Carta por el día más allá, de A. Vega
La novela Un día más allá de Arístides Vega Chapú, escrita hace once años y publicada en el 2009 por Letras Cubanas, devuelve a la memoria colectiva cubana momentos muy particulares que difícilmente pueden ser soslayados. En un ambicioso proyecto, Arístides logra entretejer historias donde se mezclan períodos tan complicados y disímiles como el esplendor del teatro Alhambra, los días extraños de furia y violencia de los años 80 del pasado siglo, los inicios del Servicio Militar Obligatorio (más tarde llamado General) y la participación cubana en la guerra por la liberación de Angola.
Básicamente es una narración que rinde homenajes culturales durante todo el tiempo, aunque el juego que establece amenaza con volverse atemporal, de tanto ir continuamente hacia el pasado y regresar al presente. En la novela, la cultura cubana ocupa un primer lugar representada por clásicos de siempre, secundada por artistas jóvenes que se alzan en el intento de continuidad, expuestos a incomprensiones, a extremismos y a cuestionamientos ajenos al hecho cultural en sí (pág. 104). Al inicio, parecería que estamos en presencia de la biografía novelada de la vedette Luz Gil, estrella del teatro Alhambra, evocada por El Gordo, personaje ambigüo que no fue capaz de adecuar sus vivencias formadoras a la época convulsa que hubo de afrontar. El humor, tan presente en la narrativa de Vega Chapú , aparece en Un día más allá como bálsamo que atenúa pasajes durísimos. Quizás para un público no cubano no resulten tan aliviadores los momentos de comicidad que salpican algunas de las 295 páginas de esta novela, pero puedo asegurar que para nosotros, resulta necesaria la compensación de episodios como :
“…en sus visitas me explicaba cómo se hacía una croqueta. Como si se tratase de un invento socialista. ¡Croquetas sí, yanquis no!” (pág 85),
“…¿usted cree que se puede ser miliciano con mi obesidad y estos pies planos? Aunque soy amigo de la del Comité” (pág. 87)
Enumerar el listado de artistas cubanos a quienes reverencia la novela sería una tarea larga, que no voy a hacer, pero no puedo dejar de mencionar algunos de quienes ambientan la época, contribuyendo al entorno en que se desarrolló la vedette principal de la novela: Rita Montaner, Toña La Negra, Barbarito Diez, Bola de Nieve, Lorenzo Hierrezuelo, Francisco Repilado, Benny Moré, Bebo Valdés, Las hermanas Martí.
Resulta muy curiosa y eficaz la manera que utiliza Arístides para enfrentar las temáticas fundamentales de la novela: la vida (los avatares vitales más bien) de una muchacha recién graduada de artes plásticas, la de un joven cuyo trabajo consiste en hacer programas radiales, un amigo que aspira a convertirse en escritor y las meditaciones de El Gordo, que conversa fantasiosamente con Luz Gil, conforman el paradigma de los conflictos que se desarrollan. Es a través de estos personajes y de sus atribuladas existencias que fluyen las peripecias cuyo despliegue se propuso el autor, manipulando a estos protagónicos y no a los acontecimientos per se.
Un velo de profunda tristeza nubla la narración, como si estuviéramos presenciando una obra de teatro a través de humo. Varios paralelismos recuerdan a obras literarias anteriores, sin que remeden imitaciones o copias sino todo lo contrario; este hecho evidencia que existen pasajes histórico-sociales cuyas huellas no han sido definidas aun con exactitud, y continúan aflorando en las manifestaciones artísticas. En La soledad del tiempo, novela de Alberto Guerra, se mencionan muchos artistas que escogieron el camino del suicidio como solución a sus irresueltos conflictos, y otro tanto sucede en Un día más allá, aunque limitándose a los cubanos (págs. 175 , 176). Las alusiones a los episodios de la embajada del Perú y al consiguiente éxodo por el puerto del Mariel que aparecen entre las páginas 219 y 230 representan una mirada distinta a la que diera del mismo suceso Nicolás Dorr en su espléndida novela El legado del caos.
En un acto de claudicación aparente, al final de Un día más allá, el personaje- escritor se convence, en presencia de El Gordo y del periodista radial, de que resulta imposible narrar el presente, y en sustitución, decide intentar el abordaje de la biografía de Luz Gil, redondeando así las múltiples historias que habían ocupado espacio. En otras palabras, Arístides Vega Chapú cierra las puertas que se abrieron por su propio peso a medida que transcurrían las historias, para enfrentarlas en un único y bien pensado final. Es esta una novela cuyo destino comienza a hacerse evidente, que traerá consigo cuantas interpretaciones valorativas merezca, y que se inserta en la corriente histórica de hacer un buen libro que logre en el público lector aprendizajes, divertimentos y representación social contemporánea.
Laidi Fernández de Juan,
Septiembre, 2010.
