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Federico Fellini: cine, narrativa y periodismo cultural

Lourdes Beatriz Arencibia Rodriguez, 18 de mayo de 2017

Todavía Cuba era una colonia de España cuando el domingo 24 de enero de 1897, en tandas sucesivas que se desarrollaban cada media hora, se visionaron las primeras proyecciones de largo metraje del cine silente en la sala del Parque Central de La Habana aledaña al teatro Tacón, a solo dos años de la fecha en que se mostraron por primera  vez al mundo en el cinematógrafo Lumière de Paris.1

Federico Fellini, el famoso cineasta italiano de contundente filmografía (Ocho y Medio, La Strada, Las noches de Cabiria, Roma, La Dulce Vida, Julieta de los Espíritus, Amarcord, entre otros títulos emblemáticos exhibidos todos en nuestro país), no necesita pues, especial presentación al lector cubano.  Ni de cara a las juiciosas filas que suelen acudir a nuestras modestas salas de cine, ni ante los especialistas del patio, cuya tradicional inclinación por el séptimo arte  y avisada preparación para ejercer la difícil y comprometida labor crítica, tiene ya una larga historia que ha incidido para bien en la formación y educación del criterio apreciativo del espectador criollo desde Mario Rodríguez Alemán y Enrique Colina, hasta Luciano Castillo y Rolando Pérez Betancourt. 

Pero sucede que Fellini, nacido en Rimini, Italia, fue además, guionista, dibujante, narrador, caricaturista y periodista. “Siempre me gustó dibujar –confiesa- caricaturizar todo lo que guarda relación con la deformación y exaltación de las líneas del rostro humano, las máscaras, etc!”

Pero si bien su vocación de realizador de cine más temprano que tarde se impondría a las demás; de marzo de 1939 a noviembre de 1942, con sólo dieciocho años, Fellini incursionó por el periodismo cultural –una de sus fascinaciones mas recurrentes- y así quedó plasmado en diferentes órganos de prensa de la época.

Esa voluminosa faena de más de 600 cuentos y artículos que suman unas dos mil páginas, hicieron las delicias sobre todo de los lectores del célebre y ya desaparecido semanario romano de corte satírico y humorístico llamado el Marc’ Aurelio, que llegó a tener una tirada de 600 mil ejemplares en los oscuros tiempos del fascismo en Italia, lo cual hace aún  más meritoria la labor de Fellini, independientemente de sus valores intrínsecamente literarios.

En el Marc’Aurelio, Fellini compartió azares y talentos con otras figuras igualmente destacadas como Bernardo Zapponi y Cesare Zavattini.

Sobre el papel que desempeñó el emblemático semanario durante los años fundacionales del cine europeo, Adolfo Chiesa ha señalado: “Casi treinta años de cine italiano de la posguerra encuentran su matriz en este período del Marc’Aurelio, de Fellini  a De Sica; de Monicelli a Sordi y Mafredi, de Chiari a Gassman, de Risi a Ettore Scola”.2

Algunos de estos cineastas por cierto, colaboraron en los momentos fundacionales del Instituto cubano del arte y la industria cinematográfica, ICAIC.

Por los innegables valores de esta producción de  clara influencia chapliniana en no pocos puntos, por la agudeza de su mirada anticipadora del humor psicológico de evasión que iba a caracterizar su producción ulterior como cineasta dotado de un extraordinario y poco común poder  de observación, por los posibles paralelismos sugeridos o evidentes que cabe establecer en  no pocos de esos relatos con sus películas posteriores, hemos seleccionado un cuento, inédito hasta el presente y, que sepamos, jamás traducido al español, para acercar al lector hispanohablante a esta faceta menos estudiada del célebre cineasta italiano.

Al abordar mi labor de traducción  de “La noche de bodas” y de otros cuentos, que no incluyo en Traduttore, Traditore, por razones de espacio,3 percibí que Fellini había construido historietas lineales en su mayoría, sencillas y directas, con frases cortas y concretas, que producen una estructura narrativa relativamente uniforme. El autor rehuye además, artificios de estilo y acentúa el poder de las imágenes mediante el uso de adjetivos, a menudo presentados de tres en tres, (paredes abolladas, hinchadas, descorchada; rostro descolorido, perdido y aterrado; cuartucho pequeño, húmedo y sombrío; cansados, liquidados, decepcionados)  imposibles de reducir en la traducción so pena de amputarles su función hermenéutica. En el joven periodista que era Fellini en esa época,  su propuesta a la manera de croquis o bocetos se me antoja precursora de un lenguaje cinematográfico más maduro con el propósito de  trasladar al poder de la imagen y a la “poiesis” del espectáculo  el cuidado de definir los perfiles psicológicos de la trama que narra.

