Voy por cigarros o hacer las cosas como deben ser
Voy por cigarros de Gerardo Fulleda León, es una obra teatral que hace algunos meses gozó de varias puestas en escena, desgraciadamente para mí, no pude asistir a ninguna de estas, pero por fortuna, llegó a mis manos la publicación de esta pieza que hiciera Ediciones Extramuros el pasado año. Y digo por fortuna, porque su lectura me atrapó desde del comienzo en ese juego de aparente simplicidad mediante el cual su autor nos obliga a meditar sobre la difícil tarea de conservar un matrimonio.
En primera instancia, Voy por cigarros, vuelve sobre el tema de las relaciones de pareja y visto desde este ángulo cualquier lector puede identificarse con sus personajes y tener un valoración general de la obra que igual, supongo positiva; pero Fulleda no se conforma con esto, sino que, la relación entre Magnolia Barrera y Serafín Armada se complejiza a partir de la red que teje el autor para tratar todos los problemas que afectan la convivencia.
En la presentación inicial de los personajes, Magnolia se describe, en consecuencia con el significado de su nombre, con la siguiente expresión: mujer que parece blanca, y esto, por diferentes analogías nos remite, sin lugar a dudas, a Cecilia Valdés, con lo cual estamos obligados a pensar por extensión, en una de las primeras imágenes de la mujer cubana; en contraposición ahora a Serafín, que es mulato, y como se comprobará más adelante encendido, resplandeciente, características que ya posee del significado de su nombre derivado del hebreo[1]. Además, Magnolia se apellida Barrera y Serafín, Armada, con lo cual sabremos que la contención caracterizará a Magnolia quien a la misma vez parecerá ser un obstáculo en la felicidad de Serafín, según él mismo cuenta. Por otra parte, al elegir el vocablo armada, Fulleda, ha puesto a Serafín a la defensiva, pero también sabremos que caerá atrapado en su propio lazo[2].
A partir de la dicotomía central hombre – mujer, aparecerán como en el caso de la raza -en que ella parece blanca y él, al ser mulato, no es ni negro ni blanco-, una serie de contraposiciones entre estos personajes: voz - afonía, tango - bolero, mecánico – cantante, problemas con la bebida – imposibilidad de cantar tres temas seguidos, infidelidad – fidelidad, que cargarán al texto de significaciones relacionadas con el género. Durante la lectura podrá verse que el diálogo sostenido por Magnolia y Serafín pone sobre el tapete diferencias culturales, raciales, de género, y desde mi punto de vista, una aún mayor: la manera de ver y de asumir la vida. Para Magnolia la vida es su carrera profesional; los proyectos futuros tienen que ver con su propia realización como bolerista; para Serafín, por el contrario, la bebida, el sexo, sus complejos, y el «resolver» conforman un aquí y un ahora, del que siempre se ha escapado Magnolia, por ello, seremos testigos mudos del descenso de él y no ya del ascenso de ella sino de su trascendencia.
De una manera genial, lo extralingüístico se inserta en la obra como un punto de originalidad y novedad, puesto que estaremos frente a un personaje que solo tiene como herramientas para hacerse entender los gestos, un creyón de labios, una corneta y un espejo, frente a otro que en la medida que va hablando se va enredando en sus propias palabras, por eso en esta pieza teatral el silencio cobra sentido y la trompeta china se convierte en un personaje más como diría Ángel Sánchez en prólogo a esta misma edición.
La obra se desenvuelve toda en un camerino, de algún club nocturno de Santiago de Cuba. El camerino es también una metáfora, es el lugar donde el actor o la actriz se quitan la máscara, donde vuelve a la vida real después de haber enfrentado al público y a donde aún llegan los aplausos como ecos de gloria. En este lugar Armada irá haciendo un recuento de toda su vida antes y durante su matrimonio, que nos permitirá comprender cuáles han sido los momentos más importantes que han atravesado juntos y qué problemas han lacerado la convivencia. De tal forma, la filosofía popular, la cotidianeidad y los problemas socioeconómicos afloran y contextualizan nuestros constantes avatares, para humanizar y acercarnos a estos personajes que nada tienen de divinos sino que son como cualquiera de nosotros:
Serafín: Por supuesto… ¡Y también robo, coño, robo! Una pieza a este, al otro… y engaño al turista de porra para venderle a aquel el carburador suyo, más adelante. Pero sabes, esos no me dan ninguna pena, muchos vienen aquí a ser robados y a veces se llevan lo que más valor debía tener para nosotros, nuestra vergüenza, carajo. Total, más daño le hacen al país los ladrones de cuello y corbata, esos que andan en oficinas y tiendas refrigeradas. ¡Esos sí roban! Nosotros somos unos pobres rateros.
[…]
El que roba en la fábrica es robado en la carnicería, a este le roban a la entrada de un restaurante por quien es robado a su vez en el mercado y al que más adelante le roban para entregarle una buena plaza a su hijo, en una empresa extranjera… Y así la cadena interminable. (pp. 33-34).
