Cástor Vispo: el tremendo autor de la Tremenda Corte
Corría el año de 1941. Cada noche, de lunes a viernes, por las ondas radiales de una renombrada emisora nuestra se transmitía un sketch humorístico. Se trataba de la escenificación de un juicio celebrado en un supuesto Juzgado Correccional, es decir, el tribunal que atendía delitos de menor cuantía en las comunidades de la época.
El creador y autor de la Tremenda Corte era Cástor Vispo, quien con sólo dieciocho años de edad había llegado a Cuba desde su ciudad natal, La Coruña, una de las provincias gallegas, y amén de trabajar en varias labores administrativas, se dedicó en sus ratos de ocio a escribir y dar su aporte a nuestra cultura. Valga señalar que fue también escritor para la prensa y el teatro, en muchas ocasiones con visos de humor, pero, sin dudas, fue muy conocido y reconocido por sus guiones de los programas radiales.
Después que salió al aire la Tremenda Corte, pronto el programa registró, en los surveys (encuestas de audición) de la época, una gran preferencia, especialmente en las capas más pobres de la población, que veían reflejados en ese programa los problemas usuales de su entorno. Recordamos que los personajes y sus intérpretes fueron:
Al comenzar “el juicio”, el Secretario explicaba al Señor Juez el caso que se iba a tratar. Luego de oír su exposición, éste decía: "Secretario, llámeme a los implicados en ese… Y agregaba una palabra inventada que terminaba con la partícula -cidio (acción de matar). Por ejemplo, “mentiricidio” (si se había mentido)…, “burricidio” (si se habían robado un burro), etc.".
A continuación el Secretario llamaba a los comparecientes siempre de igual manera y estos respondían de forma exacta en cada transmisión.
¡Luz María Nananina! “Aquí como to´los días”.
¡Rudersindo Caldeiro y Escobiña! “Presente”.
¡José Candelario Trespatines! “¡A la reja!
Los dos primeros habitualmente perjudicados por las trapisondas de Trespatines.
Era usual en Cástor Vispo el uso del juego de palabras en su libreto:
TRESPATINES: Nosotros “semos” oriundos de Palmarito de Cambute.
JUEZ: “Semos” no, “somos”.
TRESPATINES: ¡Ah! ¿Tú también eres?
En casos análogos, si el Señor Juez intuía que estaban tratando de mofarse de él, menoscabando su seriedad o alterando la seria paz del juzgado, penalizaba a los autores de la broma: "Secretario, ¡póngamele veinte pesos de multa a Trespatines por hacerse el gracioso!"
Frecuentemente Castor Vispo empleaba unos deliciosos y prolongados equívocos, tan bien concatenados que movían a risa. Salvando la distancia que me separan de aquel creador, puedo decir que eran algo así como:
JUEZ: Tres patines, usted se está adelantando a los acontecimientos. Usted quiere poner la carreta delante de los bueyes.
TRESPATINES: No, chico, yo no quiero poner la careta en ningún lado. Esta no es una careta; aunque tú no lo creas, esta es mi cara.
JUEZ: No señor, ¡yo no dije “careta”, yo dije “carreta”!
TRESPATINES: ¡Ah!, yo pensé que hablabas de esos antifaces que se ponen en los carnavales las mascoritas.
JUEZ: ¡Mascoritas no, Trespatines! “masca… masca!”.
TRESPATINES: ¿Y qué voy a mascar, compadre, si en este juzgado no le dan a uno ni tan siquiera un boniatillo?
Luego de oír las declaraciones de acusadores y testigos, y las razones del acusado, el Señor Juez decía al secretario: “Secretario, tome nota que voy a dictar sentencia…”.
Y luego recitaba la sentencia que se componía de dos cuartetas. Arquetipo de ellas fue la que se incluyó de forma hablada en un chachachá popularizado años después por la orquesta Aragón:
Este caso tan sonado
no requiere explicación
por lo que a mí me han contad
usted es peor que un ciclón.
Si fuera otra la razón
ya lo estaría encerrando
mas por bailar chachachá
¡Absuelto y siga bailando!
Lo más curioso de estos libretos, tal vez lo más importante, era la trama principal, que iba conduciendo al radioyente por trillos jocosos hacia su desenlace final. Como colofón venían los descargos de Trespatines a la acusación que se le hacía. Estos consistían en una tergiversación de la realidad, de forma absurda y a la vez risible, pero que engarzaba bien en la conducta de este “buscón” tratando de confundir y evadir la justicia.
Tanto es así que aún hoy día recordamos algunas situaciones que se radiaron. En uno de aquellos libretos se acusaba a Trespatines de haber sustraído unas cañas de azúcar de la guarapera de Rudersindo. Veamos el enjundioso diálogo:
TRES PATINES: Yo no me las robé, chico, él me las regaló.
RUDERSINDO: ¿Cómo que se las regalé, hombre? No sea descarado, usted me las robó.
TRESPATINES; Ven acá, gallego: ¿en qué reparto radica tu guarapera?
RUDERSINDO: En el Reparto Las Cañas.
TRESPATINES: ¿Y qué dice el anuncio que tú tienes en la fachada?
RUDERSINDO: “GUARAPERA – REPARTO LAS CAÑAS”
TRESPATINES: Tú ves, él estaba repartiendo las cañas, yo cogí un puñado y se lo llevé a mamita de regalo.
Otro muy original fue aquel en que a TresPatines lo acusaron de estar atisbando a Nananina cuando ésta se estaba bañando.
TRESPATINES: Señor Juez, yo no fui con intenciones de mirarla, ella fue la que me dijo que la mirara.
NANANINA: ¡Mire que usted es descarado! Sí, Señor Juez, entró a mi casa y abrió la puerta del baño y me vio desnuda.
TRESPATINES: Yo toqué a la puerta de la calle, ella me reconoció y me dijo: “Pase, pase”. Cuando le pregunté ¿Cómo está, señora? ¿Qué fue lo que usted me dijo?
NANANINA: “Aquí, ya me puede ver”.
TRESPATINES: Tú ves, tú ves… me dijo así: “Aquí, ya me puede ver”, y yo enseguida abrí la puerta y la miré.
JUEZ (molesto): ¡Qué bonito! Imagínese que usted llega un día a mi casa y yo me estoy bañando y le digo de igual forma: “Aquí, ya me puede ver” y usted me abre la puerta del baño.
TRESPATINES (lo interrumpe): No, no, contigo yo no me confundo…
Esta serie de la Tremenda Corte fue retransmitida posteriormente en diferentes versiones en Cuba y allende los mares y en la actualidad tiene su continuación, ya con otros personajes y situaciones acordes con los tiempos, en el espacio televisivo ¿Jura decir la verdad? Ahora nuevos escritores y consagrados actores mantienen viva la llama del humor criollo. Pero como dijo alguien “nada es, todo deviene”, honor merece el precursor, el maestro Cástor Vispo, quien obtuvo éxitos en diversos géneros y medios gracias a su agudeza y arte de ingenio.
