María Dolores Ortiz : el arte del diálogo
La historia del libro y de la lectura son el mejor espacio para conocer a una cubana que, con una sonrisa y siempre generosa de su tiempo, cultiva el arte del diálogo. Me refiero a la doctora María Dolores Ortiz, quien encabeza desde hace varios años, el movimiento de "Amigos del Libro", experiencia que la nutre y enriquece, porque como ser humano está deseosa de ampliar sus conocimientos y compartirlos con otros.
Holguinera— oriental como suele afirmar—a quien reciben con honores de reina, amiga y maestra, en su tierra natal, a la que acude reiteradamente, siempre solícita en brindar sus conocimientos en talleres, conferencias, eventos y en la ingrata labor de jurado. Esta mujer se multiplica y entrega, con igual sencillez, sus experiencias en un aula, como en el espacio íntimo de la amistad y la familia, mientras renueva sus afectos, que también crecen— de manera geométrica— en cada uno de esos viajes, tanto en las jornadas iberoamericanas, como cuando se desplaza hacia el centro de la Isla. En Santa Clara participa de la activa vida cultural del territorio y entre los tinajones camagüeyanos, se integra al debate sobre la lírica o la prosa de Nicolás Guillén.
A su familia, al núcleo en el que nació entre padres cultos y amorosos, y al ejemplo cívico de sus abuelos, tanto como a la que ella misma construyera años más tarde ( conformada por dos hijas, cuatro nietos y el compañero que ella afirma es su mejor apoyo y retaguardia), agradece la energía que le permite, muchas veces, alcanzar el silencio necesario para la lectura, al que siempre acude, no como refugio del espíritu fatigado, sino con la misma avidez de la infancia. Allí están los poemas de José Martí, su pensamiento —que para ella está todavía insuficientemente explorado—, los versos de Dulce María Loynaz, las novelas de Gabriel García Márquez o de Alejo Carpentier y los textos de Lezama Lima a los que lee y relee con frecuencia para encontrar nuevas señales…
No ha escrito mucho, es cierto… el aula y la docencia han sido lo primero, y luego el trabajo como asesora en el Ministerio de Educación al jubilarse. Las décadas dedicadas al programa de la TV cubana, Escriba y lea, que la tiene como uno de sus pilares. Todo ocupa el tiempo de esta ama de casa, hija, madre y abuela…de esta intelectual que llegó a La Habana, para ingresar a la Universidad, nada menos que en 1953, el mismo año del asalto al cuartel Moncada… esa que vio en 1957 cómo la cerraban y comenzó a trabajar como maestra, esa también es María Dolores Ortiz.
Esa misma capacidad para el diálogo es la que le permite articular ideas, escribir prólogos de varias ediciones cubanas, como el que hizo para una de las últimas reediciones de Corazón, del italiano Edmundo de Amicis (Gente Nueva). Tiene la virtud de intercambiar ideas y opiniones, sin perfiles impositivos ni autoritarios, presta al encuentro con otroslectores, oyentes o televidentes, que la siguen y la encuentran en esos distintos soportes, ya se adentren en alguno de sus textos, o la sigan en las ondas de la emisora Habana Radio, sintonicen el programa Escriba y lea, siendo este último uno de los escenarios que más ha privilegiado y que le han ganado también respeto entre el público durante tantos años. Siempre orientada hacia la divulgación, la promoción y difusión de las letras cubanas, latinoamericanas y universales, conoce el valor de la cultura como patrimonio de la especie humana.
Así lúcida, dinámica, sin prisa ni retardos inútiles, como lo ha hecho desde la juventud en las aulas, y entre los alumnos que ha tenido en la secundaria o en el instituto Pedagógico Enrique José Varona, o en ese otro encuentro, con los que no conoce personalmente, es cordial y amistosa, al exponer sus ideas y juicios, desde la presentación de una novela, poemario, una antología o una obra, cuyos méritos debe evaluar y presentar con claridad a los lectores sin que olvidemos que en la semilla de esa fluidez, está la educación, no solo la instrucción de esta mujer sabia y noble.
