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Roma, fin del invierno

Rainer María Rilke, 06 de noviembre de 2017

Preciado poeta Jorge Luis Mederos Betancor:

Hace unos días le escribí al amigo Rodin sobre su libro. Me pareció necesario compartir mis valoraciones y la posibilidad de agradecerle ahora a usted el envío de su poemario Descartes1 con la confirmación, después de varias lecturas, de que la idea que le comentaba a Rodin ciertamente es real.

Confieso que su poemario en primera instancia me asustó, pues encontré un terreno inexplorado por mí en lecturas anteriores. La propuesta de asumir la poesía desde la crónica y complementar otros terrenos para la magia de la escritura es la ganancia mayor que tiene su entrega. Imagino las constantes horas que tuvo para meditar en este drama que nos comparte: “Los libros que comienzan por donde debían terminar no suelen tener buen destino; si no te castiga el lector te castiga el editor y si no el tiempo…”

Ciertamente, así es… pero este es un libro de historias, de amigos que acompañan un viaje, de fiesta por las palabras y por la cercanía de las escenas. La décima, que tanto arraigo tiene en su isla es aquí un acto de elogio, pero también es un acto de legitimar las cosas. ¿Será esta una llave de Tirso para ajustar tanta buena literatura? El lector tendrá aquí sus puntos de vista, yo realmente le aplaudo. Noto que hay una gran sinceridad en su poética, de tal modo que la historia que sostiene nos hace partícipes de esa realidad. Es un libro de apuestas, pero también es un acto de asumir el testimonio, la crónica y la poesía en un juego intelectivo y vital. Aquí, los amigos llegan con sus historias, con sus bromas, con sus vecindades. Yo, como lector, los acompaño y creo. 

“Una noche fui despertado violentamente por mi esposa a causa de una pesadilla que sufría el hombre: me suicido…” La ironía es una parábola aquí, y creo que el otro, el poeta, marca el territorio de estas saudades que testifican el tiempo mismo. Si Rodin le conociera estaría orgulloso por usted, caro poeta, y lo digo con la dimensión de las palabras que a lo mejor no dijiste:

Y dijo el Loco Prefiero
la luz,
Y la Luz fue buena.
Y luego dijo Condena
para la luz  (opción 0)
Entre la Luz y el sendero
hacia la Luz  la Serpiente
acecha con su silente
amenaza original.

Y fue la Luz ilegal
¡Venga el pecador siguiente!

Esa manía de asumir la poesía, como un acto de irreverencia, y de gratitud, infiero, sostienen estas comarcas octosílabas que bien aplaudo por la poesía cubana.  Ahora mismo.

Suyo,

Rainer María Rilke

 

1Editorial Capiro, 2013. 
 

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