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Israel Castellanos Jiménez, un clásico del humor
 

Leonardo Depestre Catony, 22 de julio de 2017

ISCAJIM es, más que un veterano del humor en la prensa escrita, un clásico dentro del género. Su producción incluye la prosa y la décima, y además los cargos de dirección y el ejercicio del humor cotidiano. Es por ello que hace unos cuantos años ISCAJIM nos legó una frase antológica:

“El humorista es un mero intermediario entre el mundo y el hombre; toma los hechos de la realidad, los transforma, los exagera o recrea, y luego los ofrece para disfrute del público con el mismo valor artístico con que el alfarero transforma un puñado de barro en un porrón o el repostero convierte un huevo en un merengue”.

Su producción se encuentra un poco dispersa, en publicaciones periódicas, antologías, sitios de internet, como si el autor le dijera al lector: “si me quieres leer, búscame”, aunque existe un lugar donde sí ha sido asiduo: Palante, y con ustedes comparto tal ingenio:

Con locuacidad y lujo de detalles, el guía nos muestra un gran cuadro al óleo donde aparece una escena de cuatro bellos gatos siameses que persiguen a una gata sin rabo, y cuyo título es: “¡Deja que te coja!”. Luego nos cuenta aspectos reveladores del impresionante gobelino que cubre una sección de pared, y en el cual el artista bordó una pareja de gatos de angora haciendo gaticos de angora sobre un tejado. Representa una escena del filme La gata caliente en el tejado de zinc. En la biblioteca sobresale un diccionario bilingüe de maullidos.
 (…) Ya antes de retirarnos, le preguntamos al guía, por mera curiosidad, cuántos gatos verdaderos habitan en tan fabulosa casa-museo dedicada a ellos.
El interpelado nos responde sonriente pero con énfasis perruno:
-Ninguno.
-¿Cómo que ninguno?
-Elemental, amigo. No podemos arriesgarnos a que un cabrón gato nos vaya a dañar alguna de estas valiosas piezas, o a mearse dentro de la casa. (“El gran museo del gato”).

El expediente personal de Castellanos Jiménez (La Habana, 1942) antes de ser ISCAJIM ilustra su variedad de oficios: vendedor ambulante, mensajero de farmacia, técnico de las FAR, contador, oficinista y divulgador. También el mejor de todos (después de humorista, por supuesto): es graduado de Periodismo en la Universidad de La Habana.

A inicios del decenio del 70 comenzaron a aparecer sus trabajos del buen humor en DDT y Palante, aunque la poesía, el testimonio y el ensayo en modo alguno le son ajenos. De la cuerda poética son estas décimas bien risueñas:

Tengo un pariente: Moisés
que como fiel provinciano
cultiva el punto cubano
de la cabeza a los pies.
Bastante viejo ya es
este querido cantor
muy buen improvisador
que en Alquízar se destaca
pues Moisés siempre le saca
a todo versos de humor.
Medio siglo improvisando
en fiestas y reuniones
confirman sus condiciones,
pero el tiempo ha ido pasando.
Y ya sucede que cuando
quiere una idea expresar
los versos puede trocar:
confundir Mongo con congo,
o bitongo con mondongo,
¡todo lo suele enredar!

Más de cuatro décadas de quehacer periodístico —recordemos su presencia en la página cultural del periódico Trabajadores—, amén de colaboraciones en otras publicaciones, revelan que ISCAJIM no se ha cansado de observar a su alrededor, ni de exprimir las aristas agridulces de la vida cotidiana. Su humor es nítido, lo cual no objeta que sea reflexivo, demoledor a veces y se nos represente mentalmente como una historieta en que las imágenes las aportan las propias palabras y circunstancias.

Su filosofía queda explícita en frases que entresacamos de su cuentistica. A manera de ejemplo:

-La moda es como el dulce: con moderación, agrada; en exceso, repugna.
-Sabiendo que los idiomas son convenciones que los hombres hacen y pueden modificar, ¿por qué no simplifican un poco nuestra lengua? Pudiera empezarse por el vetusto alfabeto.
-Me parece ver la vida de cada persona como un tren que avanza, y donde cada mes es como un nuevo vagón que se le engancha, y al que se le siguen enganchando vagones de los meses subsiguientes, hasta llegar al paradero.
-Amo al colorido guacamayo pero no desprecio a la lechuza; cada uno tiene sus encantos, y merecen una rama en la arboleda.
 

Vamos, que es como para ponernos a pensar si Israel Castellanos Jiménez no tiene además algo de filósofo.