Alicia: el arte vivo en su ardor
Casi al filo de un final de siglo que resultaba, además, fin de milenio inquietante e incisivo, el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau decidió crear un Premio que llevaría el nombre del formidable periodista, escritor y luchador revolucionario, que a su vez nos nombra y nos alienta para ser otorgado, por una sola vez, a personalidades e instituciones cubanas y de otros países que se hayan destacado en investigaciones, obras de creación y acciones encaminadas a promover y defender los valores de la identidad cultural y la solidaridad entre los pueblos.
El Premio quería —y quiere— enfatizar las premisas éticas, humanas y comprometidas de Pablo, legadas en sus textos y en su propia trayectoria de vida que pasó, rauda e intensa, por las cuatro décadas iniciales del pasado siglo, dejando ejemplo y luz para estos tiempos que corren.
Entre esas premisas se encuentra, sin dudas, el reconocimiento de dos fuentes esenciales de su formación, confesadas en textos memorables. Pablo aprendió a leer en las páginas de La Edad de Oro de José Martí y destacó en el prólogo de su primer libro, Los Cuentos de Batey, la herencia ética recibida de su abuelo, el sabio puertorriqueño don Salvador Brau.
De esas fuentes hermosas y nutricias, nació, tomó fuerza y vuelo, la obra de quien recibe esta mañana el Premio de que hablaba: “cisne, paloma y mil y más criaturas”: así la llamó para nosotros el poeta de la Calzada interminable.
Así la hemos visto, la vemos, la veremos, danzando maravillas en los claroscuros luminosos de los escenarios y en las pantallas eternas de la memoria, haciéndonos estremecer con aquella firme ternura, con esta tierna firmeza que la vida nos regala ahora en su noventa cumpleaños.
Con esta pequeña, modesta entrega queremos honrar hoy la entrega mayor que ella ha realizado a lo largo de su fructífera vida y de su obra incesante en la que toman fuerza y vuelo las artistas y los artistas jóvenes que la siguen, que la continuarán, lumbrecilla humana, fiesta de Cuba, Alicia.
Así la vio para nosotros —y así la vemos nosotros ahora con él— un poeta grande de nuestra lengua, Don Eliseo Diego, en su “Saludo y homenaje a Alicia Alonso”:
Siempre te vi volar toda ya un hada,
cisne, paloma y mil y más criaturas,
tramando tus divinas aventuras
sobre el borde insaciable de la nada.
Tú misma sólo música encarnada,
luz que dibuja fina en las oscuras
fibras del mundo eternas travesuras
tan naturales como tú hechizadas.
En fin, que para mí tú eres el Arte
vivo en su ardor, y tan, y tan lejana
como la estrella que el abismo abriga.
Pero hoy que me decido a saludarte
te siento cerca, lumbrecilla humana,
fiesta de Cuba, misteriosa amiga.
Misteriosa, clara Alicia: la nieta de aquel sabio puertorriqueño, la hermana de Pablo, Ruth de la Torriente Brau, va a entregarte esta pequeña muestra de belleza y de cariño con que queremos agradecer tu vuelo, tu fuerza, tu vida.
Allí se lee:
Para Alicia:
Por su capacidad de multiplicar y compartir la belleza.
Por su voluntad creadora y su magisterio generoso.
Por ser fiesta de Cuba tramando sus divinas aventuras, como la dibujó el poeta en su día.
Y por regalar a nuestro pueblo y al mundo el Arte vivo en su ardor.
Dado con admiración y amor, a los 9 días de julio de este año 2010.