Un elemento recurrente en la obra es la música muy cubana, por demás, que aparece para reforzar la escena y es un aspecto más de cubanía que transita toda la pieza y de la cual sus personajes son fieles exponentes. En muchos casos los textos de las canciones dialogan, por decirlo de alguna manera, con la situación que va teniendo lugar en escena. Otra muestra de cubanía, es una especie de sketch que Serafín hace de situaciones que vivió en un viaje para estudiar en la antigua URSS y que se insertan como metarrelatos dentro del texto que poco tienen que ver en sí con lo que sucede en él, pero que sirven para postergar el momento climático y de alguna manera también para caracterizar al personaje.
A mitad de la acción Serafín descubre una carta dirigida a Magnolia y por un mecanismo de suspensión que posterga el objetivo de la aparición de esta carta dentro del conflicto, no llegaremos a saber hasta el final de la obra qué decía y cuán importante era para el futuro de sus protagonistas. Pero resulta interesante que esta escena pone de manifiesto una vez más el juego constante que el autor hace con el uso de la palabra. La carta conforma una modalidad discursiva para la que Serafín no está preparado, él mismo le manifiesta a Magnolia que es alérgico a las cartas, que estas son muy peligrosas y que no rompería su regla de no leerlas, sino que esperaría a que ella tuviera voz para que le contara. De tal manera, como decíamos anteriormente, Magnolia no tiene forma de hacerle saber que la vida puede cambiar para ambos.
Casi el final descubrimos que era el aniversario de bodas de esta pareja, treinta años de matrimonio, y momento justo para que Serafín, quien ya no puede callar más, confiese el amor que siente por Fabiana, otra cantante de tangos de la misma edad que Magnolia pero con la cual ha vuelto a sentirse vivo:
Serafín: […] Pero es que ella… Cómo decírtelo… no cierra los ojos, los mantiene abiertos y me mira, me mira como si quisiera ir mar adentro de mí, hasta no sé qué puerto donde aún tiemblo y sueño como el niño que fui. El que vuelvo a ser a su lado.
[…]
Y entonces no me avergüenza ni mi flacura, ni mis dientes perdidos, ni ese olor que me ronda y que no es sudor, sino costumbre, desencanto y miedo. Tú tienes que entenderme. Eres mi familia, con mis hijos, mi único consuelo. Sería ridículo contándole lo que me pasa a otra persona ajena. Y esto va en serio. Queremos comenzar una nueva vida. Me dio hasta hoy para hablar contigo. No quiere hacerte daño. Después ella hablará con su marido. Vamos a hacer las cosas como deben ser. [p.45].
Justo en este momento es que nos cuestionamos: cuál es el estrecho límite que separa a la pareja (marido/mujer) de la familia; ¿es cruel Serafín al declarar lo anterior o inevitablemente esta declaración es la acorde con los sentimientos de confianza y consuelo que siente hacia Magnolia? ¿Perdida la pasión inicial del matrimonio, se va acabando el amor necesariamente? ¿Acaso la costumbre, el desencanto y el miedo, es el único saldo de Serafín en este matrimonio? Sin lugar a dudas Voy por cigarros, nos obliga a pensar en la difícil carrera de conservar un matrimonio, de sacar a flote una relación puesta en crisis constantemente por disímiles factores, y de las cuales no siempre se sale de forma satisfactoria para los dos miembros, pero además pensamos en como será hacer las cosas como deben ser. Fulleda no nos presenta una receta ni un manual sobre el matrimonio, sino que nos pone a reflexionar sobre uno en específico que no logró estar unido así en la vida como en la muerte y que por tanto es verosímil y actual.
Aquella carta que Serafín no quiso leer, sabemos sólo en el último momento que es un contrato muy bien pagado para hacer una gira internacional, y cuando él comprende lo bueno que puede ser para ella, se despide alabándola y deseándole suerte, entonces ella rompe el contrato porque no cree que esa sea su única alternativa, tratando aún de imaginarse juntos, pero él tratando de interrumpir esa acción trastoca los nombres y dice Fabiana en lugar de Magnolia. Es entonces cuando realmente ella descubre que ya no puede hacer nada, pero igual, también ella es libre por tanto decide hacer suya la historia que antes le contara su marido leída en una revista Selecciones sobre cómo en un año desaparecen de sus hogares de quinientos a novecientos hombres en Estados Unidos:
Serafín: […] Son hombres de su casa, felices, sin ningún problema monetario. Tras comer opíparamente se sientan a ver la televisión en el horario estelar, con la señora, los niños, el canario riendo, los gatitos ladrando, los perritos maullando y de pronto, dejan la Coca Cola dietética, se paran del cómodo butacón y solo dicen: «Voy por cigarros.» Y salen al mundo. Sólo que la mayoría de ellos no son fumadores. [p. 26].
Magnolia escribe la misma frase en el espejo, y en un vuelco total a lo que pudiera preverse y en consonancia con lo que habíamos leído antes, como mismo un canario ríe, los gatos ladran y los perros maúllan, Magnolia puede tomar el rol de todos esos hombres e irse también a ver el mundo porque finalmente ella es una igual y tiene la posibilidad de escarparse, pero más que igual a un hombre, Magnolia es terriblemente superior porque no abandona, sino que al ser abandonada tiene que reinventarse una vida y de entre las cenizas y el humo, salir a buscarla.