 

                    ESPOSOS DESDE HOY

Por Federico Fellini (de la trilogía sentimental “El primer amor”, “Los noviecitos” y Los recién casados”), Marc’Aurelio, 28 de febrero de 1942.

 

La noche de bodas.

Venimos de recorrer todos los hoteles…Llenos al tope…Nos dijeron que aquí, en el Cóndor, alquilaban habitaciones y por eso…La mujer, menuda y flaca, los observó sin decir palabra; tenía la frente arrugada por encima de sus ojillos de alfiler, las manos nerviosas, cruzadas sobre la barriga. Miró las tres maletas una por una, luego examinó en silencio las ropas que vestían “¡Recién casados!” Federico asintió muy serio a la par que enrojecía. “Dios mío, ¿cómo puede uno casarse tan joven?” ¡Qué tesoros!; ¡Ay, juventud, juventud!...Y la mujer movió la cabeza como para mostrar una compasión que pretendía ser afectuosa y comprensiva. Federico tosió mirando de reojo a Bianchina. “Entonces…¿quieren una habitación?” Unos instantes después, se detenían frente a una puerta que la mujer había abierto.

La cama era antigua, enorme…

Inmediatamente, ambos desviaron la vista ruborizándose y mientras la mujer se empecinaba en recorrer la habitación y en tocar cada objeto, los recién casados se miraban y se sonreían con aire tímido e incómodo. Federico pagó, sacando a la vez del bolsillo todo el dinero que llevaba y escuchó distraído a la mujer que contaba lo malo que era su hijo que no quería que por nada del mundo se alquilara aquella habitación cuando él no estaba en casa. Pero los dos podían estar tranquilos, el hijo no estaba hoy en la ciudad y no lo esperaba hasta mañana, tarde a mediodía.

“Cualquier cosa que necesiten, estoy en el cuarto del fondo…¡Buenas noches y felicidades! “

Y la mujer salió, luego de esconder el dinero en el seno y de echar una última mirada maliciosa a Federico y Bianchina.

Los esposos bajaron confusos la cabeza. Una vez solos miraron a su alrededor con una expresión infinitamente triste. Un cuarto antiguo, una tapicería descolorida, fotos lúgubres de gente vieja en las paredes.

“¡Todo bien mi Pollita?  preguntó Federico esforzándose por sonreir.

Bianchina asintió , pequeña y pálida.

“¡Bien Chico!”

Los dos suspiraron largamente.

Blanco como papel y con el corazón queriendo salírsele del pecho, Federico se mira ahora en el espejo de un pequeño cuartucho húmedo y sombrío, casi enteramente ocupado por una enorme bañera descascarada. Ha pensado en desvestirse allí,  pero cada vez que se encamina a la puerta para recoger la ropa se detiene, y le parece que el corazón está a punto de estallar, le tiemblan las piernas…

¡Es la primera noche, la primera noche, ¿me entiendes?”.

Y examina su rostro descolorido, con aire perdido y aterrado. ¿Estará Bianchina ya en la cama? No la puedo dejar mucho tiempo sola en aquel cuarto tan lúgubre. Las paredes abolladas, la pintura hinchada y descorchada. Una cucaracha gira sobre sí misma en un rincón, a toda velocidad.

¡Ser feliz! ¿Cómo va a ser posible si todo siempre sale al revés? Habían planeado casarse en una iglesita de campo, sin invitados, sólo con los testigos, dos  amigos del pre. Pensaron en el calor mullido de los coches –cama, en las reverencias obsequiosas del maletero uniformado como el de un gran hotel…”Por lo menos un casamiento especial, para nosotros solos, sin familiares ni gente ruidosa…” ¿Y en lugar de eso? La boda más convencional y burguesa. Hubo uno que se emborrachó en la estación y la gente volvia la cara para mirarlo. Un viaje larguísimo, de pie en el pasillo helado, la llegada a una ciudad antipática, cansados, liquidados, decepcionados. Y luego, a mediodía, caminando todo el tiempo de un hotel a otro, con las maletas que pesaban cada  vez más. Y ahora, este lugar, con fotos de muertos, cucarachas…

“¡Está bueno ya, Federico! Estás al lado de tu mujercita. Vamos, muévete!” Y Federico se sorprende dando vueltas, avanzando a tientas por el pasillo oscuro. Apelando a toda su buena voluntad, abre suavemente la puerta del cuarto. Bianchina, que ya está en la cama , tapada hasta la barbilla con la frazada, lo mira ansiosa con sus grandes ojos temerosos.

