Poesía de... Teresa Melo
La poesía de Teresa Melo está signada por la femeneidad, el realismo corpóreo en versos que denotan cercanía, un acierto coloquial, cuyo asidero halla motivos compartidos con la tradición, pero singulares en su poética, que despliega libertad discursiva y hondura artística.
Con Las altas horas1 (Premio Nicolás Guillén 2003), esta poetisa rezuma palabras a salvo del camino, sentimientos que fluyen de sus posesiones y de la ilusión por lo que no existe, concentrando amor, sueños e historia, donde se constriñe lo humano de sí misma.
Osmán Avilés
Las altas horas
El día de mi padre me decía al oído:
Be careful, it´s my heart
Louis Armstrong dictaba en el oído
lo que nunca cantó.
Otro hombre perfecto fue su dueño.
Cantores, militares, ya no viven aquí.
Vive Daniela/
El eterno retorno de la canción que pide
cuida mi corazón de alturas y cemento.
Y por la suerte cuido.
Levísima es la suerte a la que doy memoria.
Hija mía. Sé libre
ama con esperanza/ con ingenuidad.
Una taza de té empecé a tomar hace años
y hace más tiempo removía la carne temblorosa
que tomaría el té. Desde ese temblor
escribí, escribí:
ahora cuento las palabras
que quedan sin contaminar.
Dentro de mí el piso 23 la escuela
el corazón que cae,
Tú eres ese cuerpo sin fragmentar intacto.
Hija mía soy libre
te amo con esperanza/ con ingenuidad.
Quédate cerca de la puesta del sol:
quien la fragmenta y disecciona
no puede hacer que el sol se ponga para ti.
Quien diseca la palabra
no puede hacerte vibrar con palabra alguna.
Eso te doy las puestas de sol que fueron
las sobre mí
las que te inquietarán y aquietarán
y esta palabra sin contaminar
para que la bebas con fruición
como la leche de las altas horas
la acunes, aprendas y mastiques
y te haga luz en la hora violeta
cuando el sol se ponga sobre mí.
***
Oh mar Oh mar
Cae en la luz de octubre
el polvo que los cuerpos allá afuera despiden.
De la luz cae la humedad al pecho
donde bebo —como si pudiera— con feracidad.
Cae la mano y aparta leve el gesto y firme
aparta la cabeza inclinada/ el deseo.
Irrepetible el relámpago
desviado de la piel a la irónica boca.
Modula frases letras que caen hacia el aire
y sólo allí se juntan con desgana.
Caería bajo la orden rajada de Barroso
baila/ decía en esta trova amarga
baila desde ayer hasta la noche que caerá.
Te falta caer al abismo de otros
cuando caigas bajo el dedo francotirador.
Oh mar oh mar
si devolvieras lo que cae hacia ti
Oh mar oh mar
devuéleveme.
***
El poema
En mis Jardines, Noel
no pastan héroes. Animales blandos
derriban esos límites
y de allí salen a comer esto que ves y soy
aderezada por el aire salobre.
Viene a comer el animal salvaje.
Viene a comer el animal doméstico.
A uno y a otro los separa [leve] su voracidad.
De ambos no sé qué me separará.
Arborescente es también la boca con que pasto
de mi propio jardín.
Donde soy tierra firme
puentes elásticos me soportan el peso.
Cruzo esos puentes asida de la idea de ti:
asida de la idea de ti no caeré al abismo de los árboles
/acechantes
los que no me darán su sombra protectora.
Bajo este cielo fijo puse mi casa líquida:
atravieso su cuerpo como el cuerpo de los hombres
camino de la mortalidad.
Bajo el cielo que pasa los puentes temblorosos
la doble levedad: asida de la idea de ti
a mis jardines, Noel
donde alimento la bestia rumorosa y cuido el sueño
del animal de casa/ bajo ningún cielo.
***
Después de la fiesta
Era el hijo de alguien el hermano el padre
El vecino cercano el enemigo
El tipo de la esquina
El joven una vez el abuelo de él
El de la compra diaria del periódico
la sal de las comidas la carencia
El del parque contiguo mirando las baldosas
los gorriones clonados las hojas del laurel
El del agua caliente para el baño
El que no podía haber sido ministro
ni cartero.
Demasiado tiempo para demasiadas cosas
Su cansancio antiguo como las formas de vivir
que le tocaron
como el hierro forjado que apretaba
como la felpa muda de su cuello
los buenos días la desnudez del torso
las piernas levantadas sobre el borde
la inocencia caída la culpable.
Para no ser más
el observado por la muchacha que fui
la dócil bebedora del ajenjo
la que cargaba su casa como un caracol escarmentado
la que ponía su foto en los carteles
y una solitaria bandera en la pared.
Después de la fiesta
no pudieron encontrarse:
el rodó hasta detenerse
contra la pared que guardaba los autos
ella no pudo verle desde el asiento
en que quedó clavada
ni creer que era posible bajar las escaleras
y partir
como si nada hubiera sucedido.
***
Hospederos
La forma de los animales minúsculos
contiene lo que somos. Me pregunta qué somos.
Sé que miro, por ejemplo, la curva
de la hoja y admiro su perfección
sin saber por qué creo que aquello que admiro
es la perfección. Con igual concentración
ajusto el lente que me permita ver los hospederos.
Anda. Palabras.
Puestas en fila, tomo ésta al azar y nada explico.
Sé que el poeta, como otro animal minúsculo
hace su guerra personal con lo inasible.
Ansía la gloria de las palabras publicadas.
No existe la gloria de las palabras publicadas.
***
Teresa Melo (Santiago de Cuba, 1961). Poeta y editora. Graduada de Filosofía por la Universidad de La Habana. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha publicado los poemarios: Libro de Estefanía (Ediciones Caserón, 1990), El vino del error (Ediciones Unión, 1998), Yo no quería ser reina (Ediciones Santiago, 2001), El mundo de Daniela –poesía para niños– (Centro de Ediciones de Málaga, España, 2002; Ediciones Cauce, 2006). Las altas horas (Ed. Letras Cubanas, 2003; Ediciones Espiral Maior, S. L., Galicia, 2008). También ha publicado las plaquettes: Los poemas de Estefanía (Ediciones Vigía, Matanzas, 1988); El tiempo sólo engaña a los suicidas (Ediciones Hoguera Roja, AHS, Santiago de Cuba, 1989); Respirar en la oscuridad (Ediciones Vigía, 2005); y Soy de un país que se llama mundo (Ediciones Santiago, 2009). Entre sus reconocimientos se encuentran el Premio de la Crítica 1999 y el Premio Integral La Rosa Blanca de la UNEAC 2004.
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1 Teresa Melo: Las altas horas. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2004.