“Mi hora no está en el reloj…“ Dulce María Loynaz a trece años de su muerte
El 28 de abril a las cuatro de la tarde se recordó el aniversario XIII de la muerte de Dulce María Loynaz del Castillo. En la casa donde vivió hasta sus últimos años, hoy centro que lleva su nombre, se reunieron aquellos que estuvieron cerca de su vida y de su obra.
En la sala Federico García Lorca, uno de los amigos de la escritora, la tertulia Juegos de Agua comenzó con la voz de Dulce María diciendo sus poemas “Tiempo” y “Agua escondida”.
La conductora Madelín Díaz, promotora del Centro, recordó que este día cumplía dicho espacio cinco años de fundado y coincidía con los veinte años del Centro Loynaz de Pinar del Río, el cual también está vinculado a esta idea, que surgió con el propósito de hablar de la familia Loynaz, de una manera intimista, desde el recuerdo.
Los invitados de esa tarde eran el Premio de
Nancy Morejón, aunque se declaró una lectora y seguidora más que estudiosa de la obra de Dulce María, habló de la vez que presentó en 1988 el disco de la colección Voz de las Américas, editado por 
Por su parte Eduardo Martínez se presentó como “el sobrino sin casa” que Dulce María nombra en sus libros. Nos cuenta que el 23 de abril de 1979 visitó por primera vez la casa y encontró en ella a una anfitriona de una distinción poco usual, que la hacían siempre centro, aún cuando no era ella quién estuviera hablando. Y tenía una manera de hacer que todo el mundo participara y no se sintiera menos en aquella tertulia de intelectuales.
(…) la visité siempre con ese sustico extraño, esa mezcla de miedo escénico. —confesó Martínez Malo.
Dulce María Loynaz, memoria de una poetisa fue el libro de Eduardo Martínez presentado en esta tertulia; y surge del epistolar que Dulce María Loynaz mantuvo después de la muerte de Aldo. La idea se concreta en el 2002 cuando el equipo del Centro Loynaz de Pinar del Río le propuso al autor que hiciera un poco de historia. Las cartas están divididas por temas a partir de las diez emociones más fuertes de Aldo. Lo más significante es que este concepto lo halló Eduardo en un papelito metido entre las páginas de uno de los libros de Aldo.
(…)Si el libro tiene algún mérito es que se siente que es ella la que habla, lo mío son las costuras. —dijo el director de
Y será cierto si al tomar el libro, quizás en el crepúsculo, se pueda escuchar por entre sus letras la expresión trémula de Dulce María al decir: “…me quedé fuera del tiempo…”
