Rindiendo honores poéticos
En la mañana del 25 de mayo, el Festival Internacional de Poesía de La Habana le propuso al público asistente a la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba la lectura de algunos poetas que, en este año 2010, cumplen aniversarios cerrados.
Presidida por Virgilio López Lemus, destacado estudioso de la poesía cubana, la mesa de lectura contó con la participación de Aitana Alberti, Basilia Papastamatíu, Miguel Barnet, Waldo Leyva y Roberto Fernández Retamar.
La sesión, extraordinariamente hermosa en palabras de Lemus, nos convidó a homenajear a cada uno de los bardos; primero a Miguel Hernández, a quien está dedicado el Festival, junto a otros centenarios como el de Ángel Augier, Dora Alonso, José Ángel Buesa y José Lezama Lima, de quien Aitana Alberti leyó “María Zambrano”, escrito en marzo de 1975:
María se nos ha hecho tan transparente
que la vemos al mismo tiempo
en Suiza, en Roma o en La Habana.
Acompañada de Araceli
no le teme al fuego ni al hielo.
Tiene los gatos frígidos
y los gatos térmicos,
aquellos fantasmas elásticos de Baudelaire
la miran tan despaciosamente
que María temerosa comienza a escribir.
La he oído conversar desde Platón hasta Husserl
en días alternos y opuestos por el vértice,
y terminar cantando un corrido mexicano.
Las olitas jónicas del Mediterráneo,
los gatos que utilizaban la palabra como,
que según los egipcios unía todas las cosas
como una metáfora inmutable,
le hablaban al oído
mientras Araceli trazaba un círculo mágico
con doce gatos zodiacales,
y cada uno esperaba su momento
para salmodiar El libro de los muertos.
María es ya para mí
como una sibila
a la cual tenuemente nos acercamos,
creyendo oír el centro de la tierra
y el cielo de empíreo,
que está más allá del cielo visible.
Vivirla, sentirla llegar como una nube,
es como tomar una copa de vino
y hundirnos en su légamo.
Ella todavía puede despedirse
abrazada con Araceli,
pero siempre retorna como una luz temblorosa.
De Eliseo Diego, Waldo leyó “Testamento”, para agasajar a quienes cumplen noventa años, especialmente a Sergio Hernández Rivera y Santana:
Habiendo llegado al tiempo en que
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;
habiendo llegado a este tiempo;
y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas;
habiendo llegado a este tiempo;
y perdida ya toda esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el manar sereno de la sombra;
y no poseyendo más que este tiempo;
no poseyendo más, en fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme;
no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;
decido hacer mi testamento.
Es este:
les dejo
el tiempo, todo el tiempo.
En el grupo de los poetas que cumplen setenta años está Miguel Barnet, de quien escuchamos “Empujando un país”, muy a propósito del papel de los intelectuales y artistas en la sociedad cubana:
Yo soy el que anda por ahí
empujando un país.
No es una fantasía, es cierto,
me he pasado la vida empujando un país.
Con grandes piedras del camino
y mis zapatos gigantes
he ido poco a poco empujando un país.
Contra los grandes vientos
y la noche que chirría en sus goznes,
contra la falta de oxígeno
y los malos presagios
he hecho lo indecible por empujar un país.
Pero hay muchas otras cosas que hacer
como amar en lo oscuro,
sin paredes por cierto,
o desgranar el arroz cotidiano con sabor a coleópteros,
o limarse las uñas frente a un espejo de azogue,
o jugar a la pelota
con los niños estrábicos del barrio.
Así que perdonen si no escucho
las quejas de mis contemporáneos
Yo no puedo hacer otra cosa
que seguir empujando un país.
También fueron homenajeados Eloy Machado, David Chericián, Sergio Saíz Montes de Oca, René Batista Moreno, Efraín Averoff y José Mario. Además de una numerosa lista de poetas que están cumpliendo sesenta años: Abilio Estévez, Alex Pausides, Aries Morales, Luis Álvarez Álvarez, Soleida Ríos, Juana García Abad, Enid Vian, Omar González, Carlos Martí, Luis Bello, Pedro Juan Gutiérrez, entre otros.
Basilia Papastamatíu leyó “Son los tiempos no los años”, incluido en su último libro, cuyo exergo festeja el setenta y cinco aniversario del natalicio de Roque Dalton, para quién pidió un fraternal aplauso.
Para finalizar Roberto Fernández Retamar, en representación de los que cumplen ochenta, entre los que se encuentran Fayad Jamis, Lalita Curbelo, Migdalia Tejeda, José Martínez Matos y Luis Pavón, nos ofreció algunos de sus poemas dedicados a diferentes personalidades como Benny Moré, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonia Eiriz y Adelaida de Juan:
“Felices los normales”
Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.
