Vivir sin Dios
Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, el escritor Nonardo Perea ha publicado su primer libro titulado Vivir sin Dios en la colección Ciudad, bajo el sello de la editorial Extramuros en el año 2009. Si bien el libro consta de un conjunto de cuentos que abarcan disímiles aspectos de lo cotidiano y que resultan experiencias comunes a todas las personas, hoy nos detendremos más en los cuentos que abordan la temática gay y que considero, resultan un aporte cultural a la batalla que hoy nos convoca: la lucha contra la homofobia como un sentimiento reduccionista, que se ceba en la ignorancia y en el desconocimiento de las necesidades vitales y espirituales de un grupo de personas, ciertamente minoritario, pero que ha resultado capaz de desplegar un talento inobjetable bajo cualquier circunstancia.
Cuando en 1938 apareció impresa la novela Hombres sin mujer de Carlos Montenegro, su autor expresó que se trataba de un relato realista sobre las cárceles cubanas. Sin embargo, la intensidad del conflicto narrado a partir de la historia de amor que surge entre un duro presidiario y un joven que ingresa en el penal hacen que su lectura sea imposible de abandonar. Calificada como “una narración nauseabunda” en su momento, hubo que esperar hasta el año 1994 para que fuera publicada en nuestro país. Considerada hoy una novela de culto, abrió el camino para abordar una temática en la que se han empeñado los creadores cubanos a pesar de los prejuicios existentes. No podemos en este espacio, por razones de tiempo referirnos a los textos que han jalonado esa trayectoria. Baste decir que, setenta y un años después de la aparición de esta novela emblemática, Nonardo Perea publica unos cuentos en los que los personajes deberán continuamente violentar la prisión del cuerpo atrapado por condicionamientos sociales y biológicos que les resultan imposibles de asumir. Entonces, ellos, los personajes, trazan disímiles estrategias de la fuga: aquí se expone cómo un travesti desarrolla sus encantos seductores, cómo un joven deberá encarar el cambio de su identidad sexual, cómo un hombre debe continuar siendo fiel a sí mismo aún en la más espantosa derrota. Escritos a la medida de los asuntos que desea desarrollar, Nonardo ha logrado dotar a sus cuentos de diferentes tiempos narrativos: aquí el lector disfrutará de la velocidad tensa que se respira dentro de un auto cerrado, allí de la “mecánica” espesa que se enseñorea de las prisiones, en otro compartirá con un niño el interrogatorio sistemático y la condena que se sufre al habitar un país de puertas cerradas.
El lector habituado a gustar de la lectura de los grandes cultores del género, encontrará en estos cuentos el aliento de Julio Cortázar o de Horacio Quiroga, por sólo citar dos ejemplos. O la irreverencia de la narración tarantinesca con elementos incorporados del ánime más intenso. Pero sin dudas, no se trata de meras reverencias visuales o literarias: Nonardo Perea ha trabajado todos sus cuentos con la paciencia de un orfebre porque sabe que el amor es una esencia sutil que reside en las palabras, las dichas, las irrepetibles. Como esas que ha escogido cuidadosamente para lograr un libro duro, un discurso textual que arremete contra las máscaras y que ataca el juego de repetidas simulaciones que impone la homofobia. Por eso, los personajes de sus cuentos prefieren lanzarse al vacío. Rechazan a Dios y en la blasfemia eligen el infierno porque conocen que en el fondo no hay existencia, ni siquiera la más heroica, que no tenga que batallar con un descenso a lo más oscuro del ser.
Hay que agradecer a Nonardo Perea que haya escrito un libro de una sinceridad tan abrumadora. Aquí no hay concesiones. El autor no tiene el más mínimo interés en escribir una historia agradable que será unánimemente aceptada. Es más: desconfía profundamente de los conceptos aceptados por la mayoría. Su visión de las personas gays no es la de unos atildados asistentes a una escuelita de escrúpulos: más bien todo lo contrario. Es una mirada escrutadora hacia una realidad que, por sus aristas individuales y sociales muchos han preferido y todavía insisten en silenciar. Y sin embargo, es una visión que cada vez aparece con más relieve y pujanza en el perfil de la nación.
Lo que más me conmueve de este libro, es un sentimiento que junto a su autor comparto: que nunca puedan obligarnos a sentir vergüenza de nosotros mismos.
En ese altísimo deseo, los invito a leer estos cuentos.
Muchas gracias.
Lourdes Cairo
Editorial Extramuros
La Habana, 15 de mayo, 2010
