Presentados nuevos tomos de la Edición Crítica de las Obras Completas de Martí
Han de seguir viviendo los que mueren: pues ¿qué es el hombre, sino vaso quebrable del que se desbordan, fragantes y humeantes, esencias de la vida?
José Martí
Cuando se cumplen 115 años de la caída en combate de Nuestro Héroe Nacional José Martí, este 19 de mayo de 2010, el Centro de Estudios Martianos (CEM) le rinde merecido homenaje con la presentación de nuevos tomos de la Edición Crítica de sus Obras Completas, proyecto que al decir de Juan Marinello pretende entregar “todo el hombre, todo el tiempo”.
Calificada por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, en sus palabras introductorias del Tomo 1, como legítimo monumento a la proeza del genio intelectual y revolucionario de José Martí, dicha edición se incrementa ahora con la publicación de los tomos 13, 17 y 20.
El acto, celebrado en la sede de aquella institución, fue presidido por Armando Hart Dávalos, director de la Oficina del Programa Martiano y presidente de la Sociedad Cultural José Martí, Eugenio Suárez, director de la Oficina de Asuntos Históricos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), Osmán Guillén Colina, secretario ideológico del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y la doctora Ana Sánchez Collazo, directora del CEM.
La Edición Crítica, según la calificó la doctora Sánchez Collazo, es el proyecto de investigación más importante del CEM. La idea de este tipo de edición comenzó a hacerse realidad poco después de fundado el centro, en 1977, cuando Cintio Vitier y Fina García-Marrúz elaboraron el proyecto inicial.
La edición de los escritos de Martí había alcanzado con la publicación, entre los años 1963 y 1965, de las Obras Completas por la Editorial Nacional de Cuba —de veintisiete tomos— un notable grado de completez, en cuanto al número de documentos, pero había mantenido similar criterio editorial seguido por Gonzalo de Quezada y Arostegui y su hijo, y continuador, Gonzalo de Quezada y Miranda, en cuanto al ordenamiento de acuerdo a las orientaciones que el propio Martí escribiera en su llamada “Carta de Testamento Literario” al primero de los Quezada. El proyecto iniciador de la Edición Crítica decidió organizar los materiales de la serie, siguiendo básicamente un orden cronológico, que no sería respetado de manera absoluta, pues la poesía, los cuadernos de apuntes, las traducciones y las dedicatorias, se publicarían agrupadas en cada caso, por considerar que tales tipos de textos requieren de esta reunión para su mejor comprensión. Al mismo tiempo, según las épocas o momentos de su vida y su quehacer, se hacían agrupaciones por géneros o tipos de escritos.
La idea inicial del proyecto, continúa la doctora Sánchez, era revisar nuevamente las transcripciones y ofrecer una versión de los hechos lo más fiel posible, así como entregar la mayor cantidad de nuevos escritos que fuera posible localizar en archivos públicos y privados y en las colecciones de publicaciones periódicas de aquellos años.
Se trataba también de incorporar la historia genética del texto mediante señalamientos de las tachaduras, cambios y enmiendas introducidos por el autor en los manuscritos, y de incluir un aparato referencial, que a través de las llamadas notas finales informara acerca de los diversos asuntos y personalidades mencionadas, en especial de aquellas personas y temas que resultaran de importancia capital para la historia de Cuba y para la propia vida y obra martiana. Por primera vez en las ediciones de las Obras Completas martianas, se incorporaba el índice de materias.
El proyecto, dirigido desde 1993 por el doctor Pedro Pablo Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2009, quien trabaja con un equipo de investigadores y editores de alto nivel, que con inteligencia, dedicación y gran esfuerzo ha sabido sortear todos los escollos y las múltiples limitaciones materiales, ha logrado materializar quince tomos.
De alguna manera, manifestó el doctor Pedro Pablo, la tarea de la Edición Crítica ha sido una escuela formadora de investigadores en el campo de los estudios martianos en particular, y de los temas humanísticos en general:
Estudios para certificar la autoría de textos y firmas, transcripción de originales manuscritos de Martí, búsqueda de información muy variada para aclarar contextos y varios asuntos, al igual que para los índices de nombres y geográficos, datación de algunos escritos, localización de ediciones de los textos martianos en su época, análisis léxicos y gramaticales, estudios de asuntos históricos, literarios, culturales y científicos; son algunas de las tareas concretas para llegar a esta edición, que exige un aprendizaje de muy diversos saberes, junto a una muy amplia cultura general de temas cubanos, hispanoamericanos, estadounidenses y universales, de finales del siglo XIX, junto a un conocimiento sistematizado de la obra, la vida, y el pensamiento de Martí.
