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Luís Filipe Castro Mendes

Olga Sánchez Guevara, 09 de noviembre de 2017

El escritor, poeta, narrador y político portugués Luís Filipe Castro Mendes nació en Idanha-a-Nova, Portugal, el 21 de noviembre de 1950. Estudió Derecho en la Universidad de Lisboa y siguió la carrera diplomática, en la que a partir de 1975 se desempeñó sucesivamente en Luanda, Madrid y París. En 1986 fue nombrado Gran Oficial de la Orden del Infante Don Henrique de Portugal; en 1991, Comendador de la Orden del Mérito de Portugal, y en 2003 recibió la Gran Cruz de la propia Orden. Desde abril de 2016 es ministro de Cultura de su país.

Castro Mendes publicó sus primeros poemas a fines de los años sesenta del siglo XX, en el suplemento juvenil Diario de Lisboa y en el suplemento literario del diario La República. Su primer libro de poesía, Recados, vio la luz en 1983, y le siguieron, entre otros, los poemarios Seis elegias e outros poemas (1985), Viagem de Inverno (1993), Modos de música (1996) y Os dias inventados (2001), así como narraciones y ensayos.

La breve muestra de poesía que presentamos fue tomada de dos libros recientes, A misericórdia dos mercados (2014) y Outro Ulisses regressa a casa (2016).


***


Otro Ulises regresa a casa

Ciudades que nunca atravesé, nombres que resuenan desde la infancia,
Samarcanda, Trebisonda, ciudades que nunca vi,
promesas por cumplir de un atlas hojeado en la infancia,
en otro siglo, en algún otro siglo.

Ciudades como casas deshechas,
cajuelas abiertas en el suelo, gavetas por vaciar,
libros que siempre sobran.
Es fácil resumir una vida.
Lo que de ella quedará, no lo sabemos. Pero ciertamente
nada.

Quedan las palabras encontradas en un viejo atlas:
Samarcanda, Trebisonda.
Un día. Un día estaré allá.


***


Nuestra tierra

¿A qué tierra podemos llamar nuestra,
sin que un desafío nos haya hecho medir fuerzas con ella
hasta pedirle perdón?
No hablo de los vencedores, de los que no son de ninguna tierra
y de todas se apropian.
No hablo de la lucha con el Ángel:
el Ángel nos vence siempre
y no necesita lucha alguna para quebrantarnos.
Hablo de nuestra deuda con la tierra,
de esta conciencia brusca de amanecer un día
al mismo tiempo que el mundo.


***


Ciudades

Nunca será esta la ciudad que amaste
en el secreto de tu infancia,
con libros y mapas junto al pecho y los sueños
de mares distantes y mujeres inclinadas
sobre la borda de los navíos piratas.

Cualquier ciudad es poco para lo que trae un sueño.
Entretanto, ah, entretanto,
algunos lugares en la tierra pensaste
que podían tornarse una morada. Pero luego partías
y el encanto de mudar de abrigo se te hacía destino,
destino de adivinar la línea de la costa
que se diseñaba poco a poco en el horizonte.

Mientras tanto mirabas a las mujeres inclinadas
sobre la borda de los navíos.
A nada podemos llamar nuestro en verdad.
Todo es partir y el propio amor
no pasa de un incierto transcurso por la tierra.
Cualquier ciudad es aquella misma ciudad
que amaste en el secreto de la infancia
en cuanto los ojos de las mujeres
diseñan tu perfil en el horizonte de una perdida costa.


***


Regreso

Volver a la poesía, ese camino estrecho
entre la soledad y la vida,
ese jardín donde las flores
crecen hacia dentro de sí mismas,
ese destino sin lugar en el mapa.

Volver a la poesía, porque nada más
creció entretanto,
ni palabras ni cosas.

Adivinábamos promesas en el terror de los tiempos
y continuamos andando como si hubiese camino.
Volver a la poesía, a esta distancia sin rumbo ni proyecto,
volver a la poesía para estar más lejos
de lo que soy.