El lápiz del carpintero dibuja la historia y la conciencia
Es innegable que la guerra civil española ha dejado desde aquellos acontecimientos una honda huella, no solo en el pueblo español, sino en la conciencia de otros pueblos, que sufrieron su angustia, y lucharon junto a él, codo a codo, como un soldado más.
La literatura, como memoria, también ha jugado un papel importante para mantener viva la historia, y la contemporaneidad no escapa a ese influjo. La narrativa española ha sido fiel guardiana para mantenerla viva y muchas han sido las obras que sobre el tema se han escrito. Hay una que, según algunos críticos, fue capaz de cautivar por la expresión exacta, sin desbordamientos circunstanciales, al afrontar un tema recurrente. Escrita por el poeta y periodista Manuel Rivas, natural de
El lápiz del carpintero, que
La historia podría parecer a simple vista que narra los avatares de un viejo revolucionario, contados a través de la pluma de un periodista, o el relato del confinamiento sufrido por los republicanos antifranquistas gallegos durante la guerra, o la forma en que fueron asesinados en el llamado «paseo nocturno» al que eran conducidos por azar o por decisión de quien odiaba al prisionero, o la relación que en ocasiones se establecía entre guardias y prisioneros, porque en definitiva eran hijos del mismo suelo, o la presencia de una monja con una personalidad muy fuerte.
La novela, además de contar esto, se convierte en el muestrario de una rica sicología de personajes donde Daniel da Barca viene a representar los valores puros del ser humano que se entrega al prójimo, ama con fidelidad, es capaz de morir por su ideales y es ejemplo entre sus compañeros; donde encontramos a Herbal, un frustrado por la pobreza, los maltratos del padre y la pérdida de la mujer que ama desde la niñez, que decide convertirse en guardia, primero, y en carcelero después para estar cerca del hombre que le quitó a su amor, para verlo morir, si fuera posible, en la creencia de poder conquistar el corazón de la mujer de Daniel, Marisa Mallo, pieza codiciada por Herbal, y que solo ama a su marido, al que sigue, aún en contra de los deseos de la familia.
Todo parece girar alrededor de estos dos personajes, pero ahí, detrás de la aparente trama, está el pintor fusilado que antes de su muerte, con un lápiz de carpintero llegado a sus manos a través de otras manos que también lo utilizaron, pinta a sus compañeros como si fueran los profetas y los ancianos de
