Serafina Núñez: los pájaros del olvido
La labor de
En su colección Mariposa, Aida Bahr y su colectivo han dado a conocer importantes volúmenes donde se ha hecho visible el quehacer femenino dentro de las letras, otorgando una visibilidad a autoras conocidas, desconocidas o ya olvidadas por el lector.
La aparición de los Sonetos Escogidos de Serafina Núñez (
Este último rasgo no se me hace manifiesto en la poesía de Serafina, cuyas ataduras a lo convencional, desde todos los puntos de vista, me resultan demasiado inflexibles, en ocasiones. Pero distinto es el criterio de otros investigadores y poetas, tal vez más autorizados que yo para decir la última palabra.
Recogidas en el prólogo de Avilés están por ejemplo las opiniones de Roberto Fernández Retamar, Luis Suardíaz (quien señala por ejemplo que “A un ruiseñor amaneciendo” lo pudo haber escrito Keats o uno de sus fervientes émulos) o el propio Avilés: «...la obra de Serafina, en diálogo con lo individual y lo colectivo, lo reflexivo y lo filosófico, adquiere resonancias universales», llega a afirmar.
El serio estudio realizado por el seleccionador es quizás la prueba irrefutable de que mis valoraciones sobre la poetisa obedecen a una cuestión de gustos, afinidades o impresiones no sustentadas en un análisis demasiado profundo. Por ello no debe tomar el lector de esta columna mis opiniones como punto de partida para el conocimiento de una autora que llamó la atención del gran poeta español Juan Ramón Jiménez y gozó de la amistad de Gabriela Mistral.
Si me he atrevido a formular alguna objeción a su obra es porque defiendo el derecho de cada lector a identificarse o no con un escritor, independientemente de los méritos que la crítica le señale.
Serafina Núñez comenzó a publicar en la década del treinta y desde finales de la década del 50 hasta 1992, se mantuvo en un pertinaz silencio. Según el prologuista y compilador de estos sonetos ello obedeció a «su voluntad (y la del hombre al que amaba); la incomprensión dominante y la decisión de permanecer en
Es evidente que sus sonetos son perfectos desde el punto de vista formal. Abordan temas eternos e intemporales.
No es frecuente entre nuestros jóvenes autores el cultivo de esta forma lírica. En ocasiones son incapaces de elaborarla, aunque sea como ejercicio escritural.
La lectura de estos que ahora ha recogido Osmán Avilés y que pone a nuestra disposición
Agradezcamos, pues, al compilador y a Oriente esta hermosa iniciativa de poner ante nosotros la obra de una olvidada escritora que, para muchos resulta imprescindible en el panorama de nuestra lírica. Y no dejemos que en la seda fugaz de lo vivido borde el aire sus pájaros de olvido.