“¿Qué tal?”

La recién casada esboza una débil sonrisa. Federido da unos pasos. Mira la ropa que está sobre la silla. La sayuela negra, las medias. Levanta una, muy suavemente con ligeros temblores.

“Qué bonita… es…¿es tuya?”

Bianchina se pone colorada

“Claro Federico…¿de quién va a ser”

Lo llamó Federico y no Chico como siempre hace. ¿Por qué? Una pausa. Muy larga.

Federico se acerca un poco más. “Me voy a sentar aquí un momento…” y bosteza.

“Y tu ropa Chico?

Pero el otro no entiende. “¡La ropa! “ Federico se sacude ¡Ah!

La dejé en el baño…”la recogeremos mañana”

Pasean lentamente la vista por la habitación y cuando sus ojos seencuentran se sonríen.

“La lámpara grande no alumbra, ¿verdad? “

Bianchina mueve la cabeza. Otra pausa más, y luego saca una mano tímida fuera de la frazada.

“Federico…”

Se vuelve para mirarla, teme que se oiga cómo late su corazón. Bianchina se agita un poco cuando se le acerca

“Esto es un poco cómico, ¿no?”

El joven esposo le acaricia ahora el cabello con la mano.

“¿Qué? Bianchina tiene ahora una sonrisa bien triste  “Tú y yo solos en este cuarto…¿acaso alguien piensa en nosotros Chico?”

El recién casado tiene miedo de responder, Siente como un nudo en la garganta….

“Todo el mundo piensa en nosotros mi Pollita , es natural…somos marido y mujer”

Un escaparate rechina en la sombra.

“¿Soy tu mujer Chico?”

El otro le sella la boca con un dedo-

“Sí, eres mi mujer…Sonrien infinitamente solos. Pero no hay por qué tener miedo, no puede ser que se me esté subiendo algo a la garganta…

” Bianchina…Bianchina, te amo tanto”-

La recién casada se sienta en la cama

“Dame un besito Chico, vamos a quedarnos así…”

Poco después, Federico y Bianchina caminan por una callejuela oscura. El hijo malo de la casera llegó de improviso. Se puso a dar gritos y puñetazos en la puerta. De manera que se tuvieron que vestir a la carrera, y agarrar las maletas.

“Sí, sí, ya nos vamos…” Y casi se pusieron contentos, contentos de irse, contentos de salir de aquel cuarto.

Demasiado jóvenes para jugar a los recién casados, demasiado íóvenes…. Federico ni siquiera reclamó que le devolvieran el dinero. Caminan en silencio por las calles oscuras. Es noche cerrada. Dan vueltas y vueltas hasta el amanecer.

Mañana saldrá el sol, a lo mejor podremos encontrar realmente un hotel.

“No tiene por qué ser siempre así Bianchina ya verás….”

Y caminan con las pesadas maletas por calles, plazas y avenidas tratando de sostenerse por el brazo. Se detienen frente a un monumento blanco:  No hay nadie en la ciudad, nadie…Sólo ellos, dos recién casados algo tristes. Dejan las maletas en el suelo, se miran

“No tengas miedo mi tesoro…no llores!

Se paran aquí, al lado de ese monumento que mira a las estrellas

“¿Todo bien, mi Pollita? le tiembla la voz

“¡Muy bien Chico!

Sonríen con lágrimas en los ojos y se abrazan muy fuerte. Permanecen así, esperando el sol. En alguna parte de la ciudad ladra un perro…

Notas

1. Véase: Lourdes Arencibia. “La traducción del discurso y la imagen fílmica: lo posible y lo imposible”, Revista de Cine Cubano Nº 156, 2003, pp. 36-44; y véase también: Ignacio Ramonet, Cuba, cine y sociedad,  traducción de Lourdes Arencibia, ediciones ICAIC (en prensa).

2. A. Chiesa. Antología del Marc’ Aurelio, Roma, Ed. Napoleonne, 1974, p.10.

3. Publicados en la Revista de la Facultad de Humanidades y Lenguas Modernas de la Universidad Ricardo Palma de Perú, Nº 10, diciembre de 2007, pp. 111-118.
 

Editado por Heidy Bolaños