Muchas personas dentro y fuera de Cuba, reveló más adelante Pedro Pablo, han dado su aporte sin retribución monetaria alguna, aclarando dudas y aspectos desconocidos, localizando y acopiando originales martianos, colecciones de periódicos, u otros documentos muy variados, requeridos por la investigación. «Entonces, esta Edición Crítica es sin duda alguna, una obra colectiva asumida con el desinterés y la pasión que José Martí transmite a sus lectores y admiradores».
La lectura del Tomo 13, que aborda la obra periodística martiana entre los años 1881 y 1882, según Mayra Beatriz Martínez, su coordinadora, permitirá conocer este cúmulo ameno que brinda la posibilidad de registrar, desde su nacimiento, muchos de los tópicos que paralelamente ampliará en su periodismo reflexivo, en su ensayística, en su oratoria, que retomaría contemporáneamente en otras páginas, o después, y que iría enriqueciendo a lo largo de su vida profesional:
El lector no encontrará acá, pues, al Martí de los grandes bramidos, de los períodos exuberantes, la caudalosa reflexión y la prosa sublime, sino a un orfebre primoroso que arma, arabescos tras arabescos, un mural chispeante y vaporoso, de mil luces menudas, a veces casi frívolas o a veces sumergiéndose bruscamente en alguna hondura, para emerger y refrescarnos nuevamente y no dejar que decaiga la atención. Nos pone al alcance un paisaje que potencia toda la época, gracias a una prosa feliz, cargada de optimismo, humor, directa, concisa, llana, que vibra ella misma con cada descubrimiento que nos hace; y cuida mucho lo que, evidentemente fue uno de los propósitos primordiales del autor, lograr una claridad en la comunicación, que se conserva intacta hasta hoy.
Este tomo contiene, además, las cartas de la etapa, dirigidas a personalidades como Enrique José Varona y Carmen Zayas Bazán, entre otros, y que contribuyen a entender con precisión quién era el Martí de entonces y su contexto.
El Tomo 17, a cargo de Enrique López, tiene como contenido fundamental las veintiocho primeras crónicas norteamericanas, enviadas por Martí al diario La Nación, de Buenos Aires, uno de los mayores de América del Sur y que fueran redactadas entre julio de 1882 y noviembre de 1884, además de la correspondencia de este período y algunos textos más.
Enrique destacó el aporte de varias de las personas que colaboraron en la preparación de este tomo, entre ellas la investigadora argentina Norma Fernández, quien localizó la crónica “Ferrocarriles”, antes desconocida, y la especialista cubana Miriam López Orta, quien proporcionó dos borradores también desconocidos, de la carta de ruptura de Martí con el llamado Plan Gómez-Maceo, fechada el 20 de octubre de 1884; una de las más famosas de su epistolario.
Las traducciones realizadas por Martí entre 1875 y 1885 se encuentran recogidas en el Tomo 20, coordinado por Maia Barreda. A diferencia de los tomos anteriormente presentados, éste contiene textos que no son de autoría martiana, sino traducidos por él. Entre otros, aparece aquí un texto fundamental para los conocimientos y estudios que se hacen sobre la obra como traductor de José Martí: Mis hijos, de Víctor Hugo, que consideraba importante y trascendental, y donde incluye un análisis profundo y filosófico de la relación del traductor con el objeto que está traduciendo y con el sujeto a traducir, en este caso un escritor fundamental como es el autor de Los Miserables y Los trabajadores del mar, entre otras obras bien conocidas de los lectores cubanos. Le acompaña, además, lo que se conoce como el “Prólogo a la traducción”, que realmente fue un artículo publicado en la revista Universal.
Los tres volúmenes ven la luz gracias al concurso de varias instituciones, sobre todo del Fondo para el Desarrollo de la Cultura y la Educación, del Ministerio de Cultura de la República de Cuba. En coedición con el Instituto Cubano del Libro se presentó , además, la reimpresión de los tomos 1 y 2 de la tirada masiva, y se prepara para la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana, los tomos 3 y 4.
Este año deben imprimirse los tomos 21, 22 y 23, mientras que el trabajo investigativo marcha por el tomo 33, correspondiente a los textos de 1891. La edición, en su totalidad, se espera que sobrepase los cuarenta volúmenes.

¿Sabía Martí, aquella lejana mañana del 19 de mayo de 1895, cuando desobedeciendo las orientaciones de Gómez montó su caballo para unirse a la tropa en combate, que iba al encuentro de la muerte? La respuesta se la llevaría con él. Lo cierto es que se precipitó sobre ella con osadía admirable y absoluta renunciación. «Entre las palmas y el río se sintió, al fin, puro y leve, con pureza de raíz y levedad de ala. Y voló, como en el pensamiento de Walt Whitman, “con el alma ebria”». Morir es lo mismo que vivir y mejor, había asegurado, si se ha hecho ya lo que se debe.
