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Traduciendo al poeta José Saramago

Olga Sánchez Guevara, 16 de noviembre de 2018

En menos de dos años he tenido la suerte y el honor de traducir a dos de los más importantes autores portugueses del siglo XX: el 5 de mayo de 2017, como parte de las celebraciones por el Día de la Lengua Portuguesa, se presentó en la sala Villena de la UNEAC el libro Eugénio&Eliseo, una historia de amores cruzados, que contiene los poemarios El peso de la sombra (Eugénio de Andrade traído al español por mí) y O obscuro esplendor (Eliseo Diego llevado al portugués por Natividade Lemos).

El encargo de traducir poesía de José Saramago me llegó por mediación de Maria Isabel Ribeiro Gaspar, lectora en Cuba del Instituto Camões, y por la gentileza del colega Rodolfo Alpízar, quien, siendo traductor de novelas y teatro de Saramago, prefirió dejar en mis manos la tarea de trasladar al español estos poemas.

Llevo mucho tiempo traduciendo poesía de las lenguas alemana y portuguesa (Else Lasker-Schüler, Friederike Mayröcker, Cecília Meireles, Eugénio de Andrade, entre otros); sin embargo, verter al español estos poemas de Saramago fue para mí un reto muy especial.  Como norma, cuando comienzo a traducir a un autor o autora, ya he leído al menos una parte de su obra poética, y por lo general, soy yo misma quien selecciona los textos. En el caso de Saramago conocía algo de su obra en prosa, pero su lírica me era totalmente desconocida hasta que leí estos cinco poemas. A pesar de eso me atreví a aceptar traducirlos: ¿quién que ame la poesía puede decir “no” ante un encargo semejante? 
    
Comencé a leer los poemas y a pensar en cómo decirlos en mi propia lengua, a buscar las variantes que más se acercaran al texto original, a intentar reproducir, al menos, el ritmo de los versos, ya que no la rima, y a tropezar con los escollos habituales, como algunas palabras que al traducirlas se vuelven más cortas o más largas, y que inducen a la tentación de sustituirlas por otras que no rompan el ritmo conseguido, aunque se alejen un poco del original. En el poema “Ha de haber”, por ejemplo, me sucedió algo similar con la siguiente estrofa:

Ha de haber una isla más al sur.
Una cuerda más tensa y resonante,
Otro mar que nade en otro azul…

En portugués Saramago escribe “outro mar que nade noutro azul”, y yo hubiera querido traducir “nade” por “navegue”, para mantener el mismo ritmo de los demás versos en español: “otro mar que navegue en otro azul”. Pero la inteligente asesoría de la profesora Ribeiro, que mucho agradezco, me indujo a no alejarme del original, aunque el alejamiento en este caso hubiera sido mínimo. Claro que esa tensión a veces se resuelve de una forma, a veces de otra.

Al traducir el “Poema a la boca cerrada” me enfrenté con la dificultad de un léxico más complicado que el de los demás textos. Palabras como “lama” o “túrgido”, tan poco frecuentes en el lenguaje cotidiano, buscan recrear ese ambiente de oscuridad en el que las palabras no dichas por el poeta se represan en una “cisterna de aguas muertas”, “en negro pozo de donde suben dedos”.

Poema a la boca cerrada

No diré
Que el silencio me asfixia y amordaza.
Callado estoy, callado seguiré
Pues la lengua que hablo es de otra raza.

Se acumulan palabras consumidas,
Se represan, cisterna de aguas muertas,
Ácidas penas que se vuelven limo,
Lodo de fondo con raíces torcidas.

No diré:
Que ni el esfuerzo de decir merecen
Palabras que no digan cuanto sé
en este retiro en que no me conocen.

No solo lodos se arrastran, ni solo lamas,
Ni solo animales flotan, muertos, miedos,
Túrgidos frutos en racimos se entrelazan
En negro pozo de donde suben dedos.

Solo diré,
Crispadamente recogido y mudo,
Que quien se calla cuanto me callé,
Morir no puede sin decirlo todo.

Sobre los versos finales, “que quien se calla cuanto me callé / morir no puede sin decirlo todo”, el autor comentaría mucho después, en el prólogo a la Poesía completa1:

(…) solo cuando se tiene veinte años es posible creer que algún día se llegará a decir todo. La vida, incluso la más prolongada, incluso la de un viejísimo matusalén de barbas fluviales, siempre dejará tras de sí sombras calladas, restos incombustibles, islas desconocidas.

Traducidos ya los cinco poemas, y después de indagar exhaustivamente entre amigos y conocidos en busca de la poesía de Saramago, logré acceder a su Poesía completa por mediación de mi amiga Mercedes Padrón, cuyo nombre consigno aquí agradeciéndole el préstamo del libro y la oportunidad de acercarme al Saramago poeta, que merece ser conocido tanto como el prosista. “Creo que en mi poesía está todo lo que yo soy ahora, mis obsesiones y preocupaciones, mi modo de mirar la vida, la sociedad, la historia”, ha dicho Saramago en una entrevista..2 Ojalá que alguna de nuestras editoriales se anime a publicar su poesía, y que estos poemas musicalizados en Cuba sean los heraldos de esa futura edición.  

Quisiera concluir con la lectura del poema “Ha de haber”, que expresa la invencible esperanza humana del escritor cuyo Premio Nobel festejamos a veinte años de su otorgamiento, y cuya admiración por el Quijote le aproxima a aquel gran soñador de utopías.

“Ha de haber...”

Ha de haber un color por descubrir,
Un juntar de palabras escondido,
Ha de haber una llave para abrir
La puerta de este muro desmedido.
 
Ha de haber una isla más al sur.
Una cuerda más tensa y resonante,
Otro mar que nade en otro azul,
Otra altura de voz que mejor cante.
 
Poesía tardía que no llegas
A decir ni mitad de lo que sabes:
No callas cuando puedes, ni reniegas
De este cuerpo de acaso en que no cabes.

Foto tomada de mundolatino

Notas

1 Saramago, José: Poesía completa, Alfaguara, Madrid, 2005. Prólogo del autor. Edición bilingüe con traducción de Ángel Campos Pámpano.
2 Consultada el 08-11-2018 en El Observador. Agradezco a mi amiga Nelia Iris Rosales su colaboración en las búsquedas en Internet.