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Un siglo atrás

Leonardo Depestre Catony, 15 de junio de 2018

El día que me quieras tendrá más luz que junio;
La noche que me quieras será de plenilunio
Con notas de Beethoven gimiendo en cada rayo
Sus inefables cosas
Y habrá juntas más rosas
Que en todo el mes de mayo.

Este 2018 recordamos los memoriosos el centenario de la visita a La Habana de un poeta mexicano que en su tiempo trastornó el sueño de los lectores, de las damas y hasta de la crítica. La popularidad de Amado Nervo llegó aparejada con la publicación y difusión de sus libros y también, no se dude, con la época que le correspondió vivir.

De entre los autores del vecino México nadie fue mejor conocido. El autor de La amada inmóvil y otros poemarios tuvo la facultad nada fácil de escribir para los grandes públicos y echárselos en un bolsillo. Y ahora viene lo que más nos concierne: tan celebrada personalidad llegó a La Habana un 15 de junio de 1918, cuando tenía 48 años y considerable fama en Hispanoamérica.

La revista El Fígaro, en su edición de aquellos días, reproducía la foto de Nervo: el rostro dramático, la expresión triste, los ojos en busca de algo indefinible en la lejanía, la calvicie al descubierto. Con el mayor respeto: la fotografía, en sí misma, es todo un poema.

Además de escritor, Nervo se desempeñaba como diplomático y en tal condición, la de secretario de la Legación Mexicana, pasó por la ciudad. Su trato era exquisito y resultó muy bien acogido por la intelectualidad nacional.

Un semanario cultural decía: “Entre los poetas nuevos, los de la gran generación, Darío y Nervo han sido los preferidos: en los altos círculos y en los cenáculos de artistas, ningún otro ha alcanzado como ellos tanta resonancia ni tan noble admiración”.

La visita fue breve, aunque el poeta la aprovechó para dejar varios textos de narrativa y verso en las redacciones de algunas revistas. En El Fígaro entregó uno titulado "El día que me quieras":

El día que me quieras tendrá más luz que junio,
La noche que me quieras será de plenilunio...

A las dotes del intelecto suma Nervo la exquisita bondad de trato y carácter. El lírico lo lleva por dentro, emana de los actos y los versos. Un compositor de entre los más notables, Eduardo Sánchez de Fuentes, incorpora música a algunos de los poemas de Nervo.

Con su presencia en La Habana satisfizo la curiosidad de las damas lectoras de su obra, renovó el siempre polémico interés de los críticos y hasta despertó el celo de “los caballeros”, como se acostumbraba decir en la prensa. En cuanto a los libreros, pues ellos hicieron su zafra, vendiendo cientos de ejemplares de poesía y en especial aquellos con la firma de Amado Nervo.

El día de la despedida acudieron al muelle viejos y nuevos amigos, admiradores y periodistas. Como siempre sucede en estos casos, todos esperaban verlo pronto de vuelta, él no lo negó y todo quedó como una oración con tres puntos suspensivos. Pero lo inesperado ocurrió al año siguiente, el 24 de mayo de 1919, en Montevideo, cuando Amado Nervo murió. Con su desaparición física, el poeta de la mirada sombría incorporó elementos trágicos a su ya naciente leyenda, que llega a nuestros días, aun cuando hoy son muchos más los que lo identifican y recuerdan que quienes efectivamente se acercan a su obra.

Y he aquí lo un tanto insólito: Nervo regresó a Cuba de manera un tanto inusual, cuando el crucero Uruguay, portador de sus restos, hizo escala en La Habana. Entonces se le rindió homenaje en la Academia de Ciencias, ocasión en que el profesor José Manuel Carbonell destacó que “la muerte fue su musa predilecta, la inagotable fuente de sus inspiraciones y la constante preocupación de su existencia”.

Nacido en Tepic, estado de Nayarit, el 27 de agosto de 1870, y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y de la  Royal Academy of Arts, Nervo fue uno de los poetas emblemáticos del movimiento modernista hispanoamericano. Dejó una obra extensa aunque, en opinión de los especialistas, algo desigual, por lo que se recomienda leer mejor sus poesías antologadas, en las que la selección ha depurado el producto. De tenue musicalidad y sencillo lirismo, ha disfrutado del beneplácito de los lectores y reiteradas ediciones.

Éxtasis de tus ojos todas las primaveras
Que hubo y habrá en el mundo, serán cuando me quieras.