Carta por dos mujeres escritoras en Confluencias
Cuando mi amigo Jaime Gómez Triana, actual vicepresidente de la Asociación Hermanos Saiz, me habló de sus ideas para la Jornada por el Día de la Cultura Nacional que se celebraría en el Pabellón Cuba, sede permanente de dicha organización juvenil, creí que me las contaba por pura necesidad de compartir en cuántos proyectos e iniciativas se encontraba enfrascado por estos días de octubre.
Jaime, infatigable generador de actividades que resultan magníficas (su decisiva participación en Casa Tomada, el pasado año, aún se recuerda con admiración), no cesa en su empeño por dar espacios a los jóvenes creadores. De ahí que no me resultara extraña su propuesta de ampliar el espectro de Confluencias, habitualmente dedicada a la poesía. Su idea de incorporar narradores, teatristas y hacedores de literatura infantil, manteniendo el tradicional formato de aunar escritores jóvenes con otros más consagrados, me pareció inteligente, y, sobre todo, necesario.
Lo escuchaba con la paciencia que se dedica a las amistades entrañables, siempre admirando su inquieto bregar a favor de promocionar lo mejor del arte, hasta que me dijo que sería yo la encargada de moderar la Confluencias dedicada por primera vez a la narrativa. Intenté aducir compromisos ineludibles en el intento de no asumir tamaña responsabilidad, pero Jaime, como ya he dicho, tiene un entusiasmo a prueba de evasivas. Fue así que me vi enrolada en la que creí difícil tarea de presentar ante el público joven a dos escritoras.
Cuando supe que serían Mirta Yáñez y Evelyn Pérez González las debutantes en el espacio para la narrativa, sentí la alegría de compartir espacio con quienes merecen comentarios individuales dada la altísima calidad de la obra que realizan.
Con esta carta de hoy, pretendo compartir con los y las lectores (as) de Cubaliteraria, mis consideraciones hacia el quehacer de ambas mujeres. Cuando en el año 2007 integré el Jurado que decidiría el Premio de Cuentos de la UNEAC Luis Felipe Rodríguez, junto a los narradores Francisco López Sacha y Pedro de Jesús López, no titubeé al sumar mi voto para que el galardón le fuera otorgado a una joven de treinta y cinco años hasta entonces desconocida, llamada Evelyn Pérez González. Su libro, Supuestas vidas, publicado al año siguiente por Ediciones Unión, reúne siete ejemplares cuentos, que ya entonces dejaban ver la originalidad, la fuerza y el amplio espectro temático de que es capaz esta escritora.
Contrario a lo que pensábamos dada su condición de mujer, Evelyn no se sitúa en ninguna trinchera específica. Esta observación la hago como un hecho factual teniendo en cuenta que distintas voces predominan en sus cuentos como elemento narrativo principal. La voz de una niña, la de un anciano, voz de mujer, la de un asesino, todas encuentran lugar en las páginas de Supuestas vidas, demostrando la admirable versatilidad de su autora.
No había transcurrido un mes del anuncio del Premio UNEAC cuando debió constituirse el Jurado del Premio Calendario, convocado por la Asociación Hermanos Saíz. Quiso el destino que fuera yo también miembro de dicho certamen, y que Evelyn presentara otro volumen de cuentos: Esas dulces violencias de cada día, que se alzara con el Primer lugar y fuera publicado al siguiente año por la Casa Editora Abril.
El año 2008 fue, sin dudas, de gran fortuna para esta joven narradora, para los (las) lectores (as) y para la actual narrativa cubana. Ambos libros constituyen verdaderos ejemplos de buena literatura hecha por jóvenes, y los recomendamos con particular énfasis, de forma que sea el público quien juzgue la calidad sugerida por los jurados.
La profesora, ensayista, y narradora Mirta Yáñez, con larga trayectoria en el mundo académico y editorial, apenas necesita presentación. Libros suyos son considerados material de estudio en varias universidades del mundo, y varios de sus cuentos integran la lista de los denominados clásicos en la cuentística cubana (“El búfalo ciego”, “El diablo son las cosas”). Desde que en el año 1976 viera la luz Todos los negros tomamos café, hasta el más reciente Falsos documentos, del año 2005, sin olvidar su libro de narraciones de 1980 La Habana es una ciudad bien grande, (que próximamente será puesto a consideración del público norteamericano en una edición de ese país), Mirta evidencia su gran capacidad fabuladora. Con un peculiar y auténtico sentido del humor, transita a través de su literatura por los conflictos humanos, universalizando lo que de local pueda existir en los ambientes genuinamente dibujados por su mano.
Su labor de antologadora, lejos de empobrecer su quehacer literario, lo engrandece. Gracias a su concienzuda investigación, su generosidad y su ojo crítico, los cuentos de muchas de nosotras han sido promocionados dentro y fuera de Cuba. Estatuas de sal; Habaneras, Diez narradoras cubanas; Cubanas a capitulo, son algunos de estos ejemplos.
Mirta Yañez, abridora de caminos para Eva, se inscribe en la magistratura de lo mejor de la narrativa femenina cubana, y es un acto de elemental justicia brindarle reconocimiento. En su libro de ensayos Del azafran al lirio, delicioso muestrario de su agudo ingenio, enuncia una idea que no resisto la tentación de transcribir, como despedida a esta carta dedicada a dos mujeres en confluencia: “a los cubanos de fuera y de dentro nos unen tres aristas del destino: la angustia por la identidad, la pesadumbre de la separación y la jocosidad a todo trance”
Laidi Fernández de Juan, Octubre, 2010.
