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La silueta de la belleza

Elaine Vilar Madruga, 25 de mayo de 2017

Es este un binomio de autores —Carlos César Muñoz y David Alfonso— que ya han mostrado sus facilidades para el complejísimo ejercicio de la escritura a cuatro manos en diversas lides que abarcan los concursos y las publicaciones. Ambos han apostado por un estilo fresco, numerosas veces humorístico; abundan en la parodia y en la desacralización. "La silueta del suba", el cuento que le proponemos en esta sección, es una muestra evidente de estas afirmaciones.

Para aquellos que no sean lectores conocedores del género fantástico, dentro de las especificidades estilísticas y de lenguaje de la ciencia ficción, quizás este pueda resultar un texto críptico, hasta cierto punto impenetrable. Pero les aseguro que es solo la antesala, la puerta, para entrar a un texto que indaga no solo en la sexualidad humana y el sexo interespecies —coordenada textual que ha sido leitmotiv de algunas de las más reconocidas obras del género—, sino en el efecto que produce la parodia de este registro.

Hay desacralización, por supuesto, del cuerpo humano y de una sexualidad que marca, hasta cierto punto, las diferencias que se establecen al comparar un elemento que se percibe como extranjero, extraño, otro, alienígena (guiémonos por la raíz etimológica de la palabra). Esa sensación de extrañeza —enfrentada por la parodia, cara a cara— no ha de producir, como en efecto podría, alejamiento a priori. El lector debe advertir que lo más importante es involucrarse, ser juez y parte de una situación rara y hasta cierto punto —por qué no— también metafórica: el suba, trascendamos los ámbitos del género fantástico, podría convertirse en uno de los tantos cuerpos extranjeros, desconocedores, ajenos, que pueblan el imaginario de la literatura en el mainstream realista.

No ha de buscarse en este texto un manuscrito erótico, si bien se coquetea con las múltiples aristas de la sensualidad y de la exploración en torno a la psiquis sexual humana. El erotismo aparece como distorsión de los estándares de belleza. Es ahí, en ese cuestionamiento de lo que puede resultar hermoso u horrible, que radica la máxima exploración que realizan los autores, gracias a los resortes de la parodia, el humor y lo ridículo. La categoría estética de lo bello es puesta en una palestra de duda, implosiona y finalmente explota.

Con un lenguaje que no abunda en lo soez, pero que abandona por completo cualquier registro poético y de alta cultura, este binomio de autores expone, en "La silueta del suba", el divertimento literario de fina ralea, tan poco usual en la escritura de nuestro patio. Desde ese humor que entretiene —y que a veces, también, cuestiona— se yergue este cuento, a caballo entre la parodia erótica y las preguntas en torno a la belleza. No nos provee de personajes memorables, pues muchas veces asoma la cabeza la nube de la llamada “caja cerrada”, pero sí de una situación rica en sus aristas, iconoclasta por momentos, desbordada en el sentido de la hybris, que el lector, sin dudas, agradecerá.
 

Carlos César Muñoz García del Pino (1981). Ingeniero en Telecomunicaciones y Electrónica. Egresado del curso 2004-2005 de Técnicas Narrativas en el Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso. Miembro de la organización de jóvenes escritores y artistas cubanos Asociación Hermanos Saíz. Miembro del taller literario de Fantasía y Ciencia Ficción Espacio Abierto.

David Alfonso Hermelo (1986). Profesor de lengua francesa y lingüística en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana. Egresado del curso 2010-2011 de Técnicas Narrativas en el Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso. Miembro de la organización de jóvenes escritores y artistas cubanos Asociación Hermanos Saíz. Miembro del taller literario de Fantasía y Ciencia Ficción “Espacio Abierto”.

Ambos han recibido los siguientes reconocimientos: Mención Concurso Calendario en la categoría de ciencia- ficción (2015 y 2016), finalista del I Concurso Nacional de Microrrelatos por SMS Mancuspia +53 (28 jun 2013), Primer premio del V Concurso Juegos Florales del Reparto Siboney en la categoría Cuento (2013), Primer premio del Concurso de ciencia ficción Juventud Técnica 2012, Mención en el Concurso Internacional de Minicuentos El Dinosaurio 2013, Primer premio del IV Concurso Oscar Hurtado en la categoría Cuento de Ciencia Ficción 2012, entre otros.

Editado por: Maytée García

 


                  La silueta del suba

El Espaciobus emprendía el aterrizaje cuando la azafata habló por el altavoz: “Queridos pasajeros, nuestro vuelo YT78-e65d³ con destino al planeta Tierra comenzará su penetración a la exósfera en unos minutos. Les rogamos que ajusten sus hidroespumas protectoras y cierren los tubos de nutrido. Por favor recuerden que la Materia suba es aceptada como moneda comercial y por ello no es necesario hacer el cambio por divisas terrícolas. La temperatura planetaria actual varía entre -23 y +35 grados Celsius. Nuestro piloto automático y yo misma les deseamos una feliz estancia en la Tierra y les agradecemos el haber escogido Suba-Spaceways para sus viajes interplanetarios.”
Blutr obedeció inmediatamente: alargó uno de sus pliegues y ajustó la cantidad de hidroespuma hasta sentirse inmovilizado.

