Invitación al foro sobre Lezama
El deslumbramiento que provoca la lectura de estas estrofas maravillosamente cerradas y a la vez tan libres de Fina García Marruz es una demostración más de la constancia y permanencia engendradora de la actitud poética de Lezama para todos aquellos que vivieron y viven en el ámbito creador que el maestro de Trocadero, de La Habana, de Cuba, de nuestra América, del mundo presidió con su ejemplo y estímulo constante y multiplicado en ésta primera secularidad del gran poeta.
César Lòpez
UN PADRE OSCURO, EXIGENTE, IMPREDECIBLE...Y SIGO LEYENDO.
Roberto Méndez Martínez
El texto de Fina García Marruz me remite a días más bien lejanos, cuando, en la Biblioteca Provincial de Camagüey, iba, cada día, a leer y releer la "'Orbita de José Lezama Lima". Descubrir allí "Muerte de Narciso" o "Un puente, un gran puente" tanto como el cuento "Juego de las decapitaciones"o el ensayo "Sierpe de Don Luis de Góngora", sin olvidar aquella "Suma de conversaciones"con Álvarez Bravo, me sobresaltaron, me abrieron un mundo de la sensibilidad y la inteligencia inesperados y en cierto modo me protegieron contra cierta literatura banal. Hablo de algo ocurrido hacia 1973: Lezama, a quien nunca vi,vivía todavía en Trocadero, al margen de casi todo. Un manto gris se extendía sobre el panorama cultural cubano. Muchas cosas estaban confundidas y no poco repetían aquello de que Lezama era un enemigo. De hecho, yo debía ir cada día a la Biblioteca, porque ese libro no se prestaba, ni siquiera estaba en estantes, solo debían tener acceso, me decían, personas autorizadas, solo que aquella bibliotecaria simpatizaba con mi familia y contravenía, felizmente, órdenes, y con ello me estaba cambiando la vida.
Hace mucho que ese velo gris se deshizo gracias a lo más vital del pensamiento de la Isla y que hoy Lezama celebre su centenario con un foro como este, presentaciones públicas y músicas que son como aquellas del Coche musical de Valenzuela. De todos, para mí sigue siendo un poeta secreto, al que leo siempre con ese cierto sobresalto del que cree que alguien mira por encima de su hombro. Sus versos siguen siendo en mi interior como ese "ciervo que no se alcanza"que viene de San Juan de la Cruz y de Martí y también el de los versos del homenaje de Fina.
Para mí Lezama seguirá siendo un padre oscuro, exigente, impredecible y pleno de una caridad paulina. No descansa. Está a mi lado. Y sigo leyendo.
