Los 25 de la Editorial Pablo y las nuevas historietas cubanas
La Editorial Pablo de la Torriente Brau arriba este año 2010 a sus veinticinco años de fundada. Más allá de cumplir con su misión principal de promover la creación y edición de textos para las carreras de Periodismo y Comunicación Social, durante esta etapa ha publicado más de novecientos nuevos títulos en sus colecciones, que abordan, entre otros temas, los pasatiempos, el humor gráfico, los cuadernos para colorear, aquellos libros de reporteros de nuestro país sobre las misiones humanitarias de los trabajadores cubanos de la salud, y ese altamente demandado género que combina texto con imagen: la Historieta.
Esta casa editora, que significa la materialización de un viejo sueño de los periodistas cubanos, ha realizado una encomiable labor en el rescate y difusión de la Historieta, un género literario autónomo, según Umberto Eco, dotado de elementos estructurales propios y de una técnica comunicativa original. Otros críticos han ido más lejos, ubicándola como el noveno arte, suponiendo a la televisión como el octavo.
Los orígenes de la historieta están estrechamente ligados al desarrollo del periodismo moderno. Estos orígenes se relacionan con las particulares características del periodismo norteamericano de fines del siglo XIX, el que en su puja por la conquista de nuevos lectores resuelve incorporar los novedosos y atractivos cartoons a todo color, convertidos después en historietas. El primer suplemento apareció en el periódico World, de Nueva York. Nadie, hasta ese entonces, había contado una narración ilustrada sirviéndose de globos para los diálogos. Cuando, por fin, este avance innovador se impuso, no fue sino como consecuencia de la evolución de un tema humorístico protagonizado por un personaje semanal de cartoons. Este primer personaje era Yellow Kid (El niño amarillo), creado por Richard Felton Outcault (1863-1928) para el World.
A raíz de la intervención norteamericana en Cuba, cuando se sufrió una gran influencia de aquella cultura en nuestra vida cotidiana, la historieta o cómic cubano comenzó su desarrollo, sobre todo como una forma de expresión política que criticaba ésta intrusión, y reflejaba la pobreza y el sufrimiento de la sociedad insular a causa de los abusos de los gobernantes de turno. También fue un excelente recurso para aquellos creadores que colaboraban con la lucha clandestina que existía en el país para derrocar a esos gobiernos.
Ejemplos de lo anterior son los comics de “Pucho" y "Luís y sus amigos”, realizados especialmente para la revista clandestina Mella por sus autores Virgilio Martínez y Marcos Behemaras. Otro caso son los de “Julito 26” y “Juan Casquito”, dibujadas para El Cubano Libre por Santiago Armada. Este periódico era editado en la Sierra Maestra, centro de la lucha insurreccional del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro. Se calcula que más 400 personajes circularon en el país por aquellos años, lo que trajo como consecuencia que se desarrollara en la población un gusto por este género.
Un gran impulso se logra una vez que triunfa la Revolución. Los primeros temas fueron históricos y educacionales, como “Cucho” y “Supertiñosa”, de Virgilio Martínez. Pronto comenzaron los relacionados con la Ciencia Ficción, siguiendo el ejemplo de españoles, franceses, italianos o argentinos. En las publicaciones periódicas (Pionero, Cómicos, El Muñe) se alternaban los temas sobre aventuras, humor o historia, con la ciencia ficción.
Con el paso del tiempo el género ha logrado atraer la atención de niños, jóvenes y adultos, reconociéndose así la calidad de muchas obras, y los autores, cada vez más, elevan su nivel con creaciones que abarcan disímiles temáticas y corrientes artísticas.
En los años ´90 del pasado siglo, con la llegada del período especial y la consecuente falta de papel, la frecuencia de las revistas sufrió una sensible limitación, desapareciendo prácticamente el género.
La Editorial Pablo, desde su fundación hace veinticinco años, amplió el camino para la difusión del arte de la historieta. A partir de entonces las obras de los creadores del patio han venido apareciendo sostenidamente, a pesar de las carencias. Hoy se mantienen produciendo autores reconocidos, como Juan Padrón, padre de "Elpidio Valdés" y Cecilio Avilés, de "Cecilín y Coti"; junto a aquellos que se han iniciado en el ejercicio del género. Su presencia en las ferias del libro cada año, ha significado una forma de sostener la profesión artística, al tiempo que se satisface el interés de los lectores de todas las edades.
Para el presente año la Editorial Pablo anuncia la publicación, entre otras, de las siguientes historietas:



Entre dos mundos, aborda la increíble historia de un extraterrestre fugado de una prisión en su planeta donde se le retenía por su afán de ayudar a su pueblo, y que llega a Cuba en medio de la guerra de independencia, para relacionarse con los mambises.
Inspirado en la saga de aventuras creadas hace más de un siglo por el autor italiano Emilio Salgari (1862-1911), Sandokán en Borneo, de Ángel Velazco, está ambientada en las impenetrables junglas y llanuras de aquella isla del sudeste asiático. Esta historia cuenta el emocionante viaje de Sandokán, El tigre de la Malasia, mientras lucha junto a sus amigos, contra las fuerzas desatadas de la naturaleza y las hordas de Dayakos subordinados al dominio colonial europeo.
Del joven guionista y dibujante Luís Arturo Aguiar Palacios, se esperan dos historietas: Los ardides de Rabbat, que resulta una fábula sobre un conejo autosuficiente y mentiroso, dedicado a engañar a los incrédulos habitantes de la villa de Ho, que un día es obligado, por el malgenioso pero noble capitán de la Guardia Imperial, a que le acompañe en la búsqueda de un tesoro, que le conducirá por increíbles peligros y aventuras, y Cuito Cuanavale, un docu-drama basado en un hecho real: Un piloto de combate cubano es derribado en Angola durante aquella famosa batalla y es capturado por las fuerzas de la UNITA, pero logra escapar con una valiosa información de inteligencia que resultará un valioso aporte para la victoria cubano-angoleña.



En Wankarani. El icono sagrado, de Enrique A. Lacoste, se recrea una audaz operación encubierta bajo la fachada de una expedición arqueológica, de la principal agencia de inteligencia de un poderoso país del primer mundo, que quiere apoderarse de un icono sagrado aparecido en una antiquísima ciudad, del que se dice otorga al que lo poseyera grandes poderes sobrenaturales, para garantizarse así el dominio de los demás pueblos de la Tierra. Wankarani y sus amigos se verán enfrentados a grandes peligros para tratar de desarticular la operación enemiga.
Algo muy especial resultará la publicación de ese clásico de la literatura mundial que es La Iliada, pues es la primera vez en Cuba que se hace una versión en forma de historieta del libro de Homero, que narra la famosa epopeya guerrera entre griegos y troyanos.