En lo que esperaba por el aterrizaje, consultó una de las revistas cerebrales a su disposición. En ella, halló un artículo comparativo entre su especie, los suba, y una raza de animales terrestres llamados perros Shar Pei. Fuera de la existencia de pelaje, de extremidades musculares, y de la forma esférica de los ojos, el parecido era evidente. Al principio, la imagen telepática del perro le pareció algo obscena para tratarse de una revista apta para todas las edades: aunque tuviese pocas arrugas, no estaban siquiera retraídas y, a decir verdad, le comenzaron a excitar.
La Tierra había alcanzado cierto renombre por el turismo sexual y libertino de sus habitantes, los cuales no sentían vergüenza alguna en andar con los pliegues descubiertos.
Pronto pasaron la zona de turbulencias atmosféricas y tocaron suelo terrícola. Las espumas se desintegraron y todos los suba quedaron libres de sus asientos. Blutr avanzaba lentamente pues sus fisuras motrices aún estaban tensas por la excitación causada por el Shar Pei.
Aun así, pocos minutos y una nave transportadora más tarde, alcanzó el centro de la ciudad. Por la calle, veía gran cantidad de humanos demasiado lisos para su gusto. Probablemente tuviese que ir a algún lugar especializado dónde ofrecieran los servicios inter-especies que él y muchos otros venían buscando.

No tardó mucho en encontrar lo que quería. El letrero de la entrada pregonaba “Chez Madame Pantuja; tienda especializada y burdel para subas; fundada en 2112, año de llegada de los suba; autorización número AbC123456”.
Al entrar, se encontró con una humana de lisura asquerosa pero que al menos tenía la decencia de llevar la ropa arrugada.
“Buenos días”, dijo. “Soy Madame Pantuja. ¿En qué puedo servirle? ¿Está buscando un producto en específico o algún servicio especial?”
Blutr quedó silencioso.
“Ya veo, es un poco tímido, ¿no? ¿Esta es su primera visita? Bien, déjeme ayudarle: antes que nada debe escoger el género pues los seres humanos se dividen en machos y hembras. Como es su primera vez, le aconsejo que escoja el sexo femenino, los hombres pueden resultar algo rudos si no se está habituado.”
El suba asintió.
“Muy bien. Prosigamos. Nuestros especímenes de “chicas” se dividen en cuatro categorías de rugosidad: atentas viejas, complacientes gordas, exquisitas viejas-gordas, y sensuales viejas-gordas-verrugosas. Cada categoría cuesta 100 ml más de Materia que la anterior, es decir que los precios varían desde 100 ml hasta 400 ml por hora.”
Lentamente, Blutr seleccionó la categoría más cara.

“Perfecto, un cliente decidido. Ahora, observe las siguientes imágenes cerebrales y escoja la que más le apetezca según su número.”
La elección de Blutr fue corta: entre el recuerdo del Shar Pei y las imágenes eróticas de las mujeres aglutinándose las masas, el suba sintió que iba a estallar. Apresuró el tentáculo hasta la número 14.
“Muy bien”, dijo la matrona. “Sígame.”
Blutr obedeció aunque con dificultad, pues el estímulo visual le había vuelto a atiesar las fisuras motrices.
Rápidamente, llegaron a un salón oscuro. “Esta es la antecámara, le ruego que espere un momento mientras se prepara todo”, dicho esto, Madame Pantuja se marchó, dejándolo sobre un cómodo asiento.
Ante él, sobre una larga mesa, estaban dispuestos todo tipo juguetes sexuales que iban desde una excitante gelatina, hasta un extraño cilindro de treinta centímetros de largo de marca Consol-plus 3000. No comprendía su uso, pero presumió que era exclusivamente humano.
Entre todas estas cosas encontró un manual cerebral que comenzó a hojear. Se titulaba Descriptor Básico de Anatomía Humana para Extraterrestres. Entonces aprendió que hombres y mujeres poseían miembros que llamaban brazos o pies y cuya diferencia no parecía muy fundamentada; también memorizó otros términos como músculos, bocas y órganos reproductivos pero sin saber cuál era la función de cada uno. Se sobresaltó al escuchar la voz de Madame Pantuja decirle: “Ya está lista.”
Siguió en silencio a la dueña por un largo pasillo hasta que se detuvo, le abrió una puerta y le hizo entrar.

