Carta a Junot Díaz
Aunque no tengo el gusto de conocerlo, a través de su espléndida novela La breve y maravillosa vida de Oscar Wao puedo adivinar varias cosas de su persona que lo hacen sumamente atractivo como ser humano. Utilizo la palabra persona para subrayar el acercamiento que se hace a los artistas, a veces, a través de la obra, o al ser de carne y hueso si se ha tenido el placer de compartir con él (o con ella) determinados momentos reales. Por ejemplo, cuando Roberto Fernández Retamar hizo el poema “Lezama persona”, contribuyó a crear una imagen diferente, a escala humana, del gran intelectual cubano y universal que fue José Lezama Lima. Asimismo, cuando a Maitena se le ocurrió dirigir una carta a Dorothy Parker, como manera de prologar la antología de narrativa de la inimitable cuentista norteamericana, nos acercó de cierta manera a esa criatura excepcional.
El atractivo al cual me refiero en su caso, está dado por la percepción que se logra después de disfrutar del contexto en que se desarrolla su novela. La visión franca, despojada de sentimentalismo (que no de sentimiento, aflorado con pasmosa elocuencia) que hace usted de su Santo Domingo natal, logra que nos sintamos vinculados, como nunca antes, a la cultura dominicana, y eso, además de atractivo, es generador de gratitudes. De repente nos relacionamos con ese hermano país a través de su lenguaje particular, por la descripción de su arte culinario, con los modismos de los jóvenes, por la violencia padecida y por el fracasado intento de lograr una verdadera soberanía. Sentimos un lazo de hermandad tangible que abarca desde el sofoco del calor hasta las cañas, desde la hermosura de las mujeres hasta la fiereza de ellas mismas.
Son las mujeres quienes más sobresalen en la La breve y maravillosa vida de Oscar Wao, y ello constituye un elemento más de atracción según mi punto de vista. La Inca, por ejemplo, con esa rabia contenida durante toda la narración, semeja una estructura volcánica que en cualquier momento estallará. La madre de Oscar, víctima y victimaria a la vez, simboliza la resistencia, dignificando a ese tipo de mujer que ha ido por la vida creyendo lo inverosímil a todas luces. La prostituta joven también resulta entrañable debido al afecto que profesa a Oscar, hombre desdeñado hasta el momento en que ella lo acoge y le transforma la existencia aunque sea para mal.
Por otra parte, el escenario de New Jersey, estampado con la visión de un latino ubicado allí, más allá de resultar creíble (¿quién duda de la hostil manera en que somos recibidos en esas tierras?) muestra al mismo tiempo el espíritu de relativa resignación de sus habitantes. Como si no le quedara otra opción que aceptar la avalancha de emigrantes, la ciudad brinda la calidez que le es posible.
En el afán por conservar viva la raíz que les dio origen, los dominicanos instalados en esa parte norte de "El Norte" continúan, en la medida de sus posibilidades, aferrados a lo mejor de su tradición, siempre con el sueño de poder regresar. En la novela no existe atisbo de lamento ni de utopía existencial de ningún tipo. Las opciones de emigrar se fundamentan, así como se reconocen los motivos que explican la permanente añoranza por la tierra que vio nacer a las familias de los protagonistas.
No existe en la literatura que conocemos, ninguna descripción mejor del fenómeno espantoso de la dictadura trujillista que la que aparece en La breve y maravillosa vida de Oscar Wao, de forma que no es posible estudiar la historia dominicana contemporánea obviando la lectura de su novela. El tratamiento a la historia sin ínfulas didácticas, es, quizás, el mérito más sobresaliente de la narración, reflejando el carácter increíblemente despiadado de una de las represiones más largas que haya soportado un pueblo.
El humor, otro gran pilar presente de forma espléndida en la novela, ayuda a soportar la desdicha que se narra como elemento fundamental y priorizado. Casi siempre a través del uso del dominicanglish (pero no sólo con este recurso), las pinceladas humorísticas, necesarias y bien empleadas, alivian las desgarraduras que los(las) lectores(as) vamos sufriendo de manera progresiva cuando se avanza en el conocimiento de la trama. Ya una vez, en carta anterior, dije que Oscar tiene, como personaje, similitudes con otros dos grandes protagonistas literarios tan inolvidables como él: Ignatius Reilly, de J.K.Toole y David, de Senel Paz. Hoy me gustaría añadir que existe un método de acotación de mensajes en La breve… que recuerda a un libro también imposible de ignorar: Decadencia y caída de casi todo el mundo.
Los magistrales pies de página que regalara al mundo Will Cuppy encuentran su parigual en los de su novela, querido Junot Díaz , y espero que esta comparación sea recibida con el mismo ánimo que me impulsa: con la desbordante admiración que causan la lectura de estos libros —La conjura de los necios, En el cielo con diamantes, Decadencia y caída de casi todo el mundo—. No puede existir mejor modo de conocer las sucesiones de nombres, fechas y aconteceres pasados de un lugar determinado, que leyendo obras literarias donde se conjuguen, como en La breve y maravillosa vida de Oscar Wao, el rigor de la técnica, la honestidad investigativa y el empleo de un estudiado y efectivísimo humor.
Con la esperanza de nuevas entregas que nos ilustren y nos diviertan, lo saluda, agradecida,
Laidi Fernández de Juan,
Julio, 2010
