros sistemas de membresía crece año a año en el mundo. «En la Argentina sé que hay varios con formas más o menos parecidas, pero no existe un vínculo concreto ni un espacio en común que integremos, más allá, claro, del interés común, del modelo de negocio que llevamos adelante y del amor por los libros y la lectura».

El club Bukku (bukku.com.ar), por su parte, selecciona novedades de ficción realista contemporánea, como novelas de Milena Busquets, Sergio Bizzio y Romina Paula. También se acompañan los ejemplares con regalos sorpresa y playlists. Creado en 2018, ya tiene cerca de 800 socios.

«Mi sensación es que nuestra presencia es cada vez más fuerte y hoy formamos parte, más allá del volumen de ventas de cada plataforma, de la agenda de muchas editoriales y autores, ya sea para presentar novedades, poner en circulación sus libros o simplemente darse a conocer a un público especializado», revela Jali.

Lectura en equipo

Mientras tanto, los socios de los diversos clubes de libros comparten sus lecturas en redes sociales, recomiendan títulos e invitan a sumarse a la experiencia de leer en equipo. «El objetivo es sorprender cada mes, convertir la lectura en un viaje delirante a través del espacio. De hecho, este concepto de alejarnos de lo que se presume que quieren los lectores es una búsqueda que nos distancia de una dinámica propia del mundo en el que vivimos, y que tiene que ver con los algoritmos que recomiendan libros de acuerdo con las lecturas previas o patrones de consumo de los lectores», plantea Jali.

En este sentido, no está de más recordar que Amazon, Tematika y otras plataformas, como pasa con Netflix o Spotify, tienden a recomendar y sugerir de acuerdo con los gustos preestablecidos y las búsquedas o menciones previas de los usuarios. «Ahí se vuelve todo muy repetitivo, cuesta escapar y descubrir títulos nuevos o ingresar en una aventura lectora», señala Jali.

Es decir que, con la tecnología y contra la tecnología a la vez, las sorpresas que deparan los clubes de libros fomentan y singularizan la experiencia literaria.

Tomado de La Nación

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