Una humana obesa reposaba sobre un blando mueble. Hasta ese entonces el suba no había flaqueado, pero al ver aquel cuerpo agitar sus arrugas, un temor nervioso se apoderó de él.
Haciendo memoria de sus clases de Lenguas Terrestres probó hablar algo: “Blutr my nambre is. Soy am un suba. Ich gusta much tou pelos.”
“Gracias”, respondió la cortesana.
“¿Sí?”, dijo Blutr, algo tranquilizado por lograr comunicarse. “Ich gustan much tou cabezas y tou páncreas y tou agujeros.”
Sin decir nada, la concubina sensual vieja-gorda-verrugosa # 14 avanzó hasta él y tomándole por las masas, lo arrojó delicadamente sobre la cama.
Sin esperar, adentró los dedos en los pliegues fofos hasta aquel profundo lugar dónde se encontraban los sensores de placer de estas criaturas.
La maniobra había tomado al extraterrestre por sorpresa. Al principio, permaneció inmóvil, sintiendo una mezcla de vergüenza y letargo sexual. Tomó cierto tiempo para que Blutr se relajara por completo y pudiese disfrutar del extasiado masaje que le proporcionaba la humana de manos sabias.
Olvidó los tabúes de su planeta. El recuerdo de aquel excitante Shar Pei no era más que un placer menor, casi microscópico, en comparación.  Al abandonarse por completo a la maestría de la cortesana, el suba comenzó a ondular sus gordas rajas brotantes. La inusual caricia que, entre los de su planeta, duraba pocos segundos era prolongada durante varios minutos por aquellos dedos gordos y artríticos.
Mientras la mujer continuaba amasando los flácidos bultos alienígenas, Blutr sintió la necesidad de regurgitar la baba reproductiva. Sabía que no se trataba de un apareamiento, y que el deshacerse de este fluido no incrementaría su placer, pero no importaba… ya nada importaba…
Seguía estando en la misma posición horizontal, sobre ese mueble raro que llamaban cama, en un planeta desconocido para él y con aquella rugosa humana encima.

Pasaron quince minutos y el suba continuaba gimiendo y flatulando de placer, sin embargo, la concubina no parecía sentirse de la misma manera que él.  Blutr alargó lentamente varias de sus masas para tocar cada regordeta flacidez, cada trozo de cebo de la prostituta.
No le disgustó el sudor de la mujer, que creaba una capa de mantecoso líquido y facilitaba el acceso hasta el fondo de cada hendidura; pero pese a su servicial fricción, la cortesana seguía inmutable.
Como los suba no se dan fácilmente por vencidos, continuó la búsqueda de algún bulto de pellejo que le pudiese proporcionar, a  ella, algo de goce.
Tras muchos intentos encontró un pequeño pliegue: una diminuta grieta cuyo contacto provocó la inmovilización y estremecimiento de la humana. Al notar que había tocado —al fin— un punto sensible, Blutr continuó alargando sus masas hasta dar con  el fondo de la cuestión. Los ojos esféricos se abrieron más allá de su límite máximo y cesaron los masajes al extraterrestre.
Blutr no estaba muy contento de que su larga sesión de placer terminara, pero como la humana parecía tener ocupadas las manos halándose el pelo y paseándolas por todo su cuerpo, le pareció de mala educación molestarla en ese preciso momento.
Como no tenía más nada que hacer, continuó ondulando y hundiéndose por la grieta de la mujer. “Qué extraño que aún no haya tocado fondo” se dijo. Entonces, la prostituta asió las masas que le sondeaban, impidiéndoles que avanzaran pero también evitando su retirada. En pocos segundos, tuvo unos temblores que se convirtieron en sacudidas y luego todo paró.
“¡Ay, virgen santísima!”, dijo ella en un aliento entrecortado. “Hacía años que no… que no… ven para acá, gelatinita dulce, esto acaba de ponerse bueno. Para darte las gracias, te voy a dar una noche de esas que no se olvidan.”
Seis horas más tarde, el suba se alejaba del burdel imitando los gestos de despedida de la prostituta (al menos suponía que fueran de despedida). “Tou esperea” gritó mientras subía en una nave transportadora. “Blutr volverá back. Blutr apporter much Materia suba y gastiert tudo en tou. Wier nos viajeroms a my planetan juntes and ser felicidad.”

Desde la ventana de su cuarto, sensual vieja-gorda-verrugosa # 14 sonreía y ondulaba su obeso brazo en dirección al suba. Continuó este movimiento hasta que la nave no fue más que un punto en el horizonte callejero. Entonces dejó de despedirse y esperó —limándose las uñas— que las asistentes parteras terminaran de quitarle los recién nacidos subas que ya brotaban de su piel de concubina. En un fulgor, la matrona entró al cuarto. “Acaben de quitarle todas esas cosas” dijo. “Tenemos otro cliente esperando así que llévense a todos esos monstruitos a la ‘guardería’ del restaurante chino y tú, ahora eres exquisita vieja-gorda # 3. ¿Oíste?” Mientras se dirigía de nuevo hacia el cuarto, la prostituta desechó el recuerdo de lo prometido por aquel suba, como ya lo había hecho cientos de veces antes.