Somos lo que la ciudad es, a la vez que ella tiene nuestra huella. Parece un juego de palabras, mas, como dijera Dulce María Loynaz, tan unido está el hombre a su casa —y por extensión a la ciudad— que es imposible que cambie la una sin que la otra se modifique.
Por ello, estudiar la literatura desde el espacio urbano puede marcar un derrotero que ilumine otras resonancias de la obra en cuestión. Mucho de ello hay en La ciudad: imágenes en juego, compilación preparada por Adela García Yero, investigadora del Centro de Estudios Nicolás Guillén, perteneciente al Instituto Superior de Arte.
El volumen nace, en buena medida, de la Maestría en Cultura Latinoamericana que, durante ya varios años y ediciones, puede ser cursada en la referida institución. El hecho de que la publicación haya nacido, en buena ley, al calor de tales estudios, quiere decir que se trata de un proyecto capaz de generar sus propios textos, no del tipo de publicación, narcisista si se quiere, que se hace por puro compromiso o exigencia, sino por el jubiloso deseo de apuntar nuevas aristas a la comprensión de fenómenos cruciales.
Revisemos someramente el índice de la publicación. Allí están las rúbricas de la propia Adela, ya con amplios estudios en torno al camposanto local y las estrategias para su conservación, con estudios referidos, en fin, a la identidad misma de tales espacios. Las formas en que fue vista la arquitectura desde las páginas de la revista Social es el tema del texto de Yailín Ortiz. Otro tanto, pero respecto al espacio, que es mucho más que telón de fondo en Las honradas y en Las impuras, novelas de Miguel del Carrión, es el asunto de la propuesta de Zenaida Vicente Portales y Libys Alcaraz González.
Santiago de Cuba es el ámbito de la novela Filigrana, de Emilio Bacardí Moreau, quien, como asegura Nadiezda Proenza Ruiz, es conocido por sus otras muchas facetas y no tanto por su labor literaria. También en el pasado, pero en un pasado muy singular, se asienta el texto de Lourdes Cepero Estrada. Es la suya una mirada a ¿Dónde está mi Habana?, divertida y desafiante novela de F. Mond, la que nos muestra, como suele hacer la ciencia ficción, una posibilidad diferente, mas no menos lógica, para nuestra devenir.
Kezia Sabrina Knight se detiene en las últimas voluntades de negros y blancos, según sus disposiciones testamentarias. El Cementerio Israelita es visto en estas páginas que, junto a las referidas a la Primera Iglesia Bautista, de Sandra González Cuenca y Alejandro Fernández Teopes, nos hacen ver con otros ojos espacios muy tangibles de la ciudad de Camagüey.
Comentan Sandra y Alejandro una expresión de William Morris que me parece quintaesencia de este libro: la imposibilidad humana de sustraerse a la consideración de todo ambiente físico. De ello da fe nuestra propia vida, signada por nuestros recorridos diarios y por esa atmósfera, sutil, que acompaña a cada ciudad. Y a nosotros en ella.