Poesía de Lisette Clavelo
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La poesía de Lisette Clavelo, existencial y lapidaria, deja su vibración en el aire como el golpe exacto sobre un diapasón. Lo que permanece en nosotros es precisamente lo que ella no ha desarrollado totalmente, pero que ha alargado por vía de supresión. Su mecanismo básico de composición, junto a la elaboración de enunciados narrativos sugerentes, es la elipsis, una de las llaves expresivas de todo el arte. La elipsis es evidente en su elocución: la brevedad que se prolonga, lo no dicho que se dice, el añadir del receptor, complementario de su sabio quitar, ofrece a sus veloces piezas una morosidad de atención. Muchas de sus composiciones parecen suspendidas en el aire, más que terminadas, en el sentido compositivo usual. Esta provocación para cocrear implica que la autora ofrece lo que esconde, pues permite que el lector de sus poemas entre y participe en su mundo interior, buscando la necesaria completitud de lo psíquico, como lo han revelado los estudios gestaltistas. Aunque tienen cierto aire epigramático, realmente permanecen lejos de los epigramas, pues sus breves desarrollos no son subsidiarios de sus finales, sino que sientan desde el incipit una atmósfera para la interacción, y no para la declaración unilateral. Deben más al espíritu de nervadura lírica de la poesía japonesa antigua, a pesar de su aire existencial, que a la inscripción ingeniosa de la sensibilidad occidental. La poesía de Lisette Clavelo aparenta una modestia estilística que es una de las claves de su profundidad humana.
ROBERTO MANZANO
LISETTE CLAVELO (La Habana, 1956). Poeta. Miembro de la UNEAC. Representante en Cuba del Movimiento Internacional Literario aBrace. Miembro de la Asociación de Escritores Latinoamericanos y Europeos (SELAE). Especialista del Centro de Promoción del Libro y la Literatura de la Ciudad de La Habana. Conduce la tertulia literaria Café con filo. Ha publicado: Flor de madera, Editora Abril, 1992; Anagnórisis, Colección Pinos Nuevos, Editorial Abril, 1994; Los días del reloj, Ediciones Extramuros, 2010.
NANAS PARA DESPUÉS
A mi hijo
No detengas la luz
aunque la veas partirse bajo el agua
No trastornes su estancia con una rama
por tener un pez no te ciñas la noche
Ve desnudo aleja a la impiedad
Puro azar de vivir no eres ajeno
y todo el Universo será tuyo
ESTOY DESNUDA EN UN RINCÓN
Me aprieto contra las rodillas
en un abrazo de nadie
como si algún animal
de mínimo poder
quisiera huir de mí
Ya no soy más mi casa
estoy llorando
goterones mansos
y dentro ruge un mar
que no se qué me dice
y al que no pediré nada
nunca nada nada
VISITACIONES DE LA DICHA
Espléndido animal
que agita mi casa y sus jardines
espanta gorriones violenta celosías
suave terco logra estremecer mis ángeles
Mitad bestia innombrable mitad diosecillo
conoce mis seudónimos mis hambres
y exorciza mi cuerpo contra cualquier alquimia
Ahuyentador de sombras
y todo para que no claudique cuando estallan demonios
para que no escape como aquella sombrilla
que pasa con la tarde
POEMA EN LA CIUDAD
¿Qué habrá detrás del puente?
Si lo cruzo siguiendo la quieta claridad del aire
tal vez halle una mano
ofreciendo sus migas últimas al agua
¿Quién se habrá adelantado?
Acaso el polvo y el humo estén
y me señalen la ciudad que no consumo
¿Existirá un niño tras los cristales
mirándose hacia dentro
o tendremos que seguir
haciendo el amor para encontrarlo?
UNA ROSA
"No existe más la rosa".
