¿Podemos decir que hay una fecha específica para la Cultura? Si me preguntaran diría que no.
En Cuba se considera desde hace treinta años el 20 de octubre como el Día de la Cultura Nacional; mas una fecha o una jornada no es suficiente, porque la cultura no es más que la vida, y la mejor forma de homenajear a ambas es viviéndola día a día.
Si ahora mismo le dedicamos unos segundos a escuchar lo que está pasando a nuestro alrededor, quizás percibamos las afinadas notas de Frank Fernández, la poesía, hecha canción, de Silvio Rodríguez; el contagioso ritmo del reguetón; o simplemente un diálogo entre amigas sobre lo que pasó en el capítulo anterior de la novela. En todos los casos asistimos a hechos culturales.
No creo que la única forma, ni la más legítima, de cultivar nuestro espíritu se logre con leer a los grandes escritores de la literatura universal, asistir a una función de ballet, a galerías de arte, a cines, teatros. Si aguzamos nuestros sentidos encontraremos destellos de cubanía en el dominó que se juega en las cuadras, el toque de santo en el solar, en los aficionados del taller literario, en el olor a masas de puerco fritas que se escapan de las cocinas, en la sensualidad de una mujer que camina por la calle y los hombres se voltean para admirarla, o en esa polémica conversación sobre la pelota.
Las actividades que en Cuba se realizan con motivo de festejar esta jornada contribuyen a conocer un poco más lo que significa ser cubano y da diferentes puntos de vista para entender la cultura como un proceso de todos. Ejemplo de ello ha sido la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la cual desarrolla en su sede, el Pabellón Cuba, un amplio programa cultural, entre ellas presentaciones de libros, como el de Arturo Soto Conversaciones al lado de Cineccità y el espacio Confluencias que compartió sus tardes con los escritores Mirta Yáñez, Eldis Baratute, Reinaldo Montero y Alpidio Alonso. Esta organización concluirá, con broche de oro, la jornada al ofrecer el recital de jóvenes poetas cubanos como homenaje a José Lezama Lima. Eventos como estos nos demuestran que el 20 de octubre más que una celebración, es un momento propicio para reflexionar sobre nuestra idiosincrasia.
Este día, pero de 1868, al entonarse las notas de La Bayamesa —devenido posteriormente en el Himno Nacional de Cuba— encontramos la génesis de nuestra nacionalidad: recordemos uno de los más importantes sucesos de carácter popular que trazaría el camino a seguir en todas las luchas del pueblo cubano por su libertad y lo que representa esa raíz histórica, además de su contribución, en nuestro surgimiento como nación.
Ambrosio Fornet en su libro Narrar la nación considera que “fue a partir de 1868, en el contexto de una lucha en que blancos y negros murieron peleando por la misma causa, cuando la nacionalidad se erigió, por encima de las diferencias étnicas y culturales”. Precisamente este escritor, junto a Omara Portuondo, Verónica Lynn, Eusebio Leal, Frank Fernández, Alberto Luberta, y Ramón Silverio, resultó uno de los laureados por la AHS con el Premio Maestro de Juventudes.
“Ellos han ayudado a conformar la verdadera identidad cultural de una tierra que hemos ido dibujando a imagen y semejanza de estos iluminados que aman y construyen, sueñan y fundan”, aseguró la escritora Liudmila Quincosa, durante la entrega de la distinción.