María Antonia Borroto Trujillo, 05 de julio de 2010
Otros sentidos para el tiempo y el espacio.
Desde las dos de la tarde la Calle República lució distinta. En vez de los puestos de comestibles que de rato en rato invaden la calle, de la música atronadora y el ir y venir bastente frenético, había libros, música agradable e incluso en vivo, y gestos calmados. Las librerías Mariana Grajales y Ateneo-Viet Nam, así como el Centro Provincial de las Artes Plásticas acogieron varios momentos para el homenaje y la disertación inteligente a propósito de figuras esenciales de nuestras letras.
Los niños tuvieron su espacio: a ellos estuvo dedicado el primer instante, con la presentación de los libros Cuentos para Laura, traducción del ruso de cuentos tradicionales maris realizada por Jaime López García; Mi mundo es mío, de Ada Zayas-Bazán —ambos de Ácana— y Vamos a disfrutar el arte, de Nerys Pupo. Fue muy agradable el reencuentro con los autores camagüeyanos, como lo fue también la actuación de los niños, provenientes de proyectos de la Oficina del Historiador de la Ciudad y de casas de cultura.
A este instante, un tanto festivo, le siguieron el homenaje a Eliseo Diego —desde un panel integrado por Oneyda González, Ramiro Fuentes Álamo, Lionel Valdivia y una servidora—, a Lezama Lima —desde las particulares visiones de Elda Cento, Juan Antonio García, Jorge Santos Caballero y Ramiro Fuentes— y a El Cucalambé, gracias a una conferencia de Ernesto Agüero y a la lectura de textos del Cucalambé a cargo de Sergio Morales, Benito Estrada, Jesús Zamora, Yunexis Nobalbo y Mariela Pérez-Castro.
Quienes abordamos la obra de Eliseo Diego nos detuvimos en la profunda esencia narrativa de sus cuentos e incluso, en un aspecto que se mira menos: la narratividad también de cierta zona de su poesía. Su gusto por la llamada literatura infantil, su relación con la narrativa modernista, las conexiones entre su obra en prosa y ciertas tendencias de la literatura latinoamericana del momento, entre otros, fueron los aspectos traídos a colación.
Mientras, el homenaje a Lezama devino análisis y recuento de sus vínculos con la música, las artes plásticas y el cine, así como la siempre necesaria recomendación de su búsqueda y asimilación a los jóvenes, quienes no debemos contentarnos con las opiniones de otros y los tantos mitos en torno suyo. Muy emotiva fue la lectura que de los poemas “A mi esposa María Luisa”, “El esperado” y “Universalidad del roce”, todos de Lezama, hicieran Osvaldo Gallardo y Lionel Valdivia, lectura que incluyó referencias a la obra de alguien que dijo de sí mismo, en una carta a su hermana Eloísa, que nunca comulgó en los altares del odio, explicación de su permanencia en el país y de su poesía. El fragmento, citado de memoria por Gallardo, fue el colofón a la siempre viva polémica —y activada minutos antes— acerca de los últimos años del autor de Paradiso.
Presentaciones de libros, entre ellos varios de Guillén y Roberto Fernández Retamar, completaron este acápite de homenajes, el que precedió a las novedades de Ácana: los poemarios Pulso del aire, de Aldo Sánchez Herrera, y Poesía, de Robert Frost, traducida por Isabel Serrano. Sin embargo, de ellos hablaré en otro momento, pues merecen un espacio mayor que el apretado de esta reseña, breves líneas que solo han pretendido resumir una tarde-noche que no puede ser medida según nuestro usual sentido del tiempo en una calle con reminiscencias de Universo.