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Con los libros se olvidaban los problemas

El País, 19 de octubre de 2018

Isabel Gallego y Ana Martínez son las artífices del proyecto de La Botica del Libro en Cartagena, España, que se ganó este año el Premio Nacional de Fomento de la Lectura por su labor de integración a través de la literatura.

Las socias fundadoras de La Botica del Libro, dicen que quizá es un premio “demasiado grande” para un proyecto “muy humilde”.

Pero el jurado les consideró merecedoras del galardón por “la convicción que muestran respecto al poder de los libros para cambiar la vida de las personas” con este espacio cultural de integración social con dos sedes en barrios humildes de Cartagena donde lo mismo se enseña español para extranjeros, que se intenta atraer a las adolescentes a la lectura a través de las revistas o se ayuda a chavales con los deberes del colegio.

Ambas nos cuentan cómo surgió el proyecto y sus perspectivas actuales.

Martínez, sentada en una de las salas de La Botica madre —el centro situado en Lo Campano, barrio marginal a las afueras de la ciudad—, recuerda que todo comenzó en 2004, con un grupo de educación para adultos al que asistían madres para “sacarse el graduado escolar o incluso aprender a leer”. Se dieron cuenta de que “los libros curan” cuando quienes acudían a sus clases les dijeron que “se les olvidaban los problemas”. “Muchas mujeres se quedaban un par de horas cada día leyendo en una de nuestras aulas, buscaban refugio en los libros”, afirma Martínez. En estas clases de educación de adultos surgió La Botica, que impulsó el grupo de teatro García Lorca para ayudar a estas mujeres a conocer el mundo de la literatura trabajando textos como La casa de Bernarda Alba.

El segundo centro de La Botica del Libro se encuentra en la barriada José María Lapuerta, donde viven muchas familias de inmigrantes. En la asociación de vecinos se organizaron clases de español, que desembocaron —gracias al apoyo de Luis López, presidente de la asociación— en la creación de La Botica intercultural, donde trabajan con libros en otros idiomas donados por vecinos del barrio o que traen los propios usuarios cuando viajan a sus países de origen.

Los inicios de esta botica fueron “difíciles” porque a la gente no le gustaba que se incluyera a los inmigrantes en las aulas de la asociación de vecinos, afirma Gallego. Por eso, tuvieron que empezar trabajando la tolerancia para la integración de los inmigrantes.

En La Botica del Libro se encargan de ayudar a jóvenes y adultos a iniciarse e integrarse en el mundo de la literatura. Intentan transmitir el amor que sienten por los libros, por todos: “He aprendido a no clasificar la literatura como de primera o de segunda, es importante leer a los clásicos pero hay que valorar que un best seller puede ser el pasaporte para que una persona se haga lectora”, afirma Ana Martínez. Algunas iniciativas que llevan a cabo consisten en el reparto de cestos de libros por comercios del barrio o la prescripción de libros por medio de recetas: medicinas para la tolerancia, para amar el cine, para aprender idiomas…

Las impulsoras del proyecto cuentan que muchos niños se han llegado a pelear por tomar prestado un libro pero cuando llegan a la adolescencia, ese interés decae. Sin embargo, han encontrado una salida para que sigan leyendo, el quiosco: una estantería con revistas que “acercan a las adolescentes a la lectura”. A partir de ahí, viendo el interés que muestran, pueden "aprovechar para venderles” un libro, indican.

Contacto con los colegios

Los menores asisten cada tarde al local de Lo Campano —cedido por el Ayuntamiento— para hacer los deberes. Cuando terminan su tarea les permiten coger un libro o practicar algún deporte. Para incentivar el trabajo les dan puntos que, al final de la semana, pueden servirles para hacer una excursión a la ciudad, algo que se valora mucho porque “algunos nunca han salido del barrio”. Con estas prácticas han conseguido que el absentismo escolar se reduzca del 80% al 45%.

Muchos padres de Lo Campano piden a los voluntarios que les acompañen a las tutorías del instituto. “Confían en nosotros para ayudarles en la formación de sus hijos”, indica Martínez, que valora cada pequeño paso que da un alumno. “No buscamos grandes éxitos, cuando un alumno aprueba un examen es un éxito. Si llegan a Bachillerato o a Formación Profesional, para nosotras es como si se hubieran doctorado”, afirma Gallego, que recuerda que uno de los lemas de La Botica lo resume el escritor Eduardo Galeano: "Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo".

Tomado de El País