Palabras de presentación de El libro primero de los Gazapos
Palabras pronunciadas por la doctora Nuria Gregori Torada, directora del Instituto de Literatura y Lingüística, en la presentación de El libro primero de los gazapos, de Fernando Carr Parúas.
Ninguna fecha mejor para realizar la presentación de este libro pues fue el 4 de septiembre de 1987, hace hoy 23 años, cuando apareció por primera vez la columna Gazapos de la revista Bohemia firmada, y no anónimamente, ni bajo pseudónimo, como se había hecho hasta ese momento, por el destacado intelectual revolucionario, poeta, traductor, profesor, periodista y ¿por qué no?, humorista, don José Zacarías Tallet (1893-1989), primero en el periódico El Mundo y, desde 1968 hasta su muerte, en 1989, en la revista Bohemia . Y porque fue también ese día que Fernando Carr, felizmente para todos, aceptó el reto que le hiciera Tallet para acompañarlo en la redacción de la columna y continuarla hasta hoy.
Primer libro de gazapos de Fernando Carr Parúas no es un manual de corrección gramatical, ni de corrección lingüística, ni tampoco un diccionario de dudas. Es todo eso, y algo más. Se trata de una compilación de artículos, publicados por el autor, entre los años 1990 -1997 en la columna Gazapos de la centenaria y prestigiosa revista Bohemia, en el que se reúnen fundamentalmente gazapos lingüísticos, pero también históricos, geográficos, etc., no solo publicados en nuestra prensa o transmitidos por la radio y la televisión, sino también las respuestas a dudas que centenares de lectores le enviaron. Información útil y necesaria, escrita de forma amena y con lenguaje sencillo para hacerlo asequible a todos.
El vocablo gazapo, del grecolatino “gazapatón”, significa según la 2da acepción del la XXII edición del DRAE (2001) “Yerro que por inadvertencia deja escapar quien escribe o habla”. Sin embargo, hace algún tiempo también comenzaron a denominarse gazapos los errores cinematográficos, que son aquellos que aparecen en las películas por descuido, falta de cuidado, ya no en el hablar, ni en el escribir, sino en el momento de filmar o editar el filme, lo que provoca que en algunas películas los espectadores vean, en la gran o pequeña pantalla, cadáveres que parpadean, aviones que aparecen en el cielo en una película que transcurre durante la guerra de Troya, extintores en un carro de caballos, autos o edificios fabricados con posterioridad a la fecha en que transcurre la película, etcétera. Por lo tanto, habrá que tomar en cuenta esto y enmendar la acepción actual del vocablo.
La preocupación por la corrección lingüística es universal. No hay nadie indiferente hacia las cuestiones lingüísticas, pues todos los humanos somos hablantes, al menos, de una lengua. Aquí encontrarán respuestas a muchas de sus interrogantes y a otras que, quizás, nunca se hayan hecho. Este que presentamos es el primero de los cuatro libros que nos prometen su autor y la editorial Ciencias Sociales.
La lengua española la hacemos y deshacemos cada día todos los hablantes de la extensa y diversa comunidad hispanohablante conformada actualmente por casi 500 millones de hablantes que la tenemos como lengua materna, y no cómo piensan algunos que como el español “nació” en España y como no la hablamos exactamente igual como allí se habla, son los españoles los únicos que hablan bien el español y el resto lo hablamos mal, como si el español fuera nuestra “lengua madrastra” y no nuestra “lengua materna”. Sin embargo, el 90 % de los 500 millones de hablantes de español vivimos hoy en el continente americano.
No obstante, no todos los hispanohablantes poseen el mismo dominio lingüístico. Estas diferencias aparecen tanto al hablar como al escribir.
En Cuba, como en el resto de los países hispanohablantes, incluida España, hay personas que hablan y escriben “bien” el español y otras que lo hacen “mal”. Las que lo hacen "bien" no sólo han recibido instrucción, sino que lo demuestran, pues prestan atención a lo que escriben y hablan. Mientras que las que lo hacen “mal”, o son analfabetas o tienen pocos años de instrucción, o no prestan la debida atención a lo que escriben o dicen porque “da igual, tú me entendiste, ¿no?”.
En la lengua española culta o estándar hablan y escriben las gentes instruidas de la comunidad hispanohablante es decir, las personas con niveles educacionales superiores, profesores, profesionales, médicos, ingenieros, periodistas, sacerdotes, artistas, militares maestros, mujeres y hombres de diferentes edades y colores de piel , pues el grado de desarrollo cultural, la lengua, como la psique, no dependen del ámbito geográfico, ni del color de la piel, sino que se condicionan y se forman por la influencia determinante del medio sociocultural en que se desenvuelven y por el nivel educacional alcanzado.
Como se ha repetido en innumerables ocasiones el español es una lengua tan homogénea que es imposible que dos hispanohablantes no podamos entendernos, a no ser que no queramos, por supuesto.
El léxico que, como se sabe, es el sistema más abierto de una lengua, el más extenso y el que se va adquiriendo durante toda la vida, pues casi cada día surgen nuevas palabras y significados, es el que por su mayor variación puede traer algunos equívocos. No obstante, si en un texto o en una conversación surge algún vocablo que desconocemos su significado, por el contexto, sabremos de qué se trata. Y eso puede ocurrir solo con una parte del léxico muy reducido.
Recordemos también que una lengua no es solo gramática, pues la lengua es un hecho social y además de las normas gramaticales, existen normas sociales o sociolingüísticas, que tienen que ver más con problemas de conducta social que estrictamente lingüísticas Las groserías, las chabacanerías, son expresiones de trasgresión de las normas de la conducta social las cuales se expresan a través del lenguaje.
En una lengua cabe todo lo que pertenece a ella: lo culto, lo vulgar, lo popular, lo arcaico, lo coloquial. Vale todo sí, pero la lengua de comunicación social, la que nos acerca, la que nos une y permite comunicarnos con los casi 500 millones de hablantes de español es el español estándar, o culto, ese que se describe y prescribe en las gramáticas, en la ortografía, en los diccionarios. La lengua que aprendemos en la escuela, la que aparece en las obras literarias y de ciencia, la que se transmite por los grandes medios de difusión. Por ello se recomiendan determinados usos, los de la norma estándar y no otros.
La comunicación oral o gestual y la escrita son formas de expresión de las lenguas. La modalidad oral puede ser utilizada por los hablantes de todos los niveles socioculturales. La modalidad escrita requiere de aprendizaje escolar y de un ejercicio activo y constante, de un determinado grado de cultura, es mucho más exigente, pues está unida a la perfección normativa.
Que no encontremos una palabra en un determinado diccionario, a pesar de que la hemos escuchado varias veces por radio o TV o que la hemos visto escrita en la prensa, no quiere decir que la palabra sea un error y mucho menos que “no exista”, como en ocasiones se afirma , pues de hecho la hemos escuchado o visto impresa, lo que pasa es que no ha sido registrada aún, o bien porque un solo diccionario, como el DRAE (el diccionario de la Real Academia Española), no puede recoger todas las palabras que existen, ni todas sus acepciones, sería imposible, pues, en el banco de datos de la lengua española, que han ido enriqueciendo todos los países hispanohablantes, hay más de 250 millones de palabras y acepciones desde los inicios del español hasta hoy.
¿Qué es un diccionario? Es un depósito de memoria social del léxico y de allí se deriva su veracidad. La definición que se ofrece para cada vocablo o palabra llega a ocupar el lugar del significado mismo, es decir, informa el significado en la sociedad y a la sociedad, hasta convertirse en el verdadero y único significado del vocablo. Se les concibe como catálogos verdaderos de la lengua de la comunidad, no como obras de autores particulares, sujetos a gustos, modas y biografías, sino como la lengua en sí, como la lengua de la sociedad en su conjunto. Por eso se cree tanto en ellos. Son los únicos que sin provenir de una revelación religiosa, o de la pluma de un profeta, constituyen una VERDAD, y en ocasiones, la ÚNICA VERDAD, para las comunidades lingüísticas.
El español, a través de su milenio de historia, como todas las lenguas, ha ido creando nuevas voces e incorporando también gran cantidad de préstamos de otras lenguas con las que ha entrado en contacto en algún momento. Préstamos que no devuelve ni devolverá porque ha hecho suyos para siempre. Así, a su patrimonio inicial fue añadiendo arabismos, germanismos, galicismos, indoamericanismos, italianismos, anglicismos, rusismos, etc. Ante ellos ni admisión indiscriminada, ni rechazo a ultranza.
A través de este Primer Libro de Gazapos, los lectores podrán constatar también la evolución de la lengua española, por ejemplo, nuevas palabras o acepciones que se han ido incorporando al diccionario académico, el DRAE, y que el autor señala, como es el caso del adjetivo “sofisticado” con la acepción de “un sistema o de un mecanismo: Técnicamente complejo o avanzado”, o de cínico con la acepción de “hipócrita”, ambos incluidos en la XXI edición del DRAE (2001) por su amplio uso en la comunidad hispanohablante en textos científicos, técnicos, literarios , periodísticos.
Estoy segura que este libro contribuirá a incentivar el interés por el estudio y el uso de nuestra lengua materna. Esa que adquirimos de modo natural, la que escuchamos desde que estamos en el vientre materno, en la que balbuceamos las primeras palabras, en la que comenzamos a pensar y a descubrir el mundo, en la que expresamos nuestros sentimientos, en la que nos comunicamos, la que nos identifica y dice quiénes y cómo somos, la que nos permite adquirir nuevos conocimientos en cualquier campo de la ciencia y de la técnica, pues no cabe la menor duda que el dominio de la lengua materna continúa siendo un requisito indispensable para el desarrollo humano.
Hay una frase que se repite incansablemente en los medios de difusión “una imagen vale más que mil palabras”, pero reflexionemos por un momento, se trata de eso, de una frase, pues en realidad nada tiene más Poder que la Palabra. Y se trata de eso precisamente, de que todos podamos tomar la palabra para asumir nuestra historia en términos de la revitalización de nuestros saberes y valores, para que podamos encaminarnos hacia una integración abierta y sin exclusiones. Sólo una integración de ese tipo podrá evitar tanto la supremacía de una sola lengua como el repliegue social de otras en un gueto cultural. Defender lo identitario, lo propio y lo ajeno, no solo significa oponerse a la muerte de las lenguas, sino evitar nuevos fundamentalismos de consecuencias desastrosas para la Humanidad.
En una sociedad, como la cubana, donde todos los ciudadanos sin ninguna exclusión tienen asegurado el acceso a la educación y a la cultura, el descuido en el uso de la lengua no tiene justificación.
Es por eso que nos satisface mucho la aparición de este Primer libro de Gazapos que agradecemos a su autor Fernando Carr y a todos los que lo han hecho posible, pues siempre recordamos la frase del Maestro que “Saber leer es saber andar, saber escribir es saber ascender”.
Dra. Nuria Gregori Torada
Directora Instituto de Literatura y lingüística “Dr. José A. Portuondo Valdor” (CITMA).
Académica de Número de la Academia Cubana de la Lengua y Correspondiente de la Real Academia Española.
La Habana, 4 de septiembre de 2010.
