El desconsuelo de una poetisa
y tal vez no seas tú,
y tal vez no seas tú
la mujer de mi vida.
Joaquín Sabina
Mirta Aguirre es una de las figuras femeninas más importantes dentro de la ensayística y la crítica literaria y artística en la literatura cubana. Su labor no se limitó a la investigación y a la enseñanza de la literatura; también reseñó libros, realizó comentarios teatrales y críticas cinematográficas, por lo que se puede considerar que su quehacer fue multitemático. Sus ensayos cervantinos y sobre la poesía de habla hispana son textos capitales para los estudiosos de esas materias. Asimismo, Mirta Aguirre fue una destacada militante comunista, y su posición revolucionaria se distinguió por la intensidad con que asumió las tareas. Escritora de excelente calidad, dentro de su obra poética se reconoce con mayor asiduidad su lírica social, olvidando en muchas ocasiones sus versos más íntimos y eróticos.
En 2008 la editorial Letras Cubanas sacó a la luz Poesía, donde está reunida casi toda su producción poética,* a partir de una selección de Denia García Ronda y Virgilio López Lemus. Resulta una experiencia única el repasar esos textos, pero se siente un especial estremecimiento cuando se leen sus poemas de amor. Todo aquel que ha amado con intensidad aunque sea una vez, conoce el dolor. Todo aquel que no ha sido correspondido, sabe el sufrimiento de esa situación. El amor, muchas veces fugaz, llega a la vida para luego abandonarnos a nuestra suerte de mortales. Y esto, la poetisa lo conoce bien; por eso su arte, cuando habla de intimidad, se vuelve transparente y sencillo, como para tocar con un suave suspiro a aquel que respire sus mismas sensaciones.
He de decir que me conmovió la Mirta Aguirre abierta a las penas. Todos los poemas son una cara diferente de sentir o padecer el amor. En algunos versos, reflexiona sobre lo sucedido; en otros, habla de la partida del ser amado, mas todos se encuentran marcados por el dolor que nace desde bien adentro. El dolor aquí es tanto confesión como exploración íntima. La excelencia de esta lírica nada tiene que ver con la forma sino con aquello que fluye, con la historia sobre las penas de la autora. A esta letrada se le considera una individualidad dentro del quehacer poético de su tiempo por sus rasgos estilísticos, no hay que olvidar sus estudios sobre la lírica hispana y en ocasiones se percibe el influjo de Lorca, Neruda, Sor Juana, Machado y Guillén. Ahora, si bien la crítica reconoce que la importancia de su obra lírica reside en el ajuste a los moldes tradicionales ―aunque también utilizó el verso libre― y su sabiduría para hacerlos suyos, en sus poemas de amor la voz de la poetisa es la característica trascendental. Lo que se descubre, por encima de cualquier trabajo de artesana con las letras, es a la Mirta que, doliente, nos relata sus cuitas con el amor.
En Mirta el amor no anida, es pasajero, es inalcanzable ilusión, es algo para extrañar luego, cuando ya no se tiene; entonces, no lo conoce completamente. Los fracasos en la vida le enseñaron los defectos de todas las cosas, incluso las más bellas. Por eso, preguntar no es pecado para ella, desconocedora de la felicidad:
La sed de amor ―decidme, pues lo ignoro―,
¿ha de ser siempre como son las cosas
más dulces, reunida a las quimeras?Decidlo sin temor: que el sol no es de oro
ya lo aprendí, y ya sé que son las rosas
efímeras, fugaces, pasajeras.
(“Soneto”)
Otras veces la espontaneidad para las alusiones personales a primera vista nos parece insensibilidad ante la situación, pero ahí están la historia contada y las palabras para desmentir tal impresión:
Lloro, amor, aunque me empeño
en no llorar tu partida.
¡Ay, es tan grande la herida
y el corazón tan pequeño!
Y así no se llora un sueño,
así se llora una vida.
(“[Lloro, amor, aunque me empeño]”)
Tenemos ante nosotros a una mujer que siente y se estremece ante el abandono del ser amado. No hay vergüenza en sus palabras, tampoco firmeza, sino una especie de resignación ante lo sucedido y el deseo de encontrar fuerzas para seguir adelante. Sin embargo, en otro momento la separación se torna confesión de no ser. Cuando el amado no está, ya no se es nada, la existencia es inútil y la ausencia cobra dimensiones enormes:
Cuando no estás nada tengo,
nada valgo, nada soy.
No sé siquiera, si vengo,
o si voy.
Cuando no estás sube largo;
implacable, tu no estar.
Sube, salado y amargo,
como el mar.
(“Coplas”)
El ser amado es comparado con un elemento sobrecogedor, el agua en movimiento, el mar que sube a cubrirlo todo. La soledad la abarca con inmensas alas. Pero a pesar del dolor que provoca el amado, este conserva las características positivas y las glorificaciones de la amada desamparada:
Eras como un pequeño dios con una palabra.
(“Silencio”)benditos sean tu boca y tu ternura,
bendita sea tu carne vigorosa,
tu suave comprensión, bendita sea.
(“Despedida II”)
La despedida entre los amantes no implica olvido. Es imposible borrar de la memoria a un ser que entregó y recibió amor. Decir adiós, en Mirta, es recordar para siempre. Si ella relega a otro lugar al ser amado es para que esté presente en todo momento. Y la angustia por no tener las fuerzas para deshacer el pasado es lo que abre la herida, lo que hace manar la sangre:
Lo triste,
no es perder el amor, es conservarlo.
Recordar, revivir: eso es lo triste.
Lo triste es este anhelo,
esta eterna distancia,
este rodar callado del cansancio.
Por el alma, hacia adentro.
(“Letanías del amor trágico y breve”)
Si produce sufrimiento conservar y no dejar marchar el amor pasado, resulta más doloroso el hecho de que se reviva al antiguo amante en lo que rodea a la poetisa. En figura omnipresente se convierte el ser amado. Es pesadilla constante ver el fantasma del amor por todos lados:
A veces
voy por la calle y te tropiezo.
He podido encontrarte
en extraños lugares:
una mano sin rostro,
una mano en un parque,
algo como un relámpago en la forma
en que alguien saludó por cortesía.
Y durante un segundo
amo desesperadamente
a gente que lo ignora,
y pienso que por un segundo te he rozado,
que te he recuperado.
(“Espejismo”)
Las palabras en los versos de amor de Mirta Aguirre saben a una realidad común a todo el que ama. Porque todo el que ama pretende protegerse de las decepciones, las pérdidas, y cuando las abruptas sensaciones han sido muchas, pues se esconde en sí mismo y niega poseer afectos que le sobran. Eso sucede con nuestra Mirta. Bajo el escudo construido con la delicadeza de sabia orfebre, ella guarda mucho que ofrecer a quien sepa amarla como es.
Uno de los poemas más hermosos y dolidos es “Elegía II”. En él están los códigos para amar a Mirta, para conocerla. “Elegía II” resume todas las características de la poesía amorosa de su autora, es un bello canto a la ausencia, a la recuperación del alma y a los deseos de futuro. Esta obra deja claro que en Mirta sí hay fragilidad y desvanecimiento ante la seguridad, pues bajo la aparente resignación ante la pérdida del amado, hay una angustia que solo ella es capaz de transmitir en su desconsolado canto.
Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Yo me acostumbro a estar sin ti. ¿Lo entiendes?Quiere decir, amor, que no amanece;
quiere decir que aprendo a abrir los ojos sin tu beso.
Quiere decir que olvido, amor, que yo te olvido.Como un morirse lento, implacable, a pedazos,
yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Y acostumbrarse es una cosa oscura,
es una cosa eterna, sin caminos,
como un caer caer en el vacío.Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Y un día y otro pasan.
Y un día triste no es día sino un cortejo inmenso.
Y dos días de tristeza ya no pueden decirse.
Y acostumbrarse es una palabra irremediable
que ojalá nunca sepas.Una criatura tiene su tamaño,
tiene su borde estrecho, su medida.
Y ha de haber para todos la pequeña alegría,
esa mínima dicha que es un derecho humano.
ser feliz, amor mío, es como el aire, el agua,
algo para la vida.Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Lejos, tu mano corta el pan para otra boca.
Lejos, suenan tus pasos y como yo sé que suenan.
Lejos, amor, muy lejos.
Y allí, donde mi angustia está sin ecos,
tú sonríes, tú eres,
y no sabes, amor, con cuánta sangre,
con qué amarga paciencia,
con cuánta fuerza para ahogar, yo olvido,
yo deshago mi sueño
y me acostumbro, amor, y me acostumbro.
De Mirta Aguirre queda mucho de qué hablar. Los investigadores están llamados a estudiar sus textos con mayor profundización, a tomar conciencia de que su obra literaria va más allá del legado de sus eruditos ensayos o de sus espléndidos versos sociales ―nacidos de una mano combativa. Pese a su intento de mujer fuerte, cuando se leen sus poemas de amor se abren las puertas de la muralla para descubrir a una delicada mujer marcada por las pasiones de la vida amorosa. Hay en Mirta rima, anhelos, sufrimientos propios del desconsuelo de ser humano donde la “confluencia de interioridad y entrega” nos descubre algo más: el desconsuelo de una poetisa.
Nota:
* Se excluyen de esa compilación los poemas dirigidos a lo niños, recogidos en los cancioneros de Olga de Blanck y Gisela Hernández.
