Convergencia de cinco años
Los patios interiores camagüeyanos saben aprovechar muy bien la brisa y aun en noches calurosas tienen un frescor muy propio. Y si por la rara sensación de la lluvia que se presiente cercana, la noche es de por sí fresca, se acentúa esa sensación de plenitud y calma. Ningún sonido llega del exterior, nada turba lo que allí acontece ni a los allí reunidos.
Esta vez, en la peña Convergencia, en la casa de cultura del distrito Joaquín de Agüero, había, además de un aire distinto, un regocijo mayor. Y no es que habitualmente le falten a este espacio motivos para la reunión amigable, sino que el quinto aniversario de un proyecto como este bien merece el cumpleaños.
Mantener, hoy en día, una peña literaria en un sitio alejado del centro urbano, puede ser una tarea titánica. Sin embargo, a Convergencia, conducida por el asesor literario Juan Miguel Castillo, no le ha faltado público, ni el apoyo del Centro Provincial de Casas de Cultura y del Centro Provincial del Libro y la Literatura. Y lo que creo aún más importante: siempre ha tenido consigo a los escritores del territorio y a los miembros del taller Rómulo Loredo.
La noche del cumpleaños no fue menos. Juan Miguel, sabedor de que ser agradecidos es una de las mejores virtudes, sentó a su lado a Belquis Gil, fundadora de la peña en su primera época y del taller Rómulo Loredo, a Blanca Jáuregui, primera metodóloga que asesoró el espacio, a Doris Villarreal, metodóloga actual, a Isis Betancourt, de la Dirección de Casas de Cultura, y a Regina Caballero, tallerista fundadora.
Paro también compartieron con él Odalis Tamayo, su tallerista más joven, premiada en varios eventos, y los escritores Yoandra Santana, Yunexis Novalbo y Jesús Zamora, quienes compartieron en la primera Convergencia. Zamora, autor del libro Sed infinita, publicado por Ácana, agradeció la existencia de ese espacio y confesó su deseo de seguir siendo miembro del Rómulo Loredo y contertulio de Convergencia: el ambiente de camaradería que allí reina se extraña en ocasiones en otros espacios de la vida literaria de la ciudad.
Eso explica, en buena medida, la dinámica de un taller y de un espacio como este. Difícil ha sido todo, explicó Juan Miguel, quien al encaminar este trabajo ya tenía experiencia de tareas similares en las universidades del territorio. Aunque emparentadas, son muy diferentes la labor de un maestro de la de un asesor literario. Súmese a esto, que quienes se reúnen en tales espacios ya son aficionados a la lectura y tienen un mundo propio riquísimo: el respeto es, por tanto, esencial. Cada nuevo miembro implica un reto diferente.
Así, entre amigos, con la buena trova de Antonio Batista y Aldrovandy, con versos y un espirituoso brindis, y sobre todo, con una brisa suave en un patio que de pronto lució aún más acogedor, Convergencia celebró sus cinco años, primeros de una sucesión que se presiente larga y enriquecedora.
