Martín Fierro, un personaje que se hizo hombre
José Hernández no pudo haber imaginado nunca la fuerza que iba a alcanzar el personaje principal de su obra cumbre. Tal es así que al informar sobre el deceso del escritor en 1886, el diario La Plata expresaba: "Ha muerto el senador Martín Fierro". Sin dudas su protagonista se hizo humano, y todavía hoy, es más fácil reconocer el nombre de Martín Fierro que el de José Hernández.
Martín Fierro da título, además, a este poema narrativo, el cual consta de dos partes, la primera publicada en 1872 con el título El Gaucho Martín Fierro, y su continuación, La vuelta de Martín Fierro, que apareció en 1879. La importancia de este texto fue reconocida por Ricardo Rojas, quien lo definió como el clásico argentino por antonomasia; mientras Leopoldo Lugones lo calificó como “el libro nacional de los argentinos”. Esta es la obra de la literatura argentina más estudiada, y al mismo tiempo, la que más ediciones y traducciones en lenguas extranjeras ha motivado.
Llevar a la literatura la vida de un gaucho, fue el gran mérito de José Hernández, es por ello que cada 10 de noviembre, en homenaje a su natalicio, se celebra en Argentina el Día de la Tradición. Él consideraba que el gaucho era el verdadero representante del carácter argentino; y en ellos descubrió lo esencial para una vida independiente: el coraje y la integridad.
Desde los doce años entró en contacto con estas personas, conoció su realidad, su sistema de valores, en fin, se llenó del mundo gaucho. Hernández habla del guacho y en sus palabras sentimos el amor a estas personas que habían sido tan vilipendiadas en Argentina: Y atiendan la relación/ que hace un gaucho perseguido, / que padre y marido ha sido / empeñoso y diligente, / y sin embargo la gente /lo tiene por un bandido.
En Martín Fierro se hace una excelente interpretación sociológica de una época y una sociedad; se condensan enseñanzas, reflexiones, vivencias, sentimientos y emociones de estas personas. Se cuenta que cuando el libro comenzó a venderse en las zonas rurales era leído en grupos y los campesinos se reconocían en las vicisitudes del protagonista, lo sentían parte de ellos.
Esto se debe en buena medida a que el tradicional encuentro y el subsiguiente diálogo que había caracterizado a la poesía gauchesca son reemplazados por un monólogo que reproduce la situación del antiguo gaucho cantor, quien, acompañado de una guitarra, cuenta las desgracias propias o ajenas. Hernández habla –escribe- como ellos Soy gaucho, y entiéndaló/ como mi lengua lo esplica:/ para mi la tierra es chica /y pudiera ser mayor;/ ni la víbora me pica / ni quema mi frente el sol”. Esta manera de tratar el lenguaje rural de forma digna le valió críticas de sus contemporáneos quienes le reprocharon el uso de un “habla inculta.
Pero no solo puede verse a este hombre como un poeta, Ezequiel Martínez Estrada en su artículo Muerte y transfiguración del Martín Fierro señala: “Hernández es cuatro cosas, por la naturaleza de su ser, de su carácter: militar, periodista, político y poeta".
A los 19 años ingresó en las filas del ejército, donde participó en numerosas batallas. En 1880 era presidente de la Cámara de Diputados, defendió el proyecto de federalización, por el cual Buenos Aires pasó a ser la capital argentina. En 1881 fue elegido senador provincial, cargo para el cual fue reelecto hasta 1885.
Su labor como periodista también fue destacada, con su pluma defendió los ideales por los que había luchado. El 11 de octubre de 1860, Hernández defendía su independencia periodística y política en El Nacional Argentino señalando:
Escribimos en este diario como lo haríamos en otro cualquiera para manifestar y sostener nuestras ideas y nuestras creencias políticas, que nunca hemos sometido ni someteremos jamás a ideas o creencias extrañas. Escribimos porque nuestra calidad de argentino nos da derecho pleno y hasta cierto punto nos impone el deber de tomar ingerencia legítima en la política de nuestro país. Escribimos en este diario porque podemos hacerlo con libertad, con una independencia que cuadra a nuestro carácter...
La investigadora Beatriz Sarlo en Historia de la Literatura Argentina expresa que sus trabajos en el periódico El Río de la Plata «constituyen algo así como el cañamazo de ideas que en Martín Fierro elaborará literariamente: el problema de las fronteras con el indio y su defensa, la iniquidad de que ésta repose exclusivamente sobre el habitante pobre de la campaña que es arrancado de su hogar para ser arrojado al fortín, convertido en una suerte de prisionero, desecho por la indigencia y mortificado por la arbitrariedad de las autoridades militares y civiles».
Recordemos entonces este 10 de noviembre, a 176 años de su nacimiento, a José Hernández, un hombre que— como diría el Apóstol—echó su suerte con los pobres de la tierra y defendió y amó el lugar que lo vio nacer. Sus biógrafos señalan que las últimas palabras antes de morir fueron: "¡Buenos Aires! ¡Buenos Aires!.
