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Premio Cervantes para Ida Vitale

Javier Rodríguez, 23 de abril de 2019

Ida Vitale dice que no esperaba el Premio Cervantes, pero que si se lo hubieran dado hace 10 años habría estado en mejores condiciones para responder a tantas preguntas y tantas invitaciones como le toca responder estos días. Hace 10 años hubiera tenido 85 y, vista la energía que despliega a los 95, es difícil imaginar qué condiciones habrían sido esas. La poeta uruguaya salió de Montevideo el viernes pasado y volverá a su ciudad natal el 13 de mayo después de un maratón de actos que sobrelleva con un humor que ella misma denomina “cervantino”. “El humor, afirma, me permite asumir todos los riesgos”.

El programa de festejos ha empezado este lunes cuando pasadas las 11 de la mañana entró en el Salón del Patronato de la Biblioteca Nacional de Madrid y se disculpó ante los periodistas por el retraso y por darles trabajo en la madrugada. “Soy bicho más bien nocturno”, aclaró. Tras una presentación en la que Olvido García Valdés, directora general del Libro, recordó a la poeta alicantina Francisca Aguirre, recientemente fallecida, Vitale improvisó una clase magistral en la que habló de su primer contacto con el “lenguaje transparente” del Quijote, de sus incursiones en la biblioteca italiana de su abuelo —un tío le traducía a Ariosto—, de su amor por México —donde vivió exiliada una década (“lo único que no echo de menos es el picante”)— y de la importancia de “no entenderlo todo” cuando se lee. “Lo importante es que quede una semilla de curiosidad”, explicó. “Si no entiendes nada, cierras el libro; si lo entiendes todo, no vuelves a él”. Y añadió con sorna: “Ya dejé caer mi gota pedagógica”.

También se rebeló contra la idea de que el Cervantes culmine su carrera porque negó la mayor: “Eso de carrera… Yo fui muy lenta, nadie me exigió... No sé, me gustó escribir. Llegar a los 95 años tiene sus ventajas, pero te asalta la conciencia de no haber trabajado lo suficiente. Yo me leí entero a Galdós, todas las novelas y los Episodios nacionales. Escribió muchísimo. Y creo que murió antes”.

Lo que sí agradece al galardón que hoy martes recibirá en Alcalá de Henares es la posibilidad de cumplir con un encargo que se había hecho a sí misma: dejar en España un original de José Bergamín, su maestro en la Facultad de Humanidades de Montevideo, ciudad en la que el escritor madrileño se instaló tras la Guerra Civil. Terminada la charla en la Biblioteca Nacional, lo depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes junto a dos ejemplares de sus libros La luz de esta memoria (el primero, de 1949) y Cada uno en su noche (el tercero, de 1960).

Luis García Montero, director de la institución, leyó el poema de Ida Vitale "Mi homenaje" (Al que se acuerda de mí. / Al que me olvida) y ella subrayó la generosidad de Bergamín con su generación antes de cerrar —hasta el 2 de noviembre de 2023, fecha en que cumplirá 100 años— la caja con las 91 páginas amarillentas de Crítica trashumante (un pájaro dibujado por su autor sobrevuela en la portada una fecha manuscrita: 1950). “Es el lugar donde debe estar”, dijo. “Me da mucha pena, pero yo tengo poco tiempo por delante”. Con la caja aún abierta añadió: “Agradezco la oportunidad de quedarme con la conciencia tranquila”. Cuando García Montero le entregó una de las llaves, Vitale miró a los congregados para certificar: “Soy testigo de que no se lo ha metido en el bolsillo”.

Tomado de El País