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Poetas traductores en la generación del 27: Rosa Chacel

Olga Sánchez Guevara, 18 de octubre de 2018

Rosa Chacel Arimón (Valladolid, 1898-Madrid, 1994), tal vez la gran olvidada de la generación española del 27, incursionó con éxito en casi todos los géneros literarios, incluyendo la traducción. Algunas de sus novelas se reeditaron varias veces; una de ellas, Memorias de Leticia Valle, fue llevada al cine en 1979.

Sobrina nieta del poeta romántico José Zorrilla, Rosa creció en un ambiente familiar propicio para que alcanzara una amplia cultura literaria, aunque por su frágil salud fue educada por la madre en su casa hasta los nueve años. Desde los once asistiría a la Escuela de Artes y Oficios en Madrid –adonde la familia se había trasladado en 1908–, y luego a la Escuela del Hogar. En 1915 ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid, donde conoció al que sería su esposo, Timoteo Pérez Rubio. Frecuentó el Ateneo de Madrid y allí dio su primera conferencia, titulada “La mujer y sus posibilidades”. En esa etapa colaboró en la revista vanguardista Ultra, y se relacionó con José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez y otros.

Se casó con Timoteo en 1921, y desde 1922 residieron los dos en Italia hasta 1927, año en que regresaron a España. Durante la etapa republicana el pintor fue nombrado presidente de la Junta de Defensa del Tesoro Artístico Nacional, y arriesgó su vida para trasladar a Ginebra las obras del Museo del Prado y otras, salvándolas así de la guerra y los bombardeos. Rosa y su hijo se trasladaron entretanto a Barcelona, Valencia y París. Durante una breve etapa residieron en Grecia, en casa del escritor Nikos Kazantzakis. Más adelante Rosa traduciría al español su libro Libertad o muerte (Buenos Aires, Carlos Lohlé, 1957).

Por fin, en 1940, se reunieron el matrimonio y su hijo en Brasil, donde vivieron varias décadas. “El exilio fue tremendo”, afirmaría muchos años después Carlos Pérez Chacel, el hijo de Rosa y Timoteo. “Para un ciudadano común, el concepto es menos terrible que para un profesional de la cultura, que sufre consecuencias muy desfavorables por el hecho de estar desarraigado. Pero no se podía optar, era impensable volver a la España de Franco”. A María Zambrano, exiliada como ella, dedicó Rosa un poema que transcribo aquí como muestra de su quehacer poético:

A María Zambrano

Una música oscura, temblorosa,
cruzada de relámpagos y trinos,
de maléficos hálitos, divinos,
del negro lirio y de la ebúrnea rosa.

Una página helada, que no osa
copiar la faz de inconciliables sinos.
Un nudo de silencios vespertinos
y una duda en su órbita espinosa.

Sé que se llamó amor. No he olvidado,
tampoco, que seráficas legiones,
hacen pasar las hojas de la historia.

Teje tu tela en el laurel dorado,
mientras oyes zumbar los corazones,
y bebe el néctar fiel de tu memoria.

Chacel fue una prolífica traductora, y trasladó desde el francés a Racine (Seis tragedias, Madrid, Alfaguara, 1983), Camus (La peste, Taurus, Madrid, 1957, con numerosas reediciones) y Jean Cocteau (Reinaldo y Armida, en colaboración con Miguel Alfredo Olivera, Buenos Aires, Emecé-Teatro del mundo, 1952); del inglés a Christopher Fry (La dama no es para la hoguera, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1955), y del griego a Nikos Kazantzakis.

En 1996, cuando la editorial Alianza comenzó su nueva edición de las obras de Albert Camus, el editor jefe comentó que, después de una lectura general y una revisión de todos los textos, él y su equipo decidieron encargar traducciones nuevas de algunos, pero conservaron, entre otros, “la magnífica versión de La peste” realizada por Rosa Chacel.

Rosa escribió poesía, novelas, cuentos, ensayos, biografías y sus diarios, altamente valorados como testimonio de su época. De su obra se destacan la novela La sinrazón (1960); Balaam y otros cuentos (1989); la antología Poesía, que recoge los libros de versos A la orilla de un pozo y Versos prohibidos (1978), y la biografía novelada Teresa (1941), sobre Teresa Mancha, la amante del poeta romántico José de Espronceda. Por la novela Barrio de Maravillas (1976) obtuvo el Premio de la Crítica.

En 1980 se publicó en Madrid la biografía Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín, de la que su autora afirmó: “No es mi autobiografía, aunque sí son, en buena parte, mis recuerdos... Es su biografía, por mí, que he vivido, hasta la última, muchas páginas de su vida. (…) En este libro cuento cómo era Timoteo Pérez Rubio, el hombre que salvó los fondos del Museo del Prado. Cuento cómo y por qué y qué pintaba. Y cuento los momentos malos y los buenos, las dificultades y las alegrías que vivimos juntos desde que nos conocimos en 1915, cuando entramos los dos en la Escuela de Bellas Artes de Madrid”.

Tras alternar estancias en Madrid y Río de Janeiro, esta gran dama de la literatura volvió a residir en su país años después de la muerte de su esposo, acaecida en Rio de Janeiro en 1977. Rosa Chacel había merecido el Premio Nacional de las Letras de España en 1976; la Universidad de Valladolid le concedió el doctorado Honoris Causa en 1987, y en 1990 recibió el Premio Castilla y León de las Letras. Chacel falleció en Madrid en 1994, y desde 1996, sentada en un banco de parque, su estatua de bronce contempla la Plaza del Poniente en su natal Valladolid.