Retamar también es mío
Persigo a Roberto. Cuando me entero de que va a a leer su poesía, hago todo lo posible por estar. No quiero que nadie me lo cuente.
Confieso que llegó algo tarde a mi vida, o yo a la suya, pero nunca es tarde... diria la sabiduria popular.
El regocijo, el de él, ante la lectura de sus poemas; la dicha de escucharle, la mia, tiende una especie de puente entre el hombre conocido y esta muchacha que, sin él saberlo, emociona hasta el estupor.
De escucharle me place todo: los nombres reservados al hacer una anécdota, por aquello de la ética, hasta los dos puntos que advierten la próxima informacion, quizás una vivencia sobre su relación con una personalidad de la cultura cubana.
Sé que disfruta sobremanera leer su propia poesía tanto como yo la posibilidad de oírle, no importa que Antonia Eiriz, Lezama o Benny More lleguen nuevamente.
Foto tomada del blog de Carlos Lanni