DULCE MARÍA LOYNAZ
No hay nada que hacer
soy ésta que vuelve cabizbaja
a echarse a soñar sobre la hierba
Este amor no parió su criatura
pero lo gestó bajo su falda
y la dio al mar como uno de sus hijos
para qué darle piernas y una escasa visión
de lo tan alto
No nos sintamos desvalidos
fuimos cuerpos al acecho
la verdadera fiera pasta de nosotros
y no llega a hacer manso su deseo
No hay límites porque hay infinitud
Existe sí una rosa
contra la que no puede el viento
EPÍSTOLA SIN FECHA
Hace cuarenta y ocho horas no amanece
Atados los cabellos coloreada
espero
mientras bebes con tu boina de invierno
y escribes en las servilletas
maldiciones de amor
Hazlo convénceme
de que adoro tus uñas mordidas por mi desamor
tu pelo enredándose en días
de ausencia
Dibújame sin labios
y sonríeme abrazado a tu guitarra
¿Por qué me empecino en voltear el espejo
y enceguecida huir a la ciudad
si lo idéntico no existe
y tu frente cae sobre mi espalda?
Eres un susto feroz
que te abandona intacto en la madrugada
Haz un último acto de amor
y olvídame
LAST DAY
Vientos del norte furiosos
comenzaron a partir los muros
a devastar los sitios
donde estuvo la vida
Vientos sórdidos
huracanes que creen poder con la memoria
tablas podridas que cercaron besos
árboles como el mío que no pudieron derribar
Cuando yo muera
dejen la casa abierta
al aire al agua a los gorriones
ESTE CANDOR
Palabra dame tu hombro
ábreme la última ventanita del alma
despréndeme un agüita pertinaz
buena como la mañana
un agüita para aclarar los párpados
Échame tu dulce bufanda de silencio
no me dejes como a paloma seca
Muero de inmensidad
Sonríeme palabra
lléname de tu bien
hazme llevadera esta fiebre
este candor que provoca
la visión de la nieve
DE TODAS MIS MAÑANAS…
Cierta vez algún pájaro puso un nido de urgencia
y dejó sus ramajes dividiendo mi luz
viéronme del tronco su color de agua vieja
mas no llego a ser árbol
Nunca supe hacia donde se reúnen los hombres
ni hacia cuál desmesura se sueña un horizonte
Acojo por ternura esa huella callada que deja un caracol
Pero amo al Universo conformo su cría
y todos buscan todo
incesante silbido canto de todas mis mañanas
SÉ
"Se descuelga mi cruz
ya no amo al hombre que parí".
ADA ZAYAS BAZÁN
Sé
que los insectos y las flores
dibujan en rito nocturno
pequeñas luces en las hojas
que habrá nuevos frutos
cuando cese la lluvia
y que luego la madre
alzará su alegría de ropa blanca
en espera del día
Sé
que cuando se deshagan los nudos del alma
todo se pintará del rojo encendido
de la tarde que me ungiré de mar
y a otra piedrita daré un nombre
Sé
que me llaman lejanamente
los amarillos campos futuros
que hay manos para mis manos
y fiesta en la ciudad
Pero ya no amo al hombre que parí
por quien me doy este pequeño duelo
como un pocillo de café amargo
en esta callada muda de dioses y de espadas
LAS ARMAS DULCES DE MIS DÍAS
Qué es eso que me busca
quién me llama
para mostrarme qué
como no sea una florcita silvestre
meciéndose en su rama
Será la serpiente
que hundida en el pasto
espera por mi pie
mientras yo busco al Pequeño Príncipe
para que no vuelva a doblarse por su trampa
Para decirme qué
se acercan con sus lejanos cirios
los ojos de la noche
ojos que no vi salvo una vez
y los llevaba un barco
hacia adentro hacia allá
por donde nunca anduve
Qué puede contarme el mundo
que no lleve como prohibida alegría
bajo mi corazón que es su jaula
su dulce primavera
a quienes amo con todo mi silencio
por quienes tejo mantas que no voy a usar
por quienes coloco una taza de más
a la hora de mi celebración
en medio del Universo
Qué quieren de mí
que no se hayan llevado en bolsos y mejillas
cuando les doy el rostro
A proponerme qué espantos
se acercan los duendes de la multitud.
