Aire de Luz sin recetas para la creación

En una Habana, también centro de tertulias literarias, peñas, talleres, donde todos se disputan al escritor galardonado, reconocido, amparado por una vasta obra, el espacio Aire de Luz que conduce Basilia Papastamatíu, no se amilana al invitar a la joven generación y a buscar, como se escudriña el diamante por pulir, a aquel por el que quizás no se apostaría.
Uniendo al país y poniendo jóvenes a dialogar, es la premisa de este espacio que se dio cita el día 7 en la recién inaugurada librería Fayad Jamís, a las 4 de la tarde. Eran sus invitados Yunier Riquenes, poeta y narrador de Santiago de Cuba e Isbel Díaz Torres, poeta que vive en La Habana y nacido en Pinar del Río.
La anfitriona es de la opinión que la poesía más nueva no ha perdido el valor, ni es menos que la narrativa, solo que hay que saber reconocer y hacer visible lo que en realidad vale.
Dijo de su primer invitado Yunier Riquenes:
«Desde su inquietante libro Claustrofobias, ganador del premio Pinos Nuevos 2009, nos sentimos, hasta escuchar su texto final, sumergidos en una atmósfera de indagación existencial, que nos enfrenta franca, descarnadamente y a veces brutal, con los más diversos sentimientos, actos y escenas que es víctima o protagonista el ser humano»…
El escritor Yunier Riqu
enes nos dejó conocer uno de los tantos registros con que se nutre la poesía actual del oriente del país, con su libro citado por Basilia, escogió “Cuchillos”, “Mi madre quería que yo no fuera caballo” y algunos poemas sin nombres.
«Muy diferente a la poesía de Yunier —dijo Basilia— que está marcada, podríamos decir, por un sentimiento trágico de la vida, este autor, Isbel Díaz Torres, hace, igualmente válida y muy representativa, la otra visión. En sus versos se introduce con una audacia y un entusiasmo que llamaríamos lúdico. Ya se trate a través del ejercicio de la décima o del verso libre sus poemas revelan continuamente goce ante la existencia y su escritura; se desbordan, se exceden sin miedo en una verdadera lujuria».
Isbel no quiso leer de su libro Oboes, que simboliza muy bien los ruidos de la vida, los acoples y la herencia de Lezama, sino prefirió dos sonetos, y versos inéditos, sacados de su reciente proyecto: “Hemos sido dictados”, “Laudo”, “Palabras en la harina”, “Si yo fuera doctor”.
En la segunda vuelta, Yunier siguió con su libro Claustrofobias, donde se hacía un cuestionamiento de todas las vivencias del entorno familiar, social, sentimental y sexual y nos dijo, entre otros poemas: “Crecimiento”, “Embarcaciones”. Al final escogió “Brigada de sepultura” de su cuaderno inédito.
“Mozart”, “Tierra”, “No pertenezcas a la retaguardia”, “Al regreso del sábado” fueron textos inéditos dichos por Isbel en su segunda oportunidad.

Al calor de las lecturas, donde los dos jóvenes defendieron muy bien, por medio de la oralidad, sus obras, las preguntas no se hicieron esperar.
«Será triste el día que descubra qué es la poesía», respondió Isbel a la pregunta, ya recurrente, sobre cómo conceptuar la poesía
«Lo más sublime y lo más terrible, fue la primera respuesta de Yunier y acotó: «Yo no escribiría nunca una décima, un soneto […] Temo escribir algo impuesto».
«Tampoco yo escribiría algo impuesto» —recalcó Isbel refiriéndose a los temas—. «Hay que tener bien claro las relaciones con ese sensor que tenemos dentro».
En verdad, no hay recetas para discriminar ese acto de detectar hacia dónde y cómo queremos ir ante la creación literaria. «Uno siempre», como dijo Yunier, «vuelve al amor, aunque no quiera».