Fina García-Marruz: siempre altísima en su inolvidable delicadeza
«Siempre altísima en su inolvidable delicadeza». Con estas palabras distinguió el investigador y ensayista Enrique Saínz a la poetisa y ensayista Fina García-Marruz, Premio Nacional de Literatura 1990, cuando el pasado miércoles catorce de julio protagonizara un homenaje en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, a propósito de la publicación en España de una selección de su obra poética.
La antología El instante raro, de reciente publicación en su colección La Cruz del Sur, por la Editorial Pretexto, fue realizada, editada y prologada por Milena Rodríguez Gutiérrez y tiene la intención de dar a conocer en el país ibérico a Fina, la única integrante del Grupo Orígenes que aún no se conocía en aquella nación.
Dentro de la monumental herencia que Orígenes ha dejado a la literatura nacional, aseguró Enrique Saínz a los presentes, los libros de Fina —tanto de poesía como de prosa valorativa— poseen una luminosidad única en su aprehensión de lo que él describe como «el adentro último de lo real». Y observa asimismo en su obra ese diálogo con el ser en una dimensión absolutamente espiritual, en busca de un centro que nos revele lo que vemos y lo que somos: dialéctica de un anhelo de conocimientos, que se hace nuestro desde el instante en que nos adentramos en sus páginas:
La cultura cubana se ha ido enriqueciendo con cada uno de los textos de Fina, en los que cada lector puede ir rehaciendo su propio paisaje, su memoria, su sentido de la vida: logro mayor de esos poemas y prosas, de los que nunca nos sentiremos insatisfechos, ni frustrados.
Su estilo —afirmó— ha permanecido el mismo, invariable en esa manera tan suya de iluminarnos un pasaje de su obra, un fragmento de la realidad contemplada en un poema; esa manera propia de decirnos lo que no vimos en nuestra lectura o en nuestras reflexiones sobre el mismo autor o tema:
Hay siempre algo, mucho, en sus ensayos, que nos conmueve profundamente y nos trae la alegría de leer un libro, evocar un recuerdo familiar, una personalidad; siempre con una luz distinta, en tanto difiere de la luz que nos irradian otros autores de semejanza, que hallamos en la súbita revelación de lo que podríamos llamar el espíritu de lo cognoscible, aquello que hace que percibamos ese fragmento, ese libro o esa persona, desde una imagen que la autora nos trae en su posibilidad trascendente; de donde podemos entonces apropiárnoslo de un modo más perdurable que en su carácter fugaz.
Más adelante Saínz profundizó en la dimensión alcanzada por la obra ensayística de Fina, que ha logrado una altura, según su criterio, jamás merecida por ningún otro crítico cubano, a excepción de Martí:
Algunos quizás se asombren de que en esa afirmación estén incluidos Lezama y Vitier: dos grandes y sólidos maestros de la prosa ensayística de nuestra literatura, desde el autor de Versos Sencillos; conclusión de la que no nos dejaran dudar sus libros respectivos de éstos dos creadores. No los olvidé cuando aseveré que Fina es capaz de ver zonas y momentos de un poeta, con una mayor penetración que aquellos.
Refiriéndose a El instante raro lo resumió como una antología monumental, por el dilatado camino de una obra lírica compacta, profundamente auténtica, que ha venido brotando en un diálogo nada literario con la realidad, sino íntimo, espiritualizado, desentendido de formalismos vacíos y fabricados, ajeno a todo lo que no fuese genuino sentir, y memoria sustantiva.
Los libros y la vida de Fina García-Marruz —concluyó Enrique Saínz— como un todo indisoluble, están en el centro de nuestra vida espiritual de los últimos sesenta años:
La mayor lección de su poesía y sus ensayos, acaso sea el habernos enseñado a mirar la realidad desde una dimensión espiritual, rasgo que en ella alcanza una hondura infrecuente en tantos y tantos autores. El misterio de la piedad, y esa rápida revelación de la naturaleza de un poeta: frutos mayores del aporte de Fina al Grupo Orígenes, nos acompañaran siempre. […] Los textos de esta escritora cantan una lejanía que siempre nos acompaña, una distancia inolvidable, como de los primeros tiempos, una penumbra que no podemos olvidar ni transformar: inmortal sitio de nuestra vida, que el más entrañable.
