En dos partes: encajar el diente
Será decir: la palabra. Situar un título en el espacio que nos hace comunes, que nos resalta como animales urbanos; fieras lanzadas a las más terribles mordeduras, las de la poesía.
Atenta a la sorpresa, me complace desplazarme en el recuerdo, en la comparación de dos orillas/ dos piezas / dos porciones: cada una que degustes te hará crecer –o no. Y aun dentro del sueño o fuera de él, tendrás que tomar parte: te sentarás a la mesa con su autora o jugarás otras cartas que correrán tras de ti.
Mirar a los lados, dos zonas de la poesía cubana de los 90 es el más reciente volumen de ensayos que nos entrega Juventina Soler. Compuesto por un curioso equilibrio de dos piezas de comparable importancia, Juventina, poeta manzanillera, editora y ensayista, va más allá del análisis formal para adentrarse en la observación minuciosa del hecho poético.
En un empeño arriesgado, siguiendo el principio bartheano de que la crítica debe abarcar todo el sujeto del que habla, los análisis que aparecen en este libro cubren, a modo de tejido, el entramado de tesis que propone, de tal manera que les permite traslucir / transpirar en el necesario intercambio con el lector al que se ofrece.
Como adentrándose por una pequeña cerradura, el libro comienza con un estudio particularísimo de la época, expone las condiciones socioeconómicas y políticas que rodean –invariablemente- todo proceso creativo y así explicita el escenario que nos muestra. De la extraña espiral multidireccionada que resulta la literatura de esta isla, Juventina Soler escoge «los últimos años de la década del 80 e íntegra la década del 90, pues –para seguir sus palabras- resulta imposible adentrarse en una etapa sin hacer referencia a la anterior».
Esta es la primera mordida, el primer deseo de establecer los límites. Con el impulso de quien lanza una cuchillada a pleno rostro, la autora corta, desmembra, extrae, desconstruye. Puntualiza en autores, fragmentos de sus versos que va desmontando para ejemplificar sus análisis. La diferencia –o diferancia- que nos propone el texto, muestra la profundidad con la que busca desentrañar los códigos distintivos de una generación, de un grupo.
Una vuelta del prisma, un direccionamiento de la luz que tiende a difuminar los contornos del objeto para remarcar su esencia, es el segundo ensayo. El tiro de gracia –digamos-, su modo de no perdonarnos el olvido donde ha quedado esta parte de la literatura cubana.
Mencionando poetas cuasi desconocidas y otras que resultan indispensables en el corpus que establece para su estudio, Soler Palomino escoge autoras de distintas zonas de la isla, de diferentes lenguajes, disímiles modos de pensar –cavar sus túneles. La distinción escritural que la ensayista ofrece en el segundo trabajo reflexiona sobre el modo de apreciar la poesía escrita por mujeres en los años 90.
También poeta, la autora de Mirar a los lados… no puede sustraerse a la belleza del lenguaje, al empleo de la metáfora limpia o la imagen para describir a sus iguales. Con un excelente prólogo de Enmanuel Tornés, que abre el camino a lo que el lector encontrará en páginas venideras, el título lleva implícitas aportaciones sustanciales. El análisis de una época, de historia reciente, a la que no es posible aplicarle similar trayectoria de etapas anteriores sino en la variabilidad, el cambio y quizá la duración del mismo, que suelen alternarse en el devenir histórico; las apoyaturas teóricas, precisas y oportunas, no basan sus argumentos en palabras ajenas, sino que parten de las horas y estudios formales que la autora ha dedicado a estos temas. Las citas que cursan /cruzan estas líneas pertenecen a los poetas modales que Juventina ha definido como ejes del movimiento poético de estos años.
En la degustación de la mordida, sus dos marcas profundas, deja al descubierto la osadía. No hay que temerle a temas mal llamados “difíciles” en las últimas décadas de la revolución. Los hechos poéticos a los que hace referencia la autora en su trabajo son, sobre todo, expresión de lo cubano. Y lo cubano, situado no sólo en el contexto latinoamericano y caribeño insular, sino en lo particular de nuestro país, es toda esa amalgama de fuentes antiquísimas que nos nutren, que dan lugar a otras nuevas, tan autóctonas como las verdaderamente asumidas; por tanto, las posturas ante lo diferente en ideología, género, raza, preferencia sexual, cultural, etaria, no son más que la manera desinhibida y espontánea de mostrar lo que somos.
Como pocos de su promoción, Juventina Soler sienta sus pautas, se sobrepone al hecho de ser “juez y parte” ante la falacia de un cuerpo crítico que asuma o revierta sus criterios. Espera, sin lugar a dudas, que luego de la mordida venga el grito, un gesto de extrañeza al menos, que provoque mirar a los lados para espantar el silencio.
