Alfabetización digital: más que apretar teclas
Cuando hablamos de motor de arranque, gasolina, frenos y luces traseras, incluso aquellos que no poseen un automóvil tienen una idea del papel que juegan esos elementos. Reconocen que son importantes, y si son propietarios tarde o temprano comenzarán a preocuparse por la calidad de la gasolina que vierten en los tanques, el funcionamiento del motor de arranque, el nivel de aceite y cómo deben comportarse las luces traseras. Igual sucede con el televisor. Sabemos de ondas radiales, antenas, sintonización, etc. Ahora bien, ¿qué sabemos de las computadoras y de los programas informáticos que manejamos?
Al parecer es una constante: llenos de entusiasmo aprendemos para qué sirve y cómo usar una determinada tecnología, y solo después, mucho después, es que comprendemos algunos efectos indeseados. Un ejemplo me ayudará a explicarme.
Una pregunta antes de terminar. Esos cursos de computación, donde se enseña qué es el teclado, el monitor, cómo apagar y encender la máquina, además del manejo de unos cuantos programas de oficina como el Word, el Power Point, etc, ¿enseñarán el manejo de las computadoras y los programas ofimáticos, o formarán usuarios fieles a los programas de una compañía? No me refiero a Windows o Microsoft. Igual pudieran ser Open Office, Linux o Solaris. En todos los casos, y en unos más que en otros, no basta con saber para qué sirve un botón. Es necesario también hablar acerca de la historia y los intereses que están detrás del mismo. Es lo que distingue tener una cultura valedera que incorpora elementos de informática, o lo que es lo mismo, ser cultos tal y como pide la época que compartimos.