Salvador Cisneros Betancourt contra un presidente plattista
Soy de las más fervientes defensoras de los libros que nos ayudan a completar nuestra noción de la Historia, lo que es igual a decir nuestra visión de nosotros mismos. Por eso no puedo menos que saludar la aparición de Salvador Cisneros Betancourt contra un presidente plattista, de Ricardo Muñoz.
El volumen, una de las más recientes propuestas de la editorial Ácana, es de inestimable ayuda para quienes deseen completar la un tanto desdibujada, por mitos y simplificaciones, figura del Marqués de Santa Lucía, único título de Castilla presente en los campos de Cuba Libre.
Ya en Salvador Cisneros Betancourt, Palabras contra la Enmienda Platt, el investigador, junto a Elda Cento, nos permitió apreciar los tantos textos que, debidos a la autoría del Marqués, muestran la reciedumbre y claridad de su pensamiento.
Otro tanto hace este libro. Asentado en muchos documentos inéditos o de muy difícil consulta, ayuda a entender la posición de Cisneros Betancourt en los primeros años del controvertido siglo XX cubano. Su recia posición respecto a la Enmienda Platt vuelve a ser puesta sobre el tapete, lo mismo que su énfasis en la soberanía nacional y en cuestiones de sanidad moral, dígase los juegos, la inmigración y las problemáticas obreras.
Salvador Cisneros Betancourt contra un presidente plattista, de Ricardo Muñoz, hace visible la filiación antiimperialista de Cisneros Betancourt, consecuencia de lo recio de su carácter y de su apego a la libertad. En la lógica de Cisneros no cabía la sujeción de la isla a un poder extranjero, como tampoco el auxilio de otra nación, y la adopción de tratados, sin haber antes constituido la República de Cuba. Es tremendo apreciar la soltura con que Cisneros se mueve por el entramado legal que rodea a hechos como esos, y la virilidad de su voz en días que fueron descritos de angustiosos por varios observadores.
Este volumen, junto a otros que la editorial camagüeyana Ácana ha tenido a bien facilitarnos, es imprescindible. Libro signado por su utilidad, desdibuja las fronteras entre la llamada historia regional y la nacional. O, para ser más exactos, muestra las implicaciones nacionales de hombres nacidos fuera de la capital. Es, por tanto, un privilegio que haya sido Ácana la editorial encargada de su realización, más, como muchos del sistema de publicaciones territoriales, debe llegar a lectores que, de seguro, verán en él una posibilidad inestimable de completar la imagen que de Cuba tenemos y de ese Cisneros Betanourt, olvidado a ratos, que justo cuando se debatía el asunto de la posible anexión a los Estados Unidos escribió: “Los cubanos aún tienen vergüenza, único recurso que nuestro inolvidable general Ignacio Agramonte pedía para concluir con nuestros enemigos”.
