Pedro de Oraá, un hombre asistido por la luz
Vamos amor a respirar la noche
a descifrar sus ánimas
a escoger el arroz innúmero titilante
a musitarnos la verdad perdida de sus remotas praderas
Vamos a conjurar la luz del alba
Pedro de Oraá
Pedro, como es un hombre asistido por la luz, su obra, desde la escritura hasta la pintura, está animada poderosamente por el color, la forma, la composición y la textura; afirmó Pablo Armando Fernández, Premio Nacional de Literatura 1996, en el homenaje que le tributó el Instituto Cubano del Libro (ICL) al poeta Pedro de Oraá, en el espacio El Autor y su Obra, realizado recientemente en la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, de esta capital.
Acompañaron a Pablo Armando, en las palabras de elogio al destacado intelectual, el investigador literario Enrique Saínz y la poetisa Basilia Papastamatíu.
De Oraá, nacido en La Habana, en 1931, es además de poeta, narrador, ensayista, crítico de artes plásticas y pintor. Según Enrique Saínz, desde sus múltiples facetas, es portador de una atractiva singularidad en su creación, y en su diálogo con los demás y con la vida. Asimismo, aseguró que el estilo de Pedro —suma de lectura y escritura, de visión plástica y literaria, no solo en sus poemas y en su prosa, sino además en su trabajo como diseñador y editor— junto a su trato personal, sus incesantes búsquedas y preocupaciones en torno a la vida y la muerte, con variables —como todo el mundo— enaltece toda su obra y su persona.
Pedro es un poeta recién descubierto hoy con asombro y respeto por numerosos lectores gracias a Cifra, que es una antología de su poesía, publicada por Ediciones Unión, en el 2004, como asegura Nelson Herrera Ysla en un artículo que publicara en La Jiribilla, titulado “Arte entre las artes”. Es de igual modo un crítico que tal vez otros tantos re-descubran a través de Visible e invisible, donde reúne textos sobre arte y artistas publicados en revistas cubanas y catálogos de exposiciones, desde el lejano 1969 hasta nuestros días:
[…] ejerce la crítica de arte, y polemiza como muchos, desde finales de los años 60. Conocido entonces por su rigor, hoy suma a estas cualidades una copiosa información, una sensible cultura y una natural inquietud intelectual por cuanto le rodea en el panorama de la visualidad contemporánea cubana sin dejarse atrapar, e indigestar, por las últimas tentaciones del arte, la teoría y la crítica especializada.
Basilia, por su parte, consideró que la obra De Oraá no ha sido aún suficientemente estudiada como se merece, quizás porque su prestigio como pintor hizo que se desatendiera un tanto la valoración de su escritura, a pesar de que la calidad de sus versos empezó a manifestarse desde muy joven:
Eran versos de imágenes díscolas o exuberantes, de riqueza verbal e imaginativa, con el preciosismo y el barroquismo que en esa época atraían también a otros de sus contemporáneos, notoriamente a Lezama Lima. Luego su verso se hace versículo, se expande, quiere envolver al lector con su magia. Se regodea en lo excesivo, en el hedonismo, en la reconstrucción mítica de la realidad y hasta de necesidades vitales como la comida o el sueño. Después, sin abandonar su gusto por lo culterano y ampuloso, se detiene en una zona sombría de la urbe y en sus anonadadas criaturas. […] Rescata la rudeza del habla cotidiana y la crudeza de la realidad ambiental. Se detiene en hacer un meticuloso retrato de personajes urbanos, pero sin abanderarse plenamente en el coloquialismo, siempre inclinado a la depuración esencialista, siempre fiel a su vocación por lo trascendente.
Más adelante, Basilia reconoce que le sorprendió la aparición del primer libro en prosa de Pedro, Vida secreta de la Giraldilla, que viera la luz por la Editorial Letras Cubanas, en el 2003:
El tema me desconcertó: confieso que temí estar ante un libro más sobre los escenarios, tesoros e historia de La Habana Vieja […] Pero por fortuna el libro de Pedro de Oraá no era nada de eso y no era, además, nada convencional; en él, con arriesgada imaginación, el autor hace una fantástica historia de la legendaria veleta; con un rico uso del lenguaje, modernizando arcaísmos o arcaizando voces contemporáneas y una articulación sumamente singular. Ubica, por otra parte, los episodios de su relato de una manera acrónica, que en su amalgama densamente barroca llega a componer un verdadero ajiaco cultural, multiespacial, transhistórico y paródico. Abarca desde lo más sublime, como las creaciones del arte, hasta lo más escabroso como la miseria de los submundos. Pero el pandemonium en este libro nunca resulta infernal sino hedonista, gozoso.

Otros criterios sobre la obra de Pedro han aparecido en diferentes publicaciones. El ensayista y cineasta venezolano Edmundo Aray le revela al lector desde el prólogo de Poesía de Cuba. Antología viva, publicado por la Universidad de Carabobo, que «De Oraá registra la vida ¡de qué manera! Sus cristales horadan, desconciertan, alejan y acercan, muestran y demuestran. Cuando quiere revelar, desvela como a fantasmas. Es un constructor que destruye, un provocador sin público. Bienvenida su soledad creadora». El poeta salvadoreño Mauricio de la Selva, en Cuadernos Americanos, publicado en México en 1969, dice que «Pedro de Oraá ha encontrado un lenguaje que le permite reinvertir la realidad mediante imágenes construidas al ritmo de la muy personal observación de lo cotidiano». Y en la Revista Nacional de Cultura (Caracas, Venezuela, 1957) se afirma que nadie podrá disentir a De Oraá «su pureza constructiva, su negación a las banalidades y su afán de perfección», como se puede apreciar —y disfrutar— en este otro fragmento de su poesía:
Es entonces la voz algo más que palabras
incisas en la dócil espalda del papel.
(¿Cuándo fue la palabra importuna, regalándonos siempre
un ámbito próximo a los mundos yacentes?)
En la luz diferente de otra tarde
tomaré aquel papel poblado ya de signos,
o esta página aún desértica en horas,
y la palabra invocará de súbito
el momento en que fuera gestada:
una noche de frías estrellas, un día lluvioso,
o en azul de frenético sol,
o en umbría de gris doloroso,
y esparcirá el silencio, este silencio
del cuerpo que la palabra habita,
que es el silencio del cuarto, de la casa
y el silencio del mundo.
Novísimo amor
Consulte otras informaciones sobre la obra de este autor en los sitios:
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu/2007/n337_10/ellibro.html
http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Revista/ultimas_ediciones/74_75/oraa.